Es el mejor de todos los tiempos. Así definiría la mayoría de la población a Michael Jeffrey Jordan, en un consenso que va más allá del baloncesto. El 23 es sinónimo de grandeza sobre todo cuando lo acompañan el balón, el aro y la red, pero también fuera de las canchas. MJ es seguramente una de las imágenes más parecidas a Dios.

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Echamos mano del diccionario de la lengua española (DRAE) y tomamos prestadas las dos primeras acepciones de Dios (del lat. ‘deus’):

  1. m. Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.
  1. m. Deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones.

MJ-23-Chicago-BullsMichael Jordan es, sin duda, alguna de estas dos últimas cosas. Un ser supremo en la cultura del baloncesto, que algunos convierten en religión monoteísta opuesta al resto de deportes y, en especial, al fútbol. También, para quienes no profesan radicalismos, es objeto de veneración de los Jordanistas. Eso, aplicado en la realidad, representa a la amplia mayoría de los amantes de este deporte. Jordan es una religión, una creencia muy arraigada en todos nosotros. ¿Y que pasa si uno no profesa?

El observador laico debería mostrar su escepticismo ante la figura del hombre volador. Algunos han visto jugar a Jordan desde su debut hasta su retirada, otros le vieron tan solo en sus principios y el resto le hemos visto desde cierto punto de su carrera. Mis recuerdos reales de MJ le visten de azul y dorado, sin trazas de rojo. Cuando fui consciente de quién era, él ya lo era todo. En Washington no jugó su mejor baloncesto. Por edad, forma física, compañeros y bastantes motivos añadidos. No descubro nada, vaya.

¿Por qué, entonces, me atrevo a afirmar que Michael Jordan es el mejor de todos los tiempos? No soy licenciado en Teoría Jordanista ni nada que se le parezca. Como muchos, he leído reportajes, entrevistas y opiniones contrastadas –de quienes si estuvieron–. He visto documentales, jugadas y canastones –bendito sea Internet–. Incluso he investigado en el mar estadístico del deporte estadounidense, he contado anillos, premios de MVP y demás tangibles. ¿Es suficiente eso?

“No creía que nadie fuera capaz de lo que Michael nos ha hecho hoy a nosotros. Creo que es Dios disfrazado de Michael Jordan” Larry Bird, tras presenciar los 63 puntos de MJ en la 2ª ronda de los playoffs de 1986.

 Claro está, Jordan no me ha hecho sentir, vivir y saltar desde el sillón de casa. Tampoco, imagínense cómo sería eso, desde mi localidad en el pabellón. Yo empecé a emocionarme de la mano de Kobe Bryant, otro prodigio que siempre está en la discusión celestial con MJ, y ahora con LeBron James. Los antiguos griegos tenían sus deidades, y nosotros tenemos a Jesús, Mahoma o Buda, entre otros. ¿Y si el baloncesto es lo mismo?

Michael Jordan es el mejor jugador de baloncesto que ha existido. De eso hay poco que discutir. También fue, en el momento cumbre de su carrera, un embajador global del juego y de Nike (no necesariamente en ese orden), un verdadero cajero automático para varias corporaciones asociadas, un héroe para millones, sino miles de millones, de aficionados y, muy probablemente, la persona más famosa del mundo. Lo sé porque todo el mundo lo sabe. Mike Greenberg

Muchos profesan la religión de Jordan, igual que muchos el cristianismo. Otros son más en Bryant, igual que otros creen en el Islam –no pretendo equipararles con las religiones a modo de ejemplo, que conste–. Los más jóvenes, quizás por proximidad, ponen de referente a James. Son tres ejemplos, porque también los hay quienes profesan el movimiento Iversonista, Durantista,Gasolista e, incluso, Scalabrinista. Para gustos colores. Para referentes, un catálogo inagotable de baloncestistas.

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“Debajo del mito hay un tipo, una persona, víctima del mismo carácter de siempre, lo cual es condición necesaria para ser el mejor deportista de la historia y un enfermo que sigue sin estar en paz”. Gonzalo Vázquez.

Hay que preguntarse: ¿Cuando apareció el mesías, quién había antes? Pues señores como Magic Johnson, Larry Bird, Kareem Abdul-Jabbar, Wilt Chamberlain, Oscar Robertson… ¡Bill Russell! La leyenda de los Celtics tiene 11 anillos y 5 MVPde la temporada regular. Y todos ponemos de referencia los seis de MJ… –era otra época y era muy fácil ganar, dice la convención–. Nada en la vida es absoluto. (Recomiendo, de paso, este curioso enlace vintage de la escuela antijordanista)

Al final, reducir el universo NBA a un dios es cerrarse en banda. ¿No sería mejor aprender de los griegos? Los dioses olímpicos, que eran 12 y distintos según los textos consultados, y los semidioses nos acercarían más a la verdadera mitología NBA. Allí cabrían todos, todopoderosos, desde Chamberlain hasta Jordan, pasando por Russell, Bird, Johnson, Bryant, James y un largo etcétera. Hay que hacer hueco, además, a la generación del futuro.

“Yo creo que Jordan ha sido el mejor porque nos ha transmitido la esperanza de lo imposible, de que lo sobrehumano, lo divino, se hacía mortal, se hacía carne”. Santiago Segurola

No viví ni sentí la devoción por Michael Jordan, me fue transmitida como a muchos otros. Emocionalmente me identificó mucho más con Kobe o Pau, por cercanía temporal y espacial. Sin contadores ni estadísticas, la intuición les coloca a cada uno en su sitio. MJ ha sido el mejor de todos los tiempos, aunque quizás vivo engañado junto al resto de devotos.

¿Entonces en que quedamos? ¿De qué hablamos cuando hablamos de Michael Jordan? De un sentimiento, una creenciaque cumple 30 años y que trasciende los límites del baloncesto y del deporte. El mejor de todos los tiempos.

P.D. Michael Jordan en 23 frases, en JotDown, y un par de vídeos muy distintos sobre él en HD: