El baloncesto es un deporte que premia el análisis matemático y permite la aventura de los vocabularios, sin distinguir lenguas. A pesar de ello, el deporte de la canasta reconoce a sus héroes de un vistazo y, sin hitos ni marcas de por medio, el amante intuye la grandeza. De este modo, todo el mundo que ha visto encima del parquet a Kobe Bryant percibe su ser interior, su naturaleza excepcional.

Si juega Kobe, a pesar de su semejanza, desaparece Michael Jordan. El uno no quita al otro, en una comparación alimentada mayormente por los aficionados y los medios de comunicación. Sí, Bryant se fijó en Michael, a quién también él mismo veía (y probablemente todavía ve) como el más grande. Detrás del ‘23 es mejor que el 24’ hay una conciencia mayor que susurra en la mente de los que braman a favor de uno u otro. Ese pensamiento escondido lo compartió otro baloncestista irrepetible tras la última hazaña del astro angelino:

“Tal y como jamás hemos visto a un jugador como Michael Jordan, nunca jamás volveremos a ver un jugador como Kobe Bryant”, Magic Johnson

Seguirán las comparaciones y las hostilidades, pero ambos son historia del pasado, presente y futuro de la liga. Referentes para todos lo que estuvieron, están y estarán; también para ellos mismos. Cuando aterrizó en la NBA, rápidamente se intuyó ese gen ganador. Aunque muchos se lo negaran, residió en el subconsciente colectivo hasta que llegaron récords, premios y campeonatos. No eran necesarios para quienes se entregaron al latido, ese insolente joven sería, algún día, colosal.

Michael Jordan of the Chicago Bulls (L) eyes the b

Cero. Ese es el número de puntos que anoté en todo el verano en la Philadelphia’s Sonny Hill Future League cuando tenía 12 años. No anoté. Ni un tiro libre, ni una bandeja accidental, ni siquiera un mal pase-que-sube-y-vaya-ha-entrado a canasta”. Así reflejó Kobe, con sentimiento, su primera lección de MJ. Entonces quiso dejar el baloncesto por vergüenza y decepción, pero aprendió que el más grande fue cortado del equipo del instituto. “Puedo hacerlo”, pensó.

“24 años después, adelanto a mi musa”, escribe. Acaba de superar a quién le mantuvo en las canchas, que resultó ser icono, rival y mentor al mismo tiempo. Entre las felicitaciones, incontables, encontramos a su musa:

“Es obviamente un enorme jugador, con una gran ética de trabajo y misma pasión por el baloncesto. He disfrutado viendo la evolución de su juego durante los años, y ya estoy esperando su próximo logro”, Michael Jordan

“No sería el chico que se recuperó después del cero y no estaría rindiendo homenaje a quién me inspiró a desafiarlo todo. Muchas gracias por todo vuestro amor y ánimo, lo aprecio mucho, incluso si el villano que hay en mi siempre rechaza aceptarlo”, firma Bryant en una excelente carta.

“Lo que te define no son los puntos, sino lo que ganas”, dijo Jordan cuando él mismo alcanzó el podio de los anotadores NBA. Seguro que la Mamba Negra piensa lo mismo. El baloncesto, de corazón y cabeza, sabe lo que ha conseguido.

Kobe es único e irrepetible.

P.D. Atención al infográfico precioso que han realizado la NBA y los Lakers:

infografico-kobe-bryant-michael-jordan