El otro día escribía sobre lo que parece ser, en apariencia al menos, el final de la era de LeBron James en la NBA. Más que por carencias propias es por culpa de su vecino de Akron y el grupo que éste lidera. Stephen Curry y sus Golden State Warriors parecen tener la sartén por el mango, por mucho que el 23 de los Cavs se esfuerce por probar lo contrario, como en las pasadas Finales de la NBA. La sorprendente destitución de David Blatt la semana pasada, sin embargo, es quizás el error (de planteamiento) más contrastado de la franquicia de Ohio en los últimos meses.

El técnico estadounidense, de origen israelí, desarrolló su carrera, hasta el curso pasado, en el baloncesto europeo. Era el principal escollo que veían los americanos para aceptarle en el corral, pero el tipo aterrizaba tras estar a un paso de fichar por los Warriors de Steve Kerr, romper amistosamente un contrato apalabrado con estos y hacer un salto de fe con los Cleveland Cavaliers, por entonces un equipo joven con necesidad de crecer de manera progresiva. Sin LeBron, Ohio era un entorno propicio para su adaptación a la liga estadounidense.

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Dos semanas después de fichar, aterrizó el astro y las prioridades de la franquicia sufrieron una tremenda sacudida. “Ha vuelto el hijo pródigo, es hora de conseguir el anillo”. Blatt tendría un reto supremo por delante, y a pesar del poco respeto que le brindó la estrella, consiguió llevar a unos mermados Cavs a las Finales de la NBA. Sin embargo, “el novato” –así le llamó James en varias ocasiones– no pasó el test y siguió sembrando dudas en la plantilla. Nunca se la ganó por completo, algo en que quizás tengan culpa desde la organización hasta el propio entrenador, pasando por las grandes estrellas del grupo.

Perder ante los Warriors fue un golpe duro para el impaciente James, aunque ganarles dos partidos sin Love ni Irving debería considerarse una loable proeza. El anillo es todo lo que cuenta para un tipo que creció siendo el elegido, confirmó su relato con unos primeros años fulgurantes y se consagró gracias a los títulos con Miami. Ganar en Cleveland, con los suyos, sería el sello a su legado de leyenda. La impaciencia ha llevado a LeBron y a la franquicia a ejecutar a uno de sus grandes activos.

Con un récord de 30-11 a su despido, Blatt se convirtió en el primer entrenador líder de su conferencia en ser fulminado a media temporada. Su porcentaje de .732 victorias esta temporada es el mejor entre los entrenadores que haya sido expulsado en las mismas circunstancias. Sin duda, en los triunfos no está el motivo de su adiós (80-43 es su récord como entrenador en la NBA). Las críticas internas nunca se apagaron. Se le criticaron jugadas, tiempos muertos y LeBron tardó varias semanas en conocerle después de fichar por el equipo. Marcando paquete.

Una paliza de los Warriors (132-98) pareció ejecutar la buena labor de Blatt. Caer humillados, una vez más ante Curry y su gran comitiva, fue demasiado. La presión de los medios hizo estallar al exentrenador: “Creo que el equipo lo ha hecho bastante bien a pesar de la adversidad que nos hemos encontrado. Creo que el equipo está en una buena posición, aunque la gente elige obviar este hecho, algo que no creo que sea justo”. Tenía razón, pero dentro de la organización tenían el asunto bajo escrutinio.

David Griffin, GM de los de Ohio, justificó su decisión por falta de química en el vestuario. “Hay una falta de cohesión y garra que simplemente no podía tolerar. Y, francamente, con la temporada a medias, creo que tenemos el tiempo de enderezar el rumbo”, valoró el ejecutivo tras sorprender a todo el mundo con su decisión (según él, LeBron no tuvo nada que ver).

“Creo que [Griffin] tenía razón en todo lo que dijo. Te guste o no, hay que respetarlo”, comentó la estrella tras mostrarse sorprendido por el brusco cambio. Nadie en su sano juicio podría creerse que LeBron no sabía lo que iba a ocurrir, o que la franquicia tiraría adelante sin su visto bueno.  “Hay veces que se pueden ganar partidos en la temporada regular y estás peor”, añadía Griffin a su alegato. Pues bien, Blatt no era el tipo adecuado por motivos de química y aceptación entre sus pupilos.

Lo curioso del caso es que el sustituto, anunciado casi inminentemente, trabajó a la sombra del eurocoach en su etapa en Ohio. Tyronn Lue, de 38 años y sin experiencia al mando de un equipo NBA, se encontró con la suculenta oferta de tomar el testigo del mejor equipo equipo del Este y más que probable finalista el próximo mes de junio. El movimiento huele a golpe de estado, aunque sólo sean meras cavilaciones. Sólo tres entrenadores en su situación, por cierto, han logrado llevarse el anillo la misma temporada de su promoción.

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El inexperto técnico, exjugador mediocre de la liga y durante un tiempo ayudante de grandes nombres como Doc Rivers, resulta ser además un buen amigo de LeBron. Se llevan bien desde que el astro tenía 17 años, así que son un buen puñado de años comparados con el desconocido Blatt. Lue tiene una misión, la de conectar a la plantilla y crear un ambiente de trabajo feliz. Entre amigotes será más fácil, eso no se lo podemos negar a la dirección de la franquicia. “No hay nada que no haya visto”, le elogió James. “Ha jugado para Phil Jackson, ha entrenado con Doc, ha estado en muchos sitios y tiene experiencia. Confiamos en él ahora”.

Blatt es un gran tipo y uno de los mejores entrenadores de la historia. Seguro que acabará en el Hall of Fame, no tengo ninguna duda”, pronosticó Rick Carlisle, que no escondió su disgusto como máximo representante del colectivo de entrenadores NBA. “Yo sé un par de cosas sobre entrenar en esta liga. Sé quién es íntegro y quién es bueno en su trabajo”, sentenció ante la sorprendente decisión. “Estoy contento (aliviado) de que mi General Manager no haya estado en el vestuario. Me podrían haber despedido“, ironizó tras caer ante los Warriors, también de paliza, Gregg Popovich, entrenador de los San Antonio Spurs que ha visto más de 200 despidos desde que ocupa su trono en Texas.

Lue, que se mostró muy tranquilo durante su presentación, lanzó un par de mensajes crípticos que, en mi opinión, no le dejan en muy buen lugar tras ver despedido a su jefe. ¿Qué haría diferente?, dispararon desde la ESPN. “Yo no diría diferente, diría mejor”, dijo sin arrugarse el joven entrenador con algo de aspereza. Después rebajó el tono e incluso propuso que la NBA dejara que su exjefe fuera premiado con la plaza de técnico del All Star (algo no previsto en la normativa de la liga).

Sin duda, el problema para un gran técnico como Blatt, que lo ganó literalmente todo en el viejo continente –desde la Euroliga con el Maccabi hasta el Eurobasket con Rusia–, fue entrenar al jugador más famoso del planeta. “Me da pena porque Blatt es un buen tipo e iba primero de su Conferencia. Nunca he visto algo así. Y más cuando ha tenido tanto tiempo lesionado a su segundo mejor jugador, Irving. Pero con todo lo que había ahí dentro y la figura de Tyronn Lue ganando cada vez más fuerza en la franquicia…”, compartió el veterano Brendan Haywood, que la temporada pasada vivió la situación en primera persona.

“No se puede tener un doble rasero con los jugadores. A Blatt le costaba muchísimo corregir a LeBron. Él no tenía experiencia en la NBA y LeBron es LeBron así que en parte es comprensible… pero no puede ser. Recuerdo que James Jones le dijo que no podía pasar por alto las cosas que hacía mal LeBron en las sesiones de vídeo porque todos nos dábamos cuenta. No puedes corregir la posición de Dellavedova en una jugada, hablarle a Tristan Thompson de cómo ejecutó mal una acción pero que llegue luego otra en la que LeBron no baja a defender y dejarlo estar sin decir nada. Cuando pasa eso, todo el vestuario pierde el respeto al entrenador”, explicó el pívot, campeón de la NBA con los Dallas Mavericks.

Las palabras de Haywood son quizás las que más se acercan al problema real. Entrenar a LeBron no es fácil, ya que si le echas la bronca lo tendrás en contra y, si no lo haces, perderás al resto de la plantilla. Si los jugadores vieron ese comportamiento, ellos tampoco hicieron mucho para remediarlo. Quién no hizo nada, tampoco, fue un James que sabía sus fallos y permitió que su técnico los pasara por alto.

Tu mejor jugador ha de ser el que más escuche. Ha de ser líder escuchando”, decía Chuck Daly. Parece que en los Cavaliers están algo sordos o, como desgranan en bballbreakdown, no mostraron demasiado interés en usar los sistemas del entrenador defenestrado. ¿Puede Lue mejorar a su predecesor y dar un nuevo anillo a LeBron y compañía? No es imposible, pero sí extremadamente complicado.