Los Cleveland Cavaliers salieron en tromba a por el partido, y hasta a ellos les sorprendió la relativa facilidad con la que acabaron forzando el séptimo encuentro de unas Finales de la NBA que se le han puesto verdaderamente cuesta arriba a los Golden State Warriors.

A pesar de que jugarán en Oakland, en casa, los pupilos de Steve Kerr recibieron la segunda tunda consecutiva en la eliminatoria (101-115) y llegarán a la cita decisiva del domingo tras desaprovechar dos puntos de campeonato y tras mostrar la peor cara de su temporada.

Los Cavs, con todo perdido y la estadística en contra, han logrado remontar las Finales y situarse a un paso de la gloria. Entre la suspensión a Draymond Green para el Game 5 y un mal planteamiento de inicio del rival en el Game 6, los de Tyronn Lue se jugarán el primer título de la franquicia en la bahía. Lo más importante, quizás, es que llegan con mayor frescura y confianza que unos Warriors a los que pocas veces habíamos visto dudar tanto. A pesar de todo, un séptimo partido siempre es indescifrable.

El choque en el Quicken Loans Arena empezó de manera extraña. En menos de 90 segundos, los árbitros pitaron cinco faltas; dos eran del repudiado Kevin Love —que más tarde se quitó la espina en medio del festival de los suyos— y el resto de unos Warriors demasiado agresivos. La carga de personales también resultó una losa que pesó mucho en el juego de los visitantes.

Con Stephen Curry sentado en el banquillo desde el minuto 8, Golden State se quedó sin respuestas y se fue 20 abajo tras el primer cuarto. A partir de allí todo fue remar a contracorriente, y con un Klay Thompson extremadamente fallón en la primera mitad, los de Kerr se entregaron a su base extraterrestre.

El problema de Curry ayer fue que arrastró demasiados problemas con las personales. A falta de tres minutos para el descanso cometió su tercera personal, pero el técnico decidió aguantarle. En ataque fue una decisión correcta, pero los Cavs supieron buscar la debilidad y atacar a Curry ante su defensa blanda. Al descanso, el 43-59 seguía siendo igual de descorazonar para los de Oakland.

Entregados a Curry por un lado, en el otro lo apostaron todo al ‘Big Three’. Kevin Love, sin embargo, disputó solamente 12 minutos. Su lugar en la jerarquía lo ocupó Tristan Thompson, que acabó con muchas jugadas de mérito, 15 puntos y 16 rebotes. A pesar de todo, los Warriors no perdieron la esperanza y lucharon contra sí mismos. Un 10-0 al final del tercer cuarto les dio opciones, pero entonces LeBron tomó las riendas y sentenció el choque.

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LeBron metió 18 puntos consecutivos entre el tercer y cuarto período para evitar que los de la bahía se acercaran a más de cinco en el marcador. Entonces llegó una exhibición que incluyó un espectacular mate de alley-oop a la contra y un tapón a Curry que provocó la ira del MVP. Don Stephen acabó expulsado y recibió una doble técnica por lanzar su protector bucal a un espectador en medio del fragor de la batalla.

No fue la noche de los Warriors, que deberán cerrar filas, curar heridas y levantarse de nuevo ante el decisivo séptimo partido en el Oracle Arena. Todo puede cambiar, pero James dio ayer un golpe de gracia a las Finales NBA.

LeBron James lideró a los suyos con 41 puntos,8 rebotes, 11 asistencias, 4 robos y 3 tapones; Kyrie Irving le acompañó con 23 puntos y JR Smith complementó el trabajo con 14 tantos. Para los Warriors, los 30 de Curry y los 25 de un Thompson que despertó tarde no fueron suficientes. Los Cavs dieron un golpe moral.

La imagen: Curry lanza desesperado el protector bucal al público

Los datos del Game 6

Las citas: Ayesha Curry y Steve Kerr

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