Hogar de lo estrafalario, Estados Unidos es un lugar donde no sólo reinan la diversidad y el multiculturalismo, también lo hace el delirio. Su condición de nación joven, de padres varios, unida a toda la convulsión sociopolítica de los años 70’ y 80’, proclamó en su sociedad un aperturismo de incuestionable bien para muchos, pero también venenoso para otros. Entre los clanes dedicados al sector del espectáculo –hablése de artistas, músicos, literatos, deportistas, actores, etc-, la fama y la fortuna monetaria resultaron ser desafortunadas zancadillas al profesionalismo. En el baloncesto norteamericano del siglo XXI se amontonan carreras truncadas, personajes ebrios y cuentas bancarias en quiebra. Juguetes rotos, como dicen los ‘peliculeros’.

Los relatos de este género se suceden con tanta frecuencia que la debacle se ha convertido en algo casi natural para un jugador de la NBA. Entre marzo del 76 y agosto del 78, sin embargo, nacieron nueve individuos que niegan esa premisa. En el hervidero de talento más caliente del planeta, resisten en base a un intelecto al que no derriten los años. Conozcamos su origen.

Bahia-Blanca-Manu


Parte V: Bahía Blanca, Buenos Aires, julio 1977

Jorge Ginóbili no quería llamar a su hijo Emanuel. “Lo van a llamar Manolo”, protestaba Yuyo, como le llamaban a él sus amigos. El trato, no obstante, era que si el bebé era varón la decisión le correspondía a Raquel, su mujer. “En realidad estábamos seguros de que venía el tercer varón”, reconoce hoy Jorge. Así las cosas, el 28 de julio de 1977 nació el diminuto Emanuel en el Hospital Italiano de Bahía Blanca, una ciudad de 300.000 habitantes al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, y que a pocos kilómetros de la Patagonia, cuenta con un puerto considerado uno de los enclaves comerciales más importantes de Argentina.

Manu, que no Manolo, como temía su padre, se integró de inmediato en el 14 de la calle Pasaje Vergara, a apenas una manzana de la sede del Club Bahiense del Norte, equipo que su abuelo había cofundado y donde su padre, después de servir como jugador y como director técnico, ahora era presidente. “Yo nací con una pelota de basquetbol en las manos”, cuenta Manu, abocado a una estirpe ligada al deporte de la canasta en casi toda su genealogía. Sus hermanos mayores, Leandro (1970) y Sebastián (1972) ya pasaban todo el día en las canchas del Club, y pronto se uniría ellos.

Emanuel Ginobili - Virtus Kinder pallacanestro Bologna 2000/2001 - Roberto Serra / Iguana PressCon tres años, todavía con dientes de leche, Manu ya estaba aprendiendo a botar la pelota anaranjada. “Uno lo hace por imitación”. Su entorno le fue de ayuda, claro. Su padre le traía avances que llegaban de EEUU al Club, como unos anteojos que impedían mirar hacia abajo, que obligaban a quien botaba a hacerlo mirando hacia el frente; ó como una especie de guantes que sólo permitían tocar la pelota con la yema de los dedos, lo idóneo para tener la máxima sensibilidad en el contacto con ella.

Durante toda su infancia, Enmanuel fue desarrollando paulatinamente un talento precoz en todo lo que puedan ser consideradas dotes baloncestísticas, pero su altura y su condición física no parecían resultarle suficientes. “A los trece o catorce años era muy chiquito, muy flaquito. Con cualquier choque me tiraban”. Manu siempre era el más pequeño en tamaño de su promoción, y eso le generó un sentimiento de frustración, de celo hacia sus hermanos, que ya habían dado entonces sus primeros pasos en el profesionalismo. El menor de los Ginóbili estuvo durante años haciendo marcas en la pared de su cocina. De repente un día esa contención se rompió, y entre los dieciséis y los dieciocho años Manu creció 25 centímetros. “Era excitante ver cómo la marquita subía en cuestión de semanas”, recuerda. También por entonces empezó a ver el fruto de las pesas que llevaba unos años haciendo.

A los dieciocho años, para la inquietud de su madre, salió de su ciudad para emprender su camino en el campeonato nacional argentino, y marchó a la región de la Rioja, donde jugaría para el Club Andino. Allí sólo estaría un año antes de regresar a Bahía Blanca, donde jugaría para Estudiantes. Su nivel se distanció rápido del de sus compatriotas, y ya con el biotipo necesario para ser un baloncestista diferencial, Manu marchó a Italia.

Manu-Estudiantes

En el verano de 1998 ingresó en el Reggio Calabria, pero tan pronto rompió los moldes que en el de 2000, después de haber sido elegido en el Draft de la NBA, pasó a formar parte de las filas del Kinder Bolonia, un equipo de jerarquía contrastada en el país de la bota, y Ginóbili completó allí un bienio legendario. No tanto por los títulos (una Liga italiana, dos Copas y una Euroliga) sino por la impresión visual que dejó patente. Uno revisa en Youtube hoy los vídeos de aquellos dos cursos en Bolonia y no da crédito. Manu embestía a las defensas como no se ha visto hacer a otro jugador en Europa en los últimos quince años.

Su talento era tan anómalo y su físico tan abrumador que por momentos resultaba imparable. En 2001, de hecho, fue premiado con el MVP de la Euroliga. Seguramente por eso el choque con el baloncesto estadounidense fue tan áspero. “El juego es de una velocidad que te sobrepasa. En los primeros meses siempre vas a estar un poquito atrás. Ellos son físicamente tan superiores, que uno tiene que entender ó buscar la forma de hacer algo que los demás no hacen. Porque físicamente no tienes chance. Yo en Italia era físicamente muy superior a la media. En cuanto a salto, velocidad, altura. Cuando llegué a la NBA era inferior a la media”.

Miami Heat v San Antonio Spurs - Game 5

Pero Manu se estudió, estudió la competición, y encontró esas tretas para ser igualmente productivo. El balance de su ciclo en San Antonio Spurs son más de mil partidos a su espalda y tres anillos en la estantería, y no menos antológico es el que ha completado con la selección de Argentina. En la historia de Manu Ginóbili hay una dilatada carretera de obstáculos, frustraciones, trabajo en cantidades industriales y altas dosis de inteligencia. Como bien dice su madre, Raquel, “nada es azaroso”.

Más supervivientes: Vince Carter (IV) – Kevin Garnett (III) – Tim Duncan (II)Andre Miller (I)

Esta serie se escribió originalmente en Enero de 2016.

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