Este año serán 34 tacos. LeBron James envejece, aunque sus ocho finales NBA consecutivas parecen haberle congelado en el tiempo. Pregúntate una cosa: ¿Dónde estabas hace doce años? Quizás sentado en el sillón viendo a un Rey todavía tierno, y sin embargo tan letal y ya plantado en su primeras Finales NBA. Desde que debutó, 13 temporadas atrás, el 23 solo ha fallado cuatro veces a su cita con el mayor escenario del baloncesto norteamericano.

Su historia se podría dividir en tres etapas hasta ahora: el quiero y no puedo en su Akron natal; la decisión de formar un superequipo; y el retorno para querer y, al fin, poder. De allí han salido varias versiones del LeBron jugador y del LeBron atleta, del LeBron amado y el LeBron odiado.

En líneas generales, podríamos decir que el Rey autoproclamado se ha ganado a pulso su coronación a base de sudor, talento y perseverancia. Ante los omnipotentes Warriors, James se ha erigido como el único hombre capaz de derrocar la hegemonía de una dinastía que, de momento, no atisba su horizonte.

La etapa que empieza en el curso 2018-2019 es, para el 23, el último gran reto de su carrera. El proyecto al que se ha sumado LeBron es de futuro, un futuro para él ya limitado. “No soy un tipo paciente, pero entiendo que debo serlo. También tengo que ser paciente conmigo mismo, porque esto es un nuevo comienzo para mí”, reflexiona él.

El legado del jugador más importante de la NBA en el siglo XXI se dirimirá en los cuatro años que dura su contrato con Los Angeles Lakers. Si el cuerpo le sigue bendiciendo en pista, podría colgar las zapatillas con 37 años y un nuevo título de campeón de la NBA, el único resultado que le proporcionaría eterna gloria. La jugada es arriesgada.

Los peores Lakers son historia

En los primeros 65 años de existencia de la franquicia, Los Angeles Lakers solo faltaron a su cita con los Playoffs en cinco ocasiones, las mismas que han faltado de forma consecutiva desde 2013. Con la simple firma de James, el mejor de su generación y un fijo en la conversación de los mejores de la historia, los Lakers pasan de la irrelevancia a la postemporada.

Todo el mundo asume que un equipo con LeBron llegará a los Playoffs. Los GMs de la liga, por ejemplo, predijeron que podrían colarse hasta en la quinta posición. Él también espera eso, aunque supo ser prudente en su primera rueda prensa de púrpura y oro:

“No creo que el único indicador de éxito de una temporada sea el ganar un campeonato. Solo hay un campeón, pero eso no significa que no seas exitoso. Habrá victorias y derrotas, pero lo que controlas es cómo preparas cada día”.

Los Lakers son todavía muy frescos e inexpertos con su apuesta por Lonzo Ball, Kyle Kuzma y Brandon Ingram. Tendrán al profesor ideal para subir la exigencia y aprender sobre los sacrificios necesarios en las campañas de campeonato.

Se habla poco de las posibilidades de que hagan algo importante este año. Llegar a segunda ronda ya sería un bombazo, o así se ha establecido entre el establishment. Hay scouts que piensan que el equipo es más potente que los Cavaliers de los últimos años.

La cuestión es si la banda que han montado los Lakers alrededor del 23 puede compararse con la banda que montó los últimos años Cleveland Cavaliers. A los angelinos se suman veteranos como Rajon Rondo, Lance Stephenson y Javale McGee. ¿De manicomio? Bueno, los Cavs ya tenían lo suyo con J.R. Smith.

Lo que sí que es evidente es que, de Este a Oeste, la competencia varía un trecho. En el salvaje occidente estadounidense, ya solo entrar en los Playoffs puede depender de un par de días malos. Y la alfombra roja hacía las Finales de Conferencia desaparece. “Si este equipo estuviera en el Este, todo el mundo diría que LeBron iba camino de sus novenas Finales consecutivas. En el Oeste quizás no lleguen ni a los Playoffs”, opina otro scout en Sports Illustrated.

El reto es mayúsculo se mire por dónde se mire.

La fórmula, esperar a su ‘Shaq’

Los Lakers que brillaron en el despertar del milenio fueron cosa de dos talentos indomables. Kobe y Shaq fueron la fórmula principal de ese equipo que recuperó el brillo histórico de la malla púrpura y oro. Ahora, LeBron estará pensando en uno de los grandes nombres de la agencia libre del próximo verano para volver a soñar con el anillo.

James debió hablar largo y tendido con los dueños de los Lakers y con Magic Johnson, que bien sabe de baloncesto y negocios. LeBron llega a una ciudad donde podrá construir su imperio mediático y donde juntará a su familia, factores que ya deslizó como principales preocupaciones de futuro tras acabar abatido las pasadas Finales de la marmota ante los Warriors.

Los Lakers le habrán prometido grandes cosas para la 2019-2020, ya que por edad y ambición, LeBron no querrá esperar mucho más para volver a las Finales. En el horizonte de nombres están Kawhi Leonard, Paul George, Kyrie Irving, Jimmy Butler, Kevin Durant, Demarcus Cousins o, porqué no, Marc Gasol. También fue exitoso el tándem Kobe-Pau, y el mediano de los hermanos se habrá ganado a pulso un par de años fuera de Memphis –y su amada afición– para vivir por fin unas Finales NBA. LeBron necesita en sus equipos gente con cabeza, y Marc sería precisamente eso.

Rajon Rondo decía el otro día que en el avión, después del partido, que caminó arriba y abajo por el pasillo y vio a todo el mundo repasando la cinta del partido. En 13 años, nunca había visto algo parecido. Javale McGee en B/R

En todo caso, el contrato de cuatro años –con opción de jugador en el último– que ha firmado LeBron es el más largo de su carrera desde que firmó con Miami en 2010. Hay un compromiso firme, parece, y eso da espacio para negociar a las oficinas de Magic y Rob Pelinka.

Por el momento, LeBron deberá trabajar para implantar su mentalidad ganadora entre el joven ganado angelino y confiar en que promesas de la segunda unidad, como Josh Hart, puedan llegar a ser todo lo que los expertos decían y dicen de ellos.

“Gracias a Dios que le contratamos”, pensaba en voz alta Magic Johnson en referencia a su joven núcleo de jugadores. “Cuando juegas contra LeBron, mejoras”. Ahora, eso será un hecho diario para toda la plantilla en las instalaciones de entrenamiento de El Segundo.

Mediáticos de nuevo

“Creo que es bastante guay”. Así definió Klay Thompson, de los Golden State Warriors, el movimiento de LeBron a L.A. “No creo que nadie se lo hubiera imaginado al inicio de su carrera en Cleveland, pero añade mucho interés a la liga, y los Lakers están a punto de encontrarse con la habitual cobertura mediática a la que yo estaba acostumbrado cuando crecía”.

Es interesante fijarse en las expectativas de los Warriors ante estos nuevos Lakers, que les ganaron por 113-124 en su primer duelo durante la pretemporada, a su vez el más visto de la historia en ESPN. Ese dato denota la relevancia que ha devuelto James a la legendaria franquicia.

Steve Kerr, por ejemplo, dejó claro que ahora ambos equipos se veían en el mismo escalón por primera vez en la historia de la liga. “Estoy seguro que los Lakers nunca nos vieron como un rival cuando ellos dominaban. Será divertido. Misma división y ambos equipos con mucho talento. La atmósfera de los partidos será genial”.

Andre Iguodala, un tipo cerebral dentro y fuera de la cancha, también se toma muy en serio lo que significa tener a LeBron a pocas millas de distancia. “Todo lo que tenga que ver con él, uno asume que será bueno con su ADN y lo que aporta al equipo. Cabe esperar grandes duelos y grandes partidos”.

Luke Walton, ex-asistente de Steve Kerr en los Warriors y entrenador del nuevo Showtime, promete diversión y resultados. “Queremos alcanzar los Playoffs y queremos llegar frescos y preparados para hacer un poco de daño cuando lleguemos allí… Quiero crear una cultura de la alegría igual que cuando estaba con Steve. La alegría no es tontería. La alegría es divertirse mientras haces el trabajo, para que no parezca un trabajo”.

El escenario está dispuesto para que el día 16 de octubre el espectáculo empiece con un panorama renovado, y con el mejor jugador del siglo XXI, LeBron James, dando poder y expectativas a Los Angeles Lakers, que recuperan todo el brillo en su púrpura y oro.