En unos días hará un mes que el baloncesto perdió a uno de sus hombres más importantes de las últimas décadas, un hombre que triunfó, sin embargo, como secundario. Morice Frederick Winter, más conocido como Tex Winter, fue el creador del triángulo ofensivo, el sistema de juego más laureado de las tres últimas décadas NBA. Falleció el pasado 10 de octubre a los 96 años.

Winter, mentor y asistente de Phil Jackson con los Chicago Bulls y Los Angeles Lakers, fue el encargado de enseñar a dos genios individuales de qué iba el juego en equipo. Michael Jordan y Kobe Bryant hubieran ganado títulos con o sin el sistema, pero probablemente no hubieran alcanzado cotas tan altas si no hubieran escuchado, durante el largo de su carrera deportiva, los consejos de Tex. A través de lo colectivo llegaréis a metas más lejanas.

“Es un purista del baloncesto y quiere que el juego se juegue de forma correcta en todo momento”, explicaba Kobe Bryant a NBA.com durante la campaña de su cuarto anillo, el primero de Pau Gasol. “Cuando llegó aquí [LA] por primera vez, él y yo solíamos hacer sesiones de vídeo individuales a diario. Veíamos los partidos de principio a fin y él simplemente compartía muchísimos conocimientos conmigo”.

Entrenador de entrenadores

Winter fue un buen entrenador universitario, con un récord global de  453–334 (.576), y una aparición en la Final Four con Kansas State. Se dedicó a las banquillos seis décadas, y en 1962 publicó The Triple-Post Offense, los cimientos de su enfoque baloncestístico. Su única aventura como entrenador principal en un banquillo NBA fue corta y nada fructífera, entre 1971 y 1973, acumulando un récord de 51 victorias y 78 derrotas con los Houston Rockets.

La historia podría haber acabado en una gran pérdida, ya que Winter contemplaba dejar el baloncesto por completo tras varios años sin obtener grandes resultados una vez retornado a la NCAA. En 1985, Jerry Krause, GM de los Bulls del jovencísimo Michael Jordan, le pidió a Winter que se uniera al equipo de asistentes de Chicago para ejercer, según palabras de Phil Jackson, de entrenador de entrenadores. Krause le suplicó ni que fuera dos o tres años, que al final fueron 14. Su relación con Stan Albeck y Doug Collins, predecesores de Jackson en el cargo, fue poco profunda, pero con el maestro Zen entabló un vínculo de nueve anillos.

Tex y yo teníamos una relación muy profunda, sencillamente porque yo no era muy buen entrenador y no tenía demasiado conocimiento. Él tenía mucho conocimiento”, contaba Jackson de su relación en Chicago con Winter. “Solíamos decir que no había nada que pudiera gobernar a Tex. Él decía lo que su mente impulsivamente le pedía decir, y era como la mente de los dioses del baloncesto. Si jugabas contra las reglas del juego, él te lo iba a comentar”.

Ese carácter que comenta Jackson le ganó una reputación con sus grandes estrellas. “No le importaba si era Shaq o Kobe, incluso Phil”, comentaba Derek Fisher en 2009, cuando el preciado asistente permanecía en casa por problemas de salud y sus Lakers le echaban de menos. “Él iba a decir lo que tenía que decir. A este nivel, es una experiencia refrescante de la que formar parte”.

Michael Jordan explicó que aprendió mucho bajo las órdenes de Coach Winter. “Era un trabajador incansable, siempre centrado en los detalles y la preparación, un gran profesor. Tuve suerte de jugar para él”.

Winter coincidiría con las palabras de su pupilo más ilustre, del que también se sintió afortunado de tener bajo su cobijo. “Sería un idiota si dijera que el triángulo creó a Michael Jordan”, pero de bien seguro que le ayudó a llegar donde llegó”, comentaba Tex. No era un idiota y parte del gran éxito del sistema fue la gran capacidad de persuasión de Jackson, que convenció a su 23 a que renunciara a potenciales de su juego eterno para permitir el mejor encaje de todas las piezas del equipo. Otra gran parte del éxito fue, claro, contar con Jordan y con el talentoso grupo que fueron aquellos Chicago Bulls, equipo histórico donde los haya.

En una entrevista de 1999 para SLAM, Winter compartía reflexiones sobre el gran –pero mal entendido, decía él– éxito de su sistema, que fue aplicado o adaptado por varios equipos tras la doble dinastía de Chicago que dominó de cabo a rabo los noventa:

Cada vez vemos más y más partes fragmentadas del sistema apareciendo todo el rato, pero en general se ha bastardizado. Me siento halagado de que piensen que es una solución en cualquier situación, pero lo entrenadores no parecen del todo capaces de enseñar el sistema. Se hincha hasta convertirse en algo demasiado complicado, pero pienso que es algo muy simple. No soy el tipo más brillante del planeta. De hecho, soy más bien ingenuo, así que tampoco puedo haber armado algo demasiado complejo. Es algo distinto. La mayoría de nuestros jugadores ahora aprenden a jugar en ligas de verano y canchas de la calle, sin demasiada estructura en los partidos, así que desarrollan talentos en el uno contra uno, jugando en congestión, y desafían muchos principios de las buenos ataques en equipo. En consecuencia, estos jugadores las pasan canutas cuando les pides que se conviertan en un dedo dentro de un guante, en vez de una entre cinco manos.

Todo está radicado en unos principios muy básicos, como el movimiento de pelota y jugador con motivo; buenas posiciones de rebote ofensivo; espacio, para que los equipos contrarios pasen un mal rato si quieren doblar a la pelota; y penetración –un ataque no es bueno si no hay una oportunidad de penetrar. Te diré cuán simple es. Se usa mucho entre los entrenadores de instituto que tienen niños aprendiendo a jugar. Ellos son perfectos porque no tienen malos hábitos todavía.

Después de leer su explicación a sus fundamentos resumidos, es evidente que hoy en día los tiros van más por el talento individual potenciado y, claro, por una tendencia hacia el tiro exterior liderada por Stephen Curry y sus todopoderosos Golden State Warriors. Steve Kerr, por cierto, fue uno de los pupilos favoritos de Winter, ya que era de los que mejor aplicaban su sistema.

¡Y qué sistema! Once anillos –nueve con él en el banquillo junto a Jackson, ya que un ictus le apartó del día a día–, seis con los Bulls y cinco con los Lakers. En el camino, su predicamento iluminó el camino a dos talentos rebeldes como Jordan y Bryant, además de proponer dúos para la historia: Jordan-Pippen, Bryant-O’Neal y Bryant-Gasol. La lista de secundarios, empezando por Kerr, también es de primera categoría: John Paxson, Derek Fisher, Horace Grant, Lamar Odom, Dennis Rodman, Robert Horry, Toni Kukoc…

Con nueve –u once, como prefiráis vosotros– anillos en su palmarés, y con la papeleta de enderezar el camino primero a Phil Jackson, dios entre los entrenadores de la NBA, y luego adiestrar a otros dos ídolos en el Olimpo como Jordan y Bryant, ¿quién podría negar que Tex Winter fue uno de los mejores entrenadores de la historia?

Su legado, en nuestra memoria, en el Salón de la Fama Naismith y también en los libros de historia del deporte, quedará a salvo. Tan simple y a pesar de ello tan temible, el triángulo ofensivo quedará para siempre. Un triángulo único, el triángulo de los ídolos.

P.D. Si queréis leer más sobre el triángulo ofensivo, esta investigación de The New York Times resulta amena e interesante.