Has perdido a tu mejor amigo; te han disparado alguna vez?” Son reflexiones duras, mucho más si las materializa un joven de 16 años que lleva medio mes aislado en una celda de confinamiento. Muchas horas en solitario, solo una hora de luz al día. Ese fue el momento que cambió la vida de Caron Butler, un chico de barriada pobre de Wisconsin que pasó de aspirar a convertirse en traficante de drogas a convertirse en campeón NBA.

El sur de Racine, Wisconsin, donde nació Butler, fue uno de los principales focos del tráfico de drogas en Estados Unidos durante las décadas de los ochenta y noventa. Allí, Butler creció en el seno de una familia monoparental y rodeado de malos ejemplos a seguir: tipos con cadenas de oro, coches de fantasía y Rolex en la muñeca. Sí, vendedores de droga.

“Mi madre tenía varios turnos de día y de noche, y cuando le tocaba dormir no lo hacía, entonces nos cuidaba a mí y a mi hermano pequeño. Todavía no sé como lo hizo”, reflexiona Butler en un fragmento radiofónico para Only a Game. Ante esa situación, el pequeño Caron se vio obligado desde bien chiquito a trabajar como repartidor de periódicos. “Intentaba comprarme zapatillas y ropa a la última moda, pero era insuficiente”. Butler recabó de nuevo en esos tipos que ostentaban por las plazas del barrio sus coches de lujo y joyería de varios quilates.

Un camello precoz

Con 12 años se hizo con su primer paquete de marihuana y empezó a hacer carrera. Ganó 38 dólares en su primera venta. “Intenté construir mi clientela, era muy peligroso. Mucha gente moría, había tiroteos cada día. Y había que protegerse de todo eso, pero en ese momento no veía ningún otro futuro, más allá no había nada”, recuerda. Por entonces, Butler era un chaval alto, y destacaba por encima del resto de sus compañeros. El baloncesto era un pasatiempo, y él jamás se hubiera imaginado haciendo carrera en el instituto, y mucho menos en una universidad rumbo a la NBA. “El futuro para mí era la siguiente hora, el próximo minuto, nada más”.

Con 16 años, la policía irrumpió en el instituto de Butler. Él buscó una ventana por donde escapar, y la ventana no estaba allí. La policía le esposó delante de sus compañeros; habían encontrado cocaína en su taquilla… también una pistola. La madre de Butler, que le acompañó al correccional de Ethan Allen dentro del bus penitenciario, lloró durante los 90 kilómetros de recorrido. Fue uno de los pensamientos recurrentes del chaval durante su encierro. Se sentía avergonzado, y cuando salió se propuso mantenerse ocupado en cosas positivas.

“Fui al agujero, me cambió, me humilló estar allí dentro. No fue una cosa concreta lo que cambió mi rumbo, pero sí me dí cuenta en ese preciso momento”.

Al perderse dos años de escuela pública, necesitaba encontrar 500 dólares para ingresar en un centro privado y poder aspirar a una beca universitaria. Su familia no tenía ese dinero, claro, así que volvió a mirar hacia el pasado. Por suerte, lo hizo con un planteamiento bien distinto. Se dirigió a uno de los camellos del barrio y le pidió una oportunidad. El tipo le contestó: “Tío, veo que quieres mantenerte alejado de esto, así que te voy a dar el dinero para que, cuando vuelvas aquí, les enseñes a los niños que hay otras maneras de tirar adelante”. Ese camello, que salió de prisión en 2016, jamás le pidió que le devolviera ese favor.

El Burguer King y el poli bondadoso

Butler empezó a entrenar más duro que nunca, entró en la escuela preparatoria y lo combinó todo con trabajos de poca monta. Uno de esos trabajos, en el Burger King –del que ahora es dueño de varias franquicias–, le salvó de hundirse de nuevo en 1998. Una noche la policía irrumpió en su domicilio y encontró 15 gramos de crack en el garaje. Le podrían haber caído 10 años, pero el inspector jefe del caso, Rick Geller, pensó que algo no encajaba en el caso.

“Había muchos detalles que no cuadraban. Pude hablar con él dentro de la casa, y tenía quemaduras en la mano. Le pregunté por ellas, y me dijo que era de trabajar en el Burger King. Después le cacheamos y solo llevaba once dólares en la cartera”. El equipo de intervención le encontró debajo de las sábanas y con síntomas de estar enfermo. Hablando con el inspector, al joven Caron se le escapaban las lágrimas… estaba ante otro cruce de caminos, pero su destino no estaba en sus manos.

Geller, en un gesto poco habitual y más aún sabiendo el historial de la policía estadounidense frente a la población afroamericana, decidió que Butler era inocente, a pesar de que sus antecedentes –14 detenciones antes de los 15 años y su posterior paso por el correccional– no sumaban a su causa. A día de hoy no se sabe si esos 15 gramos eran suyos o no, pero el policía dejó claro que tomó la decisión de liberarlo con la convicción de que, en todo caso, Butler no estaba metido en el negocio de la droga en esa época. En 2015, Butler y Geller comparecieron juntos en la Casa Blanca para contar su historia.

Su tropiezo con Geller y la policía fue el último gran escollo del jugador rumbo a la universidad, a la que llegó como un huracán. Nadie dudaba por entonces de su talento. En su segundo año con la UConn (Universidad de Conneticut) consiguió liderar a su equipo al segundo mejor puesto del Este en la NCAA, aunque no llegaron lejos en las eliminatorias. Sus 20.2 puntos y 7.5 rebotes le valieron el premio de jugador del año en el Big East.

Butler lo había conseguido. Tras espantar todos sus fantasmas, había logrado la beca universitaria y además había dejado huella. La NBA anotó su nombre, estaba listo para el draft, estaba a un solo paso de cambiar su destino para siempre.

El resto de la historia, la de un campeón NBA, es de sobras conocida.

Caron Butler disputó 16 temporadas NBA defendiendo las camisetas de Miami Heat, Los Angeles Lakers, Washington Wizards, Dallas Mavericks, Milwaukee Bucks, Los Angeles Clippers, Oklahoma City Thunder, Detroit Pistons y Sacramento Kings. En 2011 se proclamó campeón de la NBA con los Mavs. Durante su carrera fue elegido dos veces All-Star NBA (2007-2008) y miembro del All-Rookie team en 2003. Más info aquí.

En 2015, Butler publicó su autobiografía Tuff Juice: My journey from the streets to the NBA.

Este artículo continúa la serie escrita para VICE en 2017 sobre la relación entre el narcotráfico y el deporte. En los próximos reportajes centraremos la atención en la convulsa historia que entrelaza el baloncesto, la droga y la NBA.