«No lo conocía más que por vídeos, pero hace poco tuve la ocasión de verle en directo. Llamé de inmediato a la oficina de Memphis para decir que habíamos fichado a un gran jugador. Tiene que fortalecer su cuerpo, pero sus fundamentos de pase, tiro y bote son increíbles para su estatura. Y puede hacer muchas cosas más: quiere mejorar y eso se ve cuando está en pista.»

A noviembre de 2014, Scott Roth, natural de Cleveland (Ohio), es una de las cabezas visibles del heterodoxo proyecto deportivo del Club Baloncesto Sevilla, aunque por razones burocráticas no está pudiendo ejercer como entrenador en ACB. Argumenta la liga que el técnico de 51 años carece de una titulación homologada en España. Hace sólo diez días, de hecho, el CSD (Consejo Superior de Deportes) denegó el último recurso del club sevillano, que alegaba que Roth contaba con más de una década de trayectoria como entrenador asistente en la NBA. Y corramos aquí tiempo atrás. Una de sus primeras experiencias en los banquillos data del año 2000, en Vancouver, a las órdenes de Sidney Lowe, que por aquel entonces entrenaba a los Grizzlies. Pero, cosas de la vida, sólo un año después de comenzar aquella aventura, en 2001, la franquicia se mudó a Memphis. La ciudad que una vez aúno a la vez el talento de Johnny Cash y el de Elvis Presley jamás jamás había dado cobijo, sin embargo, a un equipo NBA.

Pau-Gasol-Rookie-Memphis-Grizzlies

A Memphis llegó a esas alturas un chico muy delgado, de pelo castaño, y piel blancucha. Venía de Sant Boi de Llobregat y decían que era la bomba. Así que cuando el bueno de Scott Roth vio al muchacho por primera vez, soltó todo ese párrafo repleto de halagos que encabeza éste texto, en una entrevista concedida a El País en septiembre de 2001. Aquel chico del que hablaba Roth se llamaba Pau Gasol, y trece años después presume de un palmarés que lo convierte en uno de los más grandes deportistas españoles de todos los tiempos. Gasol cogió kilos de músculo, tal y como le pedían, y creció en lo técnico y en lo intelectual a la par que fue fraguando en sí mismo, a base de golpes y arañazos, un carácter de campeón.

El 1 de febrero de 2008, después de perder mil batallas y alzarse con récords que hoy aún siguen vigentes en la franquicia de Tennessee, lo mandaron al despacho de Chris Wallace después de un entreno cualquiera. El entonces General Manager de los Grizzlies no se anduvo con rodeos, y pronunció unas palabras que lo dejaron en estado de shock, como cuenta el mismo Pau: “Estás traspasado a Los Ángeles Lakers”. Él no lo sabía, pero en los 28 meses que seguían iba a jugar tres finales de la NBA. Una locura. Al lado de Kobe Bryant, que lo apadrinó desde el primer día, Pau ganó dos anillos con la camiseta púrpura y oro que hoy ya forman parte de la historia del baloncesto estadounidense. Luego, por alguna razón toda esa gloria se truncó, pero no adelantemos acontecimientos. El día que Wallace decidió enviar a Pau a California, estaba cubriendo de aura, también sin saberlo, el futuro de Memphis Grizzlies.

Pau-Kobe-Lakers-LA

 

El día que Wallace (GM de Memphis) decidió enviar a Pau a California, estaba cubriendo de aura, también sin saberlo, el futuro de los Grizzlies.

En su momento todos los medios de comunicación catalogaron el intercambio como una estupidez, una medida desesperada con la que recompensar a Pau por sus encomiables años de entrega en el Fedex Forum, y dejarlo volar hacia cotas más altas, liberarlo del peso que suponía un equipo menor. Y es que los Grizzlies recibían a Javaris Crittenton y Aaron McKie, dos jugadores de bajo prestigio en la liga, y a Kwame Brown, que ya entonces era reconocido como uno de los peores números 1 de la historia del draft de la NBA. En asterisco, y casi en tono anecdótico, la cláusula de la operación incluía también los derechos de Marc, hermano pequeño de Pau, que habían seleccionado en el draft de 2007. El vínculo potencial de Marc Gasol con el baloncesto estadounidense parecía más ficticio que otra cosa, pues ni siquiera en la Península Ibérica tenía labrada una gran reputación, habiendo tenido que exiliarse del FC Barcelona, de hecho, donde no tenía sitio. Pero el destino es caprichoso, y con la camiseta del Akasvayu Girona, Marc acabó siendo el MVP de la ACB en aquel 2008, lo cual le convenció a dar el salto a la NBA aquel mismo verano.

Gasol-brothers

Dos momentos con los hermanos Gasol de protagonistas, que todavía no se han enfrentado este año. / Archivo NBA

Gasol-Marc-Gasol-Pau-NBA-España

Cuando Marc cruzó el charco su aspecto físico era bien diferente al de su hermano cuando llegó –uno flaco y el otro rellenito–, pero la situación de los Grizzlies era prácticamente la misma, primera fila en el fondo del pozo del Oeste. Pero Marc fue bajando de peso, se cortó la melena y empezó a otorgarle a su juego nuevos registros que hicieron de su repertorio uno de los más interesantes entre los big fellas de la liga. Conoció a Zach Randolph, se enamoraron mutuamente y los Grizzlies empezaron a hacerse un nombre en el Oeste. Seis años más tarde “las wikipedias” del baloncesto recogen en su currículum un All Star (2012), o un inédito galardón de Mejor Defensor del Año (2013), algo que jamás había logrado un jugador nacido en Europa. Por no hablar de cuatro excitantes experiencias en los siempre salvajes Playoffs del Oeste, incluida una presencia en las Finales de Conferencia en 2013. Pero ya digo, el destino es caprichoso, y paralelamente al ascenso jerárquico de Memphis Grizzlies, los Lakers de su hermano Pau se hundían en el agujero. Tanto que el año pasado se quedaron sin postemporada por quinta vez en sus 54 años de estancia en Los Ángeles.

Las cosas, no obstante, han cambiado mucho desde abril, y si hoy estoy aquí acariciando el teclado con las yemas de los dedos es para conmemorar que es la primera vez que los hermanos Gasol rozan al mismo tiempo una situación tan idílica. Pau marchó este verano a Chicago Bulls, y ahora viste la camiseta con la que aparecía Michael Jordan en los posters que una vez decoraron su habitación. A pesar de hacer grandes temporadas regulares, desde que quebró la rodilla de Derrick Rose, al equipo de Tom Thibodeau siempre le ha faltado ese plus que te da un jugador de élite, un campeón consolidado. Ahora, con Pau escoltando a Noah en la pintura, y con el definitivo regreso de un Rose que sigue marcando diferencias, los Bulls caminan directos hacia el liderato del Este.

Chicago-Bulls-Pau-Gasol-16

Chicago ha cosechado 7 victorias en sus últimos 9 partidos, y hoy por hoy es tercer clasificado del Oeste, sólo por detrás de Wizards y Raptors. Los chispazos de un buen banquillo, la solidaridad defensiva, y el crecimiento de Jimmy Butler como anotador, que está tirando casi un con un 50% de acierto, están sosteniendo todas las noches la tensión competitiva durante los 48 minutos. Pero claro, para ganar 55 partidos necesitas algo más, y ese algo lo está dando Pau Gasol, que no está jugando como un deportista de 34 años. Sus números, que son de 19 puntos, 10,5 rebotes, 2,1 asistencias y 2,5 tapones por noche, hablan de un baloncestista en su plenitud física, y la de Pau, aunque nos duela, queda ya muy lejos. Duele pero para nada lo aparenta. Pau es sabio, y los más listos saben siempre como optimizar su rendimiento y aportar su granito de arena al baloncesto.

Pau promedia 19 puntos y 10 rebotes, Marc le supera con 20 puntos y 8 rebotes por partido. Son la pareja del momento, se han encontrado en la cima del baloncesto.

Más cerquita de ese zénit anda su hermano Marc, que lleva unos años jugando al baloncesto como un verdadero fenómeno. Sus facultades para leer el juego le han erigido como la figura que regula todo el ejercicio estático de su equipo, dígase ataques y defensas posicionales, que no de transición. Big Marc es la brújula a la que miran constantemente Randolph, Conley, Allen o Pondexter. Su basketball IQ es tan único que desde hace un par de cursos su nombre sale con asiduidad en tertulias sobre quién es el mejor center de la liga. Pero este año está siendo especial. Marc ha sumado a su repertorio una dosis de determinación que no parecía tener antes. La frecuencia con la que ataca el aro se ha incrementado de manera muy notable, y eso está haciendo mucha sangre a las defensas rivales. Está anotando incluso más que su hermano, promediando 19,9 puntos por noche, a lo que añade 8,1 rebotes y 3,1 asistencias. Todo ello con un 50% de acierto en tiros de campo. Una absoluta barbaridad. Su mayor peso en la ofensiva tal vez sea la causa fundamental por la que los Grizzlies (de récord) tengan hoy en día el mejor balance del campeonato (12-2).

La Gasolina está de moda, y todo equipo contender suspira por contar con sangre de Sant Boi en su roster. Asimilan el baloncesto como lo han hecho muy poquitos big men a lo largo de la historia de este juego, y la NBA del siglo XXI brinda cada noche el placer de estar viviendo a la familia extranjera que mejor ha jugado al baloncesto en toda la historia de la competición. En septiembre de 2001, los Estados Unidos de América nunca hubieran imaginado que aquel blanquito canijo del que hablaba Scott Roth y su hermano iban a condicionar tantísimo la campaña 2014-15 de la mejor liga de baloncesto del planeta.

Los Gasol se han encontrado en la cumbre del baloncesto mundial, aunque uno esté encarando el descenso –una bajada, en todo caso, con opciones al anillo– mientras que el otro promete coronar en poco tiempo.