Pick & Pop (XXVI) – Stephen Curry, Gregg Popovich y el orden de las cosas

Existe un proverbio italiano que me gusta en particular, pues su mensaje me evoca una certeza total. Reza que ‘Chi va piano, va sano e va lontano’, que en castellano viene a decir que quien va lento, va sano y llega lejos. Y es esta justa sentencia la que recoge lo que ha sido el año para San Antonio Spurs. La franquicia texana empezó el curso en una piscina de altibajos, pero se ha valido de la sabiduría de su entrenador para arribar en plena forma a los meses en los que se decide la temporada. Anoche cayeron derrotados ante los Pelicans de Anthony Davis –qué curso de crack consagrado le ha salido a este muchacho de veintidós años- y casi de manera anecdótica quedaron relevados al sexto puesto de la Conferencia Oeste, pero bien sabemos que con Duncan & Co. el factor cancha nunca importó demasiado. Y tampoco importa aquí y ahora, porque Gregg Popovich tiene lo que quería, la moto a punto. La posición en la parrilla de salida no es más que circunstancial.

Gregg Popovich – Associated Press

Dígase que el Oeste, pese a su aparente regeneración, es el tiovivo de cada año. Ocho equipos competitivos, de baloncesto identitario, y que acaban la Regular Season con récords apegados como coches en un atasco de autovía. Las diferencias son muy cortas, y en presencia, salvo la sorprendente inclusión de New Orleans Pelicans en el lugar de Oklahoma City Thunder, están los de siempre. La novedad que rompe la igualdad, sin duda, la escriben los Golden State Warriors de Steve Kerr, que han acabado el año con un histórico balance de 67-15, y que practican un baloncesto rápido, atractivo, y de una precisión anómala. Un caramelo. Su point guard, Stephen Curry, enamora a diestro y siniestro, y la gran mayoría de quinielas le señalan como el MVP de la temporada. En cierto sentido esto se olía desde lejos, porque apuntemos que el talento joven reclutado hace unos años invitaba a pensar que Golden State sería una franquicia fuerte en lo deportivo ya por estas fechas, pero de ningún modo esperábamos algo así.

Durante un par de años han ido justificando el hype y demás, pero lo de 2014-15 escapa a cualquier expectativa. Los Warriors han roto a golpe de remo “la calma” de la guerra fría del Oeste. Digamos que le han dado vuelco a los antiguos órdenes. Hacía tiempo que la parte izquierda del mapa no sentía la electricidad de un equipo tan dominante. Desde que lo hicieran los Lakers 2008-09, ningún equipo del Oeste había alcanzado las 65 victorias en temporada regular. Sin embargo, el dominar la tabla de conferencia nunca fue garantía de anillo, y ahora la cuestión es: ¿tienen lo suficiente los Warriors para imponerse en los escenarios rácanos del baloncesto de playoffs?

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Planteada la pregunta, sería interesante evaluar cómo va a aclimatar el equipo de Oakland sus modus operandi al formato eliminatoria. El baloncesto de postemporada es notablemente más lento, y requiere de sensatez y pautas, de herramientas para marcar el tempo. En este sentido, es comprensible que surja incertidumbre acerca de cómo un equipo tan veloz –y en consecuencia precipitado– va a amoldarse a equipos más toscos, de más cultura defensiva. ¿Puede Stephen Curry desarbolar una zona 3-2? ¿Pueden los Warriors conseguir puntuaciones altas con un volumen de transiciones menor de lo habitual? Sabemos, eso sí, que en el perímetro tiene escopetas varias para descargar problemas, pero hay más de un equipo en el cuadro del Oeste cuya disposición le puede sentar mal al equipo de Kerr.

Los Grizzlies, los Clippers y los Spurs, entre ellos. En este sentido, cabe esperar mucho de dos nombres: Klay Thompson, que en baloncesto playoffs se convierte en una herramienta feroz por su perfil de anotador puro; y Harrison Barnes, capaz de hacer daño a un catálogo de aleros muy diverso. Otra pregunta que muchos nos hacemos es si su batería de interiores será capaz de defender a una escuadra que cargue mucho la pintura. Me es fácil imaginar a Marc Gasol y Randolph abriendo una hemorragia grave cerca del aro. Por eso intuyo que Anthony Davis será un test interesante para examinar cómo repercute en Golden State el martillo de un interior anotador.

Anthony Davis, Boris Diaw

No obstante, hándicaps a parte, los Warriors tienen un poder ofensivo que palia todos estos aparentes problemas, y en el aficionado hay una sensación de que sólo los Spurs, vigentes campeones, serán capaces de dar freno a sus virtudes. Aquí está, probablemente, la llave del cofre, la gran incógnita. No sabemos con certeza si los texanos están tan inspirados como en 2014, y en el caso de que lo estuviesen, ¿tendrían músculo y pulmones como para interceptar el ska de Curry y sus compañeros? Puede que la respuesta sea no, pero también puede que sea sí, porque, volviendo al principio, chi va sano, va sano e va lontano, y la gestión de Popovich con miras al cansancio de los suyos ha sido tan, tan buena, que quizás en mayo acaricien su pico físico.

El enésimo alarde intelectual de Pop’ ha conseguido que nos lo creamos: Duncan, Parker y Ginóbili, que suman entre los tres suman 108 inviernos, pueden volver a regalarnos otra primavera de baloncesto premium, de ese que sólo saben hacer ellos. Los complementos son los que han jugado dos finales en los últimos dos años, entre ellos un Kawhi Leonard que huele a ser la perfecta sombra de Klay Thompson. La rotación, el passing game, la tensión defensiva del último cuarto, los cambios de ritmo…

Las credenciales son las de siempre ¿Podrán los Warriors competir contra eso? El tiempo responderá, pero si lo hacen, habrán cambiado el orden de las cosas, los cánones del Oeste.

 Fotografía: Associated Press