Pick & Pop (XXVII) – J.R. Smith, de granuja a triplista

Juega en los Cleveland Cavaliers, un tipo más que peculiar. Acorazado bajo tatuajes refugia su yo en una burbuja melancólica de la que sólo a veces saca la cabeza. El deporte contemporáneo promueve un paradigma a menudo erróneo. La salud, la alimentación, la constancia del entreno, son parte de la carretera idónea, sí, pero son muchas las ocasiones en las que este afán enfermo por la rectitud, por el perfecto profesionalismo, deja en la cuneta a jugadores de un talento excelso. J.R. Smith nunca siguió el camino del hombre recto, que diría Samuel L. Jackson, pero tampoco nunca le dio la espalda al baloncesto, y cuando tiene la muñeca caliente, créanme, determina resultados como lo hacen los más grandes, rompe cuotas.

Su aventura en el universo NBA es un poco quijotesca, pues casi siempre pisó lugares donde la derrota era costumbre, entornos estrambóticos que conducen personajes de su madera a la irresponsabilidad y al desorden vital. En Denver coincidió con una constelación de individuos de naturaleza problemática, y aquello. Los charquillos de gasolina andaban muy cerca del mechero, y el 16 de diciembre de 2006 en el Madison terminó por saltar la chispa. Una falta flagrante de Mardy Collins desató un dominó de empujones, choques y amenazas de muerte entre los que, cómo no, estaba involucrado J.R. Smith. Sanciones varias, multas de tráfico y bastantes más jaleos fueron la tónica de los años venideros. Pero esos aleteos macarras calmaron cuando Allen Iverson fue a parar a Detroit a cambio de Chauncey Billups.JRSmith-Tatoos-NBAesp

La ruptura tuvo un impacto inmediato. De la mano de Billups, los Nuggets empezaron a jugar un baloncesto serio, Carmelo Anthony comenzó a crecer, a orientar su baloncesto hacia cotas más altas, y J.R. Smith a rendir de manera más eficiente. Bajo la piel de sexto hombre, un rol que le ha acompañado durante toda su carrera, Smith se convirtió en un jugador decisivo para un equipo que en aquel mismo curso 2008/09 alcanzaron las Finales del Oeste, algo que jamás habían logrado en formato NBA. Pero aquella experiencia se quedó en oasis, y Denver derivó alejándose rápido de los contenders.

Después de algunos trotes, Smith acabó en Nueva York, junto a Melo, en lo que parecía un proyecto definitivamente ganador. En la 2012/13, de hecho, los Knicks superaron las 50 victorias por primera vez desde 1997, y el pintoresco escolta completó una campaña de absoluta excelencia, seguramente la mejor de su accidentada trayectoria. Gracias a unos promedios de 18,1 puntos, 5,3 rebotes, 2,7 asistencias y 1,3 robos por noche, la liga le galardonó con el Sixth Man of the Year, premio que se llevó de manera unánime. Pero en la Gran Manzana todo se tambalea, y entre despropósitos y no despropósitos, la que prometía ser una de las franquicias dominantes de la costa Este en el lustro consecuente, tropezó por enésima vez.

Después de un año de desidia, derrota y caras largas, Smith acudió a la llamada de los Cavs, que prometían reinar la Conferencia bajo la premisa de The Return of the King. El regreso de LeBron James a su estado natal atrajo a una serie de baloncestistas de rol deseosos de conseguir un anillo. Kevin Love, James Jones o Mike Miller acudieron a la empresa, y detrás de toda esa caballería llegó en enero JR Smith, en un trade cubierto de preguntas.

CLEVELAND, OH - JANUARY 25: J.R. Smith #5 of the Cleveland Cavaliers celebrates against the Oklahoma City Thunder on January 25, 2015 at Quicken Loans Arena in Cleveland, Ohio. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this Photograph, user is consenting to the terms and condition of the Getty Images License Agreement. (Photo by Rocky Widner/Getty Images)
J.R. Smith celebra un triple en el Quicken Loans, su nuevo hogar. Rocky Widner/Getty Images

Pasados cinco meses, y ya de lleno en los áridos parajes de los Playoffs, podemos hablar de aquel traspaso, en el que Cleveland se deshizo además de Dion Waiters, como un verdadero éxito. Ayer, sin ir más lejos, J.R. les coló la friolera ocho triples a los Hawks para que los Cavaliers les arrebataran el valioso factor cancha en el Game 1 de las Finales del Este. Y el caso es que no debiera sorprendernos. Smith siempre gozó de un tiro sublime. Una mecánica de lanzamiento trabajada de una manera enferma. Cuentan que su padre, que también fue jugador de baloncesto, le enseñó a cómo colocar las piernas desde que tenía tres años. “Todo está en las rodillas, como decía mi padre. Si las flexionas bien, es medio tiro dentro”, corrobora él mismo.

Sus soberbios ademanes no parecen dignos de alguien con tan exótica personalidad, pero J.R. en el perímetro es una máquina de anotar. Si bien ya enfrió el bravo ímpetu de los Bulls, anoche en Atlanta la gota colmó el vaso. Sin necesidad de trabajar en una selección de tiro delicada, los Cavs abrieron brecha porque Smith, con total independencia, botaba, y a través de los pies lograba medio metro de oxígeno que le era suficiente para armar el revólver. No es modus operandi a seguir, pero ésta vez sirvió. Sin requerirse una circulación contrastada, lo lógico es ver a los Cavs trabajar posesiones cortas con Smith abierto.

Con esa gama de penetradores tan fulminantes –LeBron, Irving, Shumpert…-, es relativamente sencillo provocar coberturas de los alas hacia dentro y que aparezcan posiciones de tiro en el perímetro. El movimiento destrozó a Chicago, y ahora puede hacerlo con Atlanta. Los porcentajes de Smith en el tiro de tres en los últimos cinco choques giran alrededor del 51%, cifras altísimas para un tipo que en cada partido tira casi ocho veces detrás de la línea exterior.

J.R. Smith siempre fue un poco gamberrete, propenso a la trastada. Decía su padre que de pequeño era un huracán. «Siempre estaba pensando en algo malo que hacer. Le encantaba liarla por la casa, y si veía algo que pudiese romper o estropear… ahí estaba él. Tenía una manos que parecían tenazas», bromeaba. Pasaron los años y nunca maduró, pero a quién le importa. El tipo tiene la privilegiada facultad de encestarla a siete metros y medio del aro, libre o con un defensor encima, y eso en el baloncesto de postemporada vale quilates. Tiene veintinueve primaveras y ya nadie le creía importante, pero está rompiendo cuotas, pronósticos, y tiene cerquita las Finales de la NBA, que no es poca cosa.

No está mal para un granujilla…

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«Get chicks or die trying», todo un personaje. De joven ya apuntaba alto.