Finales NBA: Steve Kerr y el movimiento ganador

Pregúntale a cualquier estudiante cuál de los doce meses suprimiría de su almanaque, y junio sería denominador común de las respuestas. Son días desordenados, enfermos, de un estrés devastador, y entre menesteres sacrificados twitter es siempre una amistad intermitente, una herramienta de respiro. Andaba quien escribe buceando en su timeline cuando alguien posteó una captura verdaderamente llamativa. Pertenecía a una cadena norteamericana en pura víspera del primer envite de las Finales NBA 2015.

En la mitad izquierda de la imagen aparecía el quinteto de Cleveland Cavaliers en el opening del curso, a fecha 30 de octubre, en el que bailoteaban los nombres de Kyrie Irving, Dion Waiters, Kevin Love y Anderson Varejao. El contraste con la imagen de la derecha era absoluto. Y es que en el starting lineup con el que los Cavs iban a enfrentar a los Warriors en tan hostil madrugada aparecían Matthew Dellavedova, Iman Shumpert, Tristan Thompson y Timofey Mozgov, role players que a los ojos de la liga no son más que figurantes “del montón”. El único rostro que todavía permanecía en el mentado quinteto era el de un señor apellidado James, una pantera de lomaje tatuado capaz de recrear skills de todos los géneros, un intérprete histórico.

LeBron-Curry

Se han escrito evangelios sobre LeBron James, y se escribirán otros tantos, pero su estampa es tan gigante que se puede descifrar en pocos caracteres, en formato SMS: LeBron James es -casi- la victoria. Tenerle de tu parte es sinónimo de ganar. Este curso ha demostrado a todos que su sola presencia convierte a un grupo de hombres normales en contenders al título más preciado que el baloncesto concede en la faz de este planeta. La hegemonía de King en el Este se extiende ya a cinco años consecutivos, y ni el mudar de Florida a Ohio ha alterado la ecuación. En las últimas cuatro Finales sólo un milagro de Dallas Mavericks y el tétrico passing game de San Antonio Spurs 2014 le habían privado del champán; y hasta el descanso del Game 4 de estas recién acabadas Finales, LeBron andaba acomodándose en el trono para recibir su tercer anillo.

Discurría la primavera por los cauces por los que ya había viajado la regular season: Golden State Warriors era la joyita de la temporada, el baloncesto fresco y atractivo, el proyecto que todos apadrinaban. Su camino a las Finales, sin demasiados incidentes, le había dado al equipo de Oakland el poso mediático que hace falta para “creérselo”. Para su regocijo, el primer round se había saldado con un shock que dejaba a su adversario en la lona: una prórroga en la que los Cavaliers anotan una sola canasta, y la lesión de Kyrie Irving, el mejor point guard de la costa Este y mano derecha de LeBron. El tono fatalista de los de Ohio habían dejado a los Warriors con la carretera limpia, pero las cuotas volverían a girar. Un James sobrehumano y una defensa posicional ordenada y sucia iban a poner a los Cavaliers por delante. Los muchachos no estaban protagonizando mecanismos excelsos u ocurrentes, y de hecho todo lo que hacían era bastante arcaico, pero su tensión competitiva era tan sostenida que estaba oprimiendo el baloncesto ladykiller de los Warriors. Se sabían menos talentosos que los de San Francisco, así que se estaban manchando las manos sin reparos. Lo corroboraba LeBron en rueda de prensa: «If you’re looking for us to play sexy, cute basketball, that’s not us.»

Los Warriors buscarán traspasar a David Lee este verano debido a su rendimiento
Foto: Fansided.com

La telaraña defensiva estaba coartaba el valor añadido de Curry y compañía, y era especialmente indicativa: los de David Blatt se sentían más fuertes. Ellos eran quienes mejor arquitectura psicológica parecían tener, y la inspiración del 23 daba a Cleveland Cavaliers rostro de campeón. Así estaban las tornas hasta aquel paso por vestuarios del Game 4. La sombra del 3-1 se cernía sobre Golden State, pero con el marcador en equilibrio y la grada de parte de los Cavs, Steve Kerr, un entrenador debutante, pero con una valía competitiva más que contrastada, hizo un movimiento que a la postre iba a resultar ganador. El tipo tuvo la idea de sacar de la pista a los big fellas para jugar con cinco jugadores que no superasen los 2’05. El único interior de vocación era Draymond Green, y por momentos Timofey Mozgov castigó la decisión, pero la tendencia era ahora verdaderamente propicia para los visitantes. Los Warriors empezaron a administrar microventajas de 5 ó 6 puntos que hacían a su rival pender de un hilo, un hilo que terminó por romperse.

Y es que la apuesta de Kerr no sólo había dinamizado la ofensiva, sino que además estaba haciendo diferencias en el juego sin balón. Superpoblar el perímetro estaba dando pie a la lógica, estaba atrofiando la circulación de los Cavs, que técnicamente son pobres. La operación sacó a relucir los debes de Matthew Dellavedova, hasta el momento uno de los hombres de la final. El australiano es caliente, carismático y pensante, pero está tan escaso de talentos que la circunstancia le sobrepasó. Los exteriores de los Warriors, más rápidos y más fuertes, maniataban cualquier procedimiento que intentase el equipo de Ohio, y sólo hincaban la rodilla cuando LeBron conseguía postear. La frecuencia anotadora de los de Blatt se congeló de cuajo mientras los de Kerr bebían de todas las fuentes: transiciones tras pérdida de Cleveland, movimiento de balón y apertura final al tirador, bloqueo y continuación, etc.

Andre-Iguodala-Finales-NBA

Los Warriors vencieron a pulso tranquilo en el Quickens Loans Arena. Era sólo el 2-2, y quedaba mucha serie, pero Steve Kerr por fin había encontrado la fórmula del triunfo. A partir de entonces, los Warriors fueron los Warriors que habían sido de octubre a mayo, y la sintonía volvió a ser balada. El punto de inflexión se personificó en Andre Iguodala, un señor de treinta y un años al que muchos habían minusvalorado. Iggy había salido del banco durante todo el año, pero su sangre helada y su IQ baloncestística habían hecho que Kerr optase por él de inicio en los últimos tres partidos del curso, curiosamente los tres que han dado el título a Golden State. En ellos el chico anotó 22, 14 y 25 puntos, pero estas cifras no sorprendieron a quienes conocieron al Andre de los Sixers. Lo que le ha valido a Iguodala el MVP ha sido la concentración con la que ha defendido al mejor jugador del mundo. No es que asfixiase a LeBron del todo, pero sí empeoró sus quehaceres. Así lo corroboró Kerr: “Es curioso decir que, cuando un tipo logra 44 puntos, su defensor ha hecho un gran trabajo, pero eso pienso de Andre.”

El galardón es aún más chocante que el del año pasado a Kawhi Leonard. El ex alero de San Diego State compartía equipo con Duncan, Parker, Ginóbili o Diaw, jugadores ya muy alejados de su plenitud, pero Iguodala tenía al lado a Curry, la irrupción más feroz del último lustro en el baloncesto norteamericano, un chico ha reventado series lazando triples mal seleccionados que siempre, siempre, siempre entraban. Ha habido algo extraterrestre en su tiro tras dribbling, pero la defensa de Iguodala a James ha sido tan extraordinaria se ha llevado la palma. Cuando escucha al protagonista, uno se da cuenta de que el baloncesto es algo más que una pelota y un aro: “LeBron no tiene ninguna debilidad evidente, así que tienes que fijarte en los pequeños detalles para incomodarle… Son 11 años recogiendo toda esta información. Soy un adicto a esto”