Que no se me malinterprete, y es que Pau Gasol consiguió algo más difícil. Consiguió que España ganara el Eurobasket 2015. No fueron sus actuaciones, de proporciones épicas y sus esfuerzos, solo al alcance de auténticos colosos de la historia de este deporte. No fue su partido contra Francia, su torneo extraterrestre, ni la forma en la que consigue sorprender a todos año tras año.

Pau Gasol-NBAesp-Eurobakset-2015Porque con Pau Gasol, la épica toma otra forma distinta, una con la que muchas estrellas ni siquiera sueñan: la de inspirar, la de guiar y la de hacer soñar. Porque el chico de Sant Boi, ese jugador espigado que dio el salto hace ya 14 años a una liga que todavía recibía con recelo a los que llegaban desde el viejo continente no sólo hizo soñar a los 6.148.000 espectadores que siguieron la final, sino que consiguió convencer a sus propios compañeros de equipo de que el triunfo era posible. El público de a pie tenía sus dudas y estas se habían instalado también en el vestuario. Pero Pau se encargó de hacerlas pedazos.

Líder, según el diccionario de la Real Academia Española, es aquella persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora. Y mejor no puede definirse el rol de Pau Gasol en este torneo, sino en toda su trayectoria con la selección. Incluso en aquellos partidos en los que su aportación deportiva no fue de esas que nos dejan boquiabiertos, el impacto del pívot va mucho más allá, inspirando y orientando a sus compañeros.

La desconfianza y las dudas dieron alas a esta selección, formada por guerreros que liderados por la figura, ya eterna, de su referente histórico, vieron la posibilidad de un triunfo más, de una alegría más. De un sueño más. Cuando empezó septiembre el objetivo para este grupo de jugadores era el preolímpico y de repente vieron otro oro con el que aumentar su leyenda. Una generación que dejó de ser dorada, para ser de diamante, cristalina, hace ya mucho tiempo.

Una selección que transciende, junto a todos nosotros, con la figura de Pau Gasol como bandera. Una bandera que nunca quiere ondear, a la que no le gusta lucir en lo más alto del poste. Él trabaja en silencio, en la sombra que permite la luz con la que sigue impresionando a los aficionados de uno y del otro lado del océano Atlántico. Rechaza los elogios y se escuda en una humildad casi abrumadora, cediendo todo protagonismo a sus compañeros. Solamente una sonrisa; feliz y orgulloso, por el trabajo bien hecho.

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Pau Gasol, repito, no ganó el Eurobasket 2015. No solo consiguió eso.

El Chacho Rodríguez ha acabado en el quinteto ideal, Nikola Mirotic ha seguido con su tónica ascendente y madurado (¡vaya año le espera en Chicago!) e incluso Víctor Claver ha recuperado la confianza perdida en sí mismo y la del resto de aficionados. Pero no son más que chispazos, pequeños destellos de una calidad que nadie discute, que Pau Gasol ha conseguido ligar para crear una auténtica explosión que ha cegado a medio mundo. Él ha sido el hilo conductor que de esta energía que acaba de coronarse campeona de Europa por tercera vez. Y es que esta exhibición marciana, a sus 35 años, es la actuación más dominante de un jugador FIBA en prácticamente toda la historia. Y en la carrera de Pau, seguro.

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Dejó Los Ángeles con un cartel de decadencia, de acabado y como aportación marginal, decían los más osados. Se redescubrió en Chicago y lo ha vuelto a hacer en Lille, con unos promedios de escándalo y unas sensaciones que van más allá de los números. Es algo intangible, inexplicable. Es lo que nos hace sentir Pau cada vez que pisa la pista, cuando respiramos aliviados, porque Pau sigue aquí; sigue siendo un gigante dentro del campo y un coloso, un hombre del renacimiento, fuera de él.

Y por favor, que este sea el penúltimo baile de esta generación de oro. Dejemos que nos vuelvan a hacer soñar en Río 2016, confiemos en ellos, una última vez.

Fotos: FEB.es