Draft NBA: Simmons lidera, Boston arriesga… Ibaka traspasado

No se esperaba sorpresa alguna con respecto a los dos picks altos de la noche, tanto el australiano Ben Simmons como Brandon Ingram se convirtieron en jugadores de Sixers y Lakers respectivamente; ambos están llamados a liderar proyectos deportivos de futuro y a buen seguro contarán con el respaldo de grandes actuaciones individuales. Sí hubo revuelo en la siguiente elección cuando Boston Celtics (ayer en posesión de 8 selecciones, 3 en primera ronda), decidía elegir a Jaylen Brown, seguramente la opción menos atractiva de cara a un posible traspaso, pero sí un jugador muy apropiado para que los de Massachusetts sigan depurando su estilo de juego, aunque lo esperado habría sido contratar a un pívot…

asas

En cuarta posición se coló el primer europeo de la noche, Dragan Bender, un joven bosnio de 19 años y 2.13 considerado uno de los mayores potenciales interiores de esta hornada de jugadores, veremos si coincidir con su compatriota Teletovic y el también europeo Alex Len le ayudan a explotar al máximo sus excelentes virtudes.

Llegó el turno de Minnesota, y como era de esperar eligieron a Kris Dunn, el mejor defensor de este draft y un portento físico capaz de aportar en todas las facetas de juego; con este jugador logra Thibodeau a su particular Jimmy Butler, a la espera de ver qué sucede con Ricky Rubio, clara competencia para el rookie y a quén los rumores sitúan fuera de los Wolves (veremos donde).

draftt

Esto en lo que a 5 primeras posiciones se refiere. Del resto de jugadores destacar la llegada de Buddy Hield a los Pelicans, jugador necesario para los de ‘La Ceja’ tanto por posición como por rendimiento (buen tirador de 3 y mucho oficio); a continuación le siguió Jamal Murray, uno de los nombres que más revuelo ha levantado en los últimos días y cuyo aterrizaje en Denver bien podría considerarse un golpe de suerte para el equipo, en cierto modo no me cuadra debido a la pasada elección de Mudiay, pero estaba claro que no podían dejar escapar al director de orquesta de Kentucky.

Llegó entonces la hora de los españoles. Primero con el traspado de Serge Ibaka a Orlando Magic, en un movimiento que no termino de comprender y que supone la llegada de Victor Oladipo a OKC, junto con Ilyasova y el recién drafteado Domantas Sabonis. Sinceramente creo que es un excelente movimiento por parte de los Thunder, simplemente por el mero hecho de lograr a Oladipo ya me lo parece, sin embargo no entiendo qué lleva a los Magic a deshacerse de su mejor jugador a cambio de uno que por posición cierra la puerta a un diamante en bruto como Aaron Gordon.

Minutos después vivimos el ‘momento verbena’ cuando Denver Nuggets seleccionaba en decimoquinta posición a Juancho Hernangómez, convirtiéndose así en el 4º mejor español de la historia en un draft (tras Pau 3º, Ricky 5º y Vázquez 11º) y el undécimo con pasaporte a la mejor liga de baloncesto del mundo. Decir tiene también que 14 jugadores de los elegidos en primera ronda eran internacionales, algo nunca visto hasta la fecha.

dennnnn

En cuanto a movimientos de mercado cabe destacar la llegada de Marco Belinelli a Charlotte Hornets y de Thaddeus Young a Indiana Pacers, ambos a cambio de rondas bajas del draft. Sonaron con fuerza los nombres de Jimmy Butler, Ricky Rubio, Nerlens Noel… pero al final todo quedó (de momento) como estaba.

Kyrie Irving, para ganar hay que arriesgar

El 4 de diciembre de 2010 a Kyrie Irving le crujió el dedo gordo de su pie derecho en Butler. A pesar de haber anotado 17 puntos en la segunda mitad de la contienda, el point guard de la Universidad de Duke salió del parqué a pata coja; la cara le gemía.

Unos días después, Krzyzewski no apagaba las alarmas: “Es una lesión muy seria. Está siendo examinado por especialistas de diferentes partes del país.”. La preocupación de Coach K era comprensible, pues si bien era sólo un freshman –estudiante de primer curso universitario–, a sus dieciocho años Irving era ya la mayor promesa del baloncesto no profesional en EEUU.

irving-duke

Con estas, el maldito percance salpicaba también al Draft de junio, y por ende a determinadas franquicias de la NBA poco dadas al riesgo —o, de hecho, muy aficionadas a arriesgar sin acertar.

De repente, la que parecía ser una apuesta de beneficios seguros, se había convertido en un riesgo. Que la recuperación de ese dedo quedase en parcial, o que ésta modificase la pisada de Irving, podía significar una violenta alteración de su baloncesto. Y sin embargo, los Cleveland Cavaliers invirtieron todas sus esperanzas en el muchacho. Atravesado ya el árido Año I después de LeBron, la entidad de Ohio tuvo la fortuna de encontrarse con el primer pick del Draft, y eso le obligaba a concentrar su futuro en una decisión.

Contraídos ya vínculos con Irving, las cosas no empezaron bien para ellos. La recuperación se dilató mucho más de lo esperado, y de hecho Kyrie no debutaría hasta el 17 de diciembre de 2011. Es decir, 378 días después de su lesión. Fue un estreno tardío, pero aquella noche en Detroit los Cavs ya empezaron a sospechar que habían acertado. Sus dotes para driblar o atacar la canasta estaban intactas.

irving-cavs-rook

Irving creció veloz como el pelo, y en sólo unos meses ya agarraba el balón cuando ardía. Años después su condición de primer espada se desvaneció, y no por cualquier razón. LeBron James había vuelto a su tierra a decirle a esas gentes que habían quemado su camiseta en 2010 que se comprasen otra, que había que vestirla en las Finales.

La deidad contemporánea de la Costa Este no necesitó ningún tipo de transición, y en junio de 2015 tenía a los Cavs ante el compromiso. James estuvo titánico como de costumbre, pero el sabido quinteto de ‘los bajitos’ que Steve Kerr dispuso para atacar las debilidades de su rival acabó por darle el campeonato a Golden State. Aunque se apostillaba un asterisco, y decía que si el menisco no hubiese privado a Irving de cinco de los seis encuentros la serie podría haber sido bien distinta. Era sólo una conjetura, pero en junio de 2016 el point guard de Cleveland lo ha corroborado.

Sospechábamos que el techo de Irving era muy alto, pero en estas Finales lo ha roto. Jamás habían imaginado ni mentores ni admiradores que Kyrie pudiese aglutinar semejante volumen de anotación. Su abanico de finalizaciones siempre ha sido muy amplio, pero haya sido capaz de exhibirlo con esta frecuencia escapa a los pronósticos de los más optimistas. Kyrie se mueve entre el tráfico como un escualo en una ría. Esquiva a su marca y ataca el aro atrayendo a una segunda. Normalmente ese segundo defensor siempre es más alto y más fuerte que él, pero el ‘2’ de los Cavs se las apaña para encestar.

irving-celebration-bron

En estos siete partidos se han sucedido los and ones, los rectificados, e incluso fade aways repentinos que muchos no esperábamos. En repetidas declaraciones durante la contienda, Irving ha hecho mucho hincapié en el concepto de “el espacio”, ése que le han brindado los aclarados de Lue o los bloqueos de su compañero escoba, Tristan Thompson. Su velocidad de ejecución hacía el resto.

No debiera pasar desapercibido su acierto desde la línea de tres. Hasta 15 puñales clavó desde el perímetro en las Finales, incluido el que anota a marcador igualado en el último minuto del Game 7, el que su entrenador ya ha bautizado como “uno de los tiros más grandes de la historia de la NBA.”. Quien acapara todos las miradas tampoco duda en señalar la providencial actuación de su compañero. “Ellos han tratado de hacerlo postear varias veces con gente como Harrison Barnes, y él encestaba igual.”, dice James, que en estas Finales sí ha encontrado al par que en Florida era Wade. Uno que le descargue de la responsabilidad ofensiva en los cuartos calientes.

A fin de cuentas, dicen que para ganar hay que arriesgar. Y aunque ello no sea axioma, los Cavaliers arriesgaron y ganaron seleccionando a Kyrie Irving.

LeBron James, el hombre al que tanto odié

Han pasado ya más de 72 horas desde que la ciudad de Cleveland celebró su primer gran título tras más de 50 años de sequía y me sigue durando esa sensación extraña de haber tenido que rendirme a los pies del hombre al que tanto odié.

Durante la última década siempre me he considerado un hater en el sentido más básico de la palabra: he odiado a LeBron James, a su prepotencia, su arrogancia, al hombre que dejó su ciudad para irse a ganar un anillo, al que solo-era-físico, al que, en definitiva, representaba todo lo opuesto a lo que yo entendía como baloncesto. Y anoche, tras culminar una de las hazañas individuales y grupales más históricas de la NBA, me rendí ante él, ante el Rey.

LeBron-James-Finales-NBA-2016-NBAesp-2

El trofeo Larry O’Brien conocerá el estado de Ohio por primera vez en su historia y lo hará gracias al hombre que prometió llevarlo a casa. Se fue a Miami para aprender lo que significaba ser campeón, ser el mejor del mundo, y volvió con una consigna: traer un anillo a Cleveland. Le han bastado dos años y sus terceras finales con los Cavaliers para cumplir su promesa —y cumplir una promesa a veces no es tan fácil.

Anoche, en el Oracle Arena de Oakland, LeBron James cayó al suelo en cuanto escuchó la bocina que anunciaba el final de uno de los Game 7 más emocionantes y disputados de las últimas décadas. Al contrario que el año pasado, cuando él y sus Cavs sucumbieron ante el mismo rival, esta vez James no estaba solo. Se abrazó con Irving, con Richard Jefferson e incluso lloró en los brazos de Kevin Love, esa pieza de su tablero que nunca consiguió hacer cuajar tal y como le hubiera gustado.

Sobre todo, lloró sobre la pista, la misma que le eleva un poco más en el Olimpo del baloncesto cada vez que la pisa. Liberó en un momento toda la emoción que había acumulado durante unas finales a 7 partidos en las que se erigió, con el permiso de Kyrie Irving, dueño y señor de los Cleveland Cavaliers.

LeBron-James-Finales-NBA-2016-NBAesp-1

LeBron James se marcha de las Finales NBA 2016 como líder de todos los apartados estadísticos: máximo anotador, reboteador, asistente, ladrón y taponador de ambos equipos. Pero su impacto va mucho más allá de los números. Tras los primeros cuatro encuentros se vio 3-1 abajo y sabiendo que ningún equipo en toda la historia había remontado un marcador así en unas finales. Entonces se puso el mono de trabajo y recordó que a él lo que siempre le ha gustado es romper los libros de historia y reescribirlos con su propia mano.

Encadenó dos partidos de más de 40 puntos consecutivos y un séptimo encuentro en el que hizo el primer triple-doble de un Game 7 en más de 25 años. Un séptimo encuentro en el que hubo hasta 20 cambios de ventaja en el marcador y que se decidió con una sucesión de acciones que marcaron el devenir del partido: un tapón de LeBron a Iguodala, una defensa de Love a Curry y un triple de Irving en la cara del actual MVP. Todo ello, para dar a Cleveland su primer anillo de campeón de la NBA.

La historia hace tiempo que le guarda un sitio a LeBron, pero tras lo conseguido en estas finales James cambió los datos de la reserva y firmó con tinta dorada. Hizo que todos, los que le odian y los que le quieren, los fans y los haters, se pararan por un momento a admirar la grandeza de sus logros. “Volví para darle un título a esta ciudad. Di todo lo que tenía, di mi corazón, mi sudor, mi sangre y mis lagrimas. Esto es vuestro, Cleveland”. Fueron las primeras palabras de un LeBron James para el que este título, después de dos anillos en Miami y cuatro premios MVP, sabía diferente.

Este anillo es distinto para él porque es el que más se le había resistido. Durante todas las finales, sobre todo cuando más negro lo tenían, Cleveland no creyó en imposibles e hizo de la supervivencia su carta de presentación, la única respuesta ante el mejor equipo de la historia de la temporada regular. Un récord, 73 victorias, que de poco sirve cuando no ganas el anillo, y es que el récord de los Warriors, sin anillo, es estéril; pero seguirá quedando para la historia, y más importante, para nuestra memoria.

Pocos anillos estuvieron tan cargados de valor emocional y significado como el que LeBron y los Cavaliers han ganado esta temporada. Durante las finales, James anotó, asistió o creó directamente 392 de los 703 puntos de los Cavaliers (56%, 56 puntos por partido). No hace falta ni decir que supone un récord histórico en finales NBA. Esta temporada, LeBron ha terminado de tirar abajo las puertas del cielo y cuando aún le quedan varios años hasta su retirada, ya pide a gritos su inclusión en el top 5 histórico de la liga.

Una liga que a día de hoy le pertenece y, aunque cueste admitirlo, lleva perteneciéndole casi diez años. Ya no son sus números ni sus récords; no son sus actuaciones ni tampoco sus anillos y premios MVP. Al final, lo que hace que LeBron James sea el mejor jugador del mundo es el momento en el que consigue incluso que se difumine la línea que separa el premio al ‘jugador más valorado’ del ‘mejor jugador’.

LeBron-James-Finales-NBA-2016-NBAesp-3

Follow my lead (seguid mi ejemplo), era la consigna pre-partido de LeBron James a los suyos durante cada encuentro de los Playoffs. Pocas veces una frase significó tanto para un equipo, que con su líder vestido de héroe, fue capaz de desafiar a la historia y labrarse un hueco en ella. Cleveland consigue así su primer anillo, pero la hazaña de LeBron James va más allá. El único jugador de la NBA actual capaz de hacer candidato al anillo a cualquier equipo. Ni siquiera Curry, MVP unánime de la temporada regular y uno de los mejores tiradores de la historia, sería capaz de transformar de esa manera a un equipo perdedor, de fraguar de la nada a todo un contender.

Y eso no es hablar mal de Stephen, sino maravillas de James. Termina liderando a los dos equipos de las las Finales en puntos (29,7), rebotes (11,3), asistencias (8,9), robos (2,6) y tapones (2,3) pero no es suficiente para cuantificar su impacto en la historia. Quizás no haya que hacerlo, a lo mejor somos nosotros que nos equivocamos al intentar ponerle números y cifras a todas sus actuaciones. Quizás, y solo quizás, son los propios fans de Cleveland los que mejor puedan describir lo que significa que el Rey haya vuelto a casa y les haya traído el anillo de campeones.

No le comparemos con Kobe, Magic o Jordan. No comparemos a LeBron con nadie, al menos hasta que termine su carrera. Las comparaciones son inútiles mientras una leyenda sigue creciendo. Lo dijo Adam Silver en la entrega del trofeo de campeón: “Volviste a casa para darle un campeonato a tu ciudad. Lo has conseguido”. Solo hay uno capaz de poner en perspectiva lo que James ha conseguido, y ese es el tiempo. El tiempo dirá como de grande hizo LeBron a Cleveland y como de grande se hizo a sí mismo.

Time Out 04×125: Final de temporada

Time Out 04×125 (Programa 470)

TIME OUT 04x125

Time Out 04×125

Con el programa de hoy ponemos punto y final a una intensa y emocionante temporada de la NBA. Gracias a todos los que habéis estado ahí una temporada más, escuchándonos cada noche en directo o bien bajando el podcast, nuestra única intención es pasar (y haceros pasar) un buen rato hablando de la NBA, si lo habéis pasado la mitad de bien que nosotros nos damos por satisfechos. ¡Que paséis un buen verano y nos vemos la temporada que viene!

Si quieres mantenerte informado sobre lo último de la NBA no puedes perderte Time Out, el programa de radio de NBAesp que se emite de lunes a jueves, de 23:00 a 00:00 en RFC Radio y en Radio4G USA.

Time Out 04×124: Cleveland Cavaliers, campeones

Time Out 04×124 (Programa 469)

TIME OUT 04x124

Time Out 04×124

En el programa de hoy de Time Out podrás encontrar nuestras secciones habituales: crónicas de los partidos jugados en la jornada de ayer, las últimas noticias y rumores que circulan en la NBA, previas de los partidos que se disputan esta noche, las recomendaciones de nuestro experto en apuestas para que puedas ganar un dinerillo (o no) y por supuesto vuestras inquietantes preguntas…

Si quieres mantenerte informado sobre lo último de la NBA no puedes perderte Time Out, el programa de radio de NBAesp que se emite de lunes a jueves, de 23:00 a 00:00 en RFC Radio y en Radio4G USA.

LeBron James cumple su sueño, los Cavaliers entran en la historia

Derrumbado en el suelo, llorando, así acabó LeBron James el partido más importante de su carrera profesional. Sí, por fin, había cumplido su sueño, había convertido a los Cleveland Cavaliers en campeones de la NBA y de paso había sellado su lugar entre los más grandes de la historia.

Nadie antes había remontado un 3-1 en las Finales de las NBA; nadie había llevado un anillo a la ciudad de Cleveland, que rompe así su maleficio de más de cincuenta años sin ningún título en las cuatro grandes ligas profesionales de Estados Unidos.

Para agrandar aún más la gesta, delante suyo, el mejor equipo de la historia en una temporada regular, unos Golden State Warriors del 73-9 que se fueron desdibujando con el paso de los playoffs. Ciertamente, hasta el séptimo partido no les habían derrotado tres veces consecutivas esta temporada.

Así ocurrió, y fue gracias a un tremendo triple de Kyrie Irving que encaró el final de la gran final a 53 segundos de la conclusión. Hacia más de tres minutos que ninguno de los equipos había anotado, agarrotados por la tensión y los nervios de la resolución definitivas, acuciados por el peso de la historia.

Irving desató el terremoto, pero el destino reservó la noche a LeBron James, que con un tiro libre a 10,6 segundos de su tercer título, saboreó la gloria eterna. Pam, victoria por 93-89 y MVP de las Finales sin discusión a pesar de que varios jugadores aportaron mucho más que un granito de arena a la excelente campaña de los de Ohio. Quizás, el tapón que le colocó a Andre Iguodala —vigente MVP de las Finales— fue otra señal de que los astros, esta vez sí, estaban con el ’23’ de Akron.

El Rey, el Elegido, terminó con 27 puntos, 11 rebotes y 11 asistencias en el séptimo, el tercer jugador en lograr un triple-doble en el choque decisivo por antonomasia. Kyrie, su fiel escudero y la auténtica magia de estas finales, sumó 26 tantos y, sobre todo, ese triple que quedará grabado a fuego en la memoria de los fans de los Cavs.

LeBron-Emotion

La otra cara de la moneda, por supuesto, fueron unos cabizbajos y desdibujados Golden State Warriors, que sin duda no lograron ser los mismos que arrasaron con todo el mundo en temporada regular. Stephen Curry acabó con 17 puntos, 5 asistencias y un rídiculo —y descriptivo— intento de triple que ni tocó aro; Klay Thompson, su Splash Brother, confirmó los malos augurios con 14 tantos y combinándose para un 6 de 24 en triples con su hermano de perímetro.

De hecho, los Cavs podrían haber arrasado de nuevo de no ser por Draymond Green. El todoterreno de la bahía se marcó un partidazo a la altura del histórico LeBron con 32 puntos, 15 rebotes y 9 asistencias. Su alma dio una oportunidad al bicampeonato a los suyos, pero el resultado no sorprendió a nadie y proclamó a los Cleveland Cavaliers como justos, justísimos, vencedores.

LeBron volvió a Cleveland para cumplir un sueño, para consumar su promesa, y entregar un anillo a su estado y a su ciudad. La historia, tras conseguir lo que nadie consiguió jamás —remontar un 3-1 en contra—, le reserva un lugar muy especial.

En las próximas horas, más contenido sobre las Finales NBA en NBAesp.com