Es una pena tener que hablar de algo tan natural como el llanto de Rudy Gobert cuando reflexionaba con los periodistas sobre su no elección para el All Star de la NBA. En 2019, en una liga que presume de ser la más avanzada en términos de implicación social y que además ha hecho grandes pasos respecto a la salud mental de sus jugadores, todavía hay jugadores que no entienden del todo bien en qué siglo viven.

La pasada semana, Gobert conoció que no había sido elegido como jugador reserva en el All Star que se disputará Charlotte entre el 15 y el 17 de febrero. Su reacción, además de la lógica frustración por no haber conseguido el codiciado premio en su mejor temporada en la liga, fue la de llorar de impotencia cuando recordó la llamada de su madre, indignada y preocupada, tras la decisión de los entrenadores de no incluirle en la lista definitiva.

Muchos compañeros de Gobert se solidarizaron con el pívot de los Utah Jazz, y criticaron a la liga por no valorar los méritos del mejor jugador defensivo del momento. Hasta aquí, todo bien. Una decisión polémica, criticable y nada más. El problema fue cuando aparecieron los machitos de la liga para burlarse de la reacción del francés.

El mal ejemplo de los campeones

Abrieron fuego dos miembros de los Golden State Warriors. Draymond Green y Andre Iguodala tuitearon el mismo día y a la misma hora. “Supongo que yo también debería llorar… ¿no Charlotte?”, disparó Green. Iggy no se cortó tampoco: “¿Ha ido a llorar al coche?” Green, que de luces tiene pocas, se olvidó que él también lloró (detrás de las cámaras) cuando fue seleccionado por primera vez a la gran cita festiva de la liga.

O quizás no se olvidó, y simplemente es un tipo sexista que piensa que llorar es de maricas, o cualquier bobada similar. “Sabía que estaba delante de las cámaras, y no querían que me mataran en Instagram, poniéndome cara de llorón en vez del Jordan Hall of Fame”, reconoció tras su elección en 2016.

Otro que mostró memoria selectiva fue Isaiah Thomas, que añadió un tuit con sorna: “Vamos familia, que ya somos muy grandes como para estar llorando así…” Hace menos de un año, Isaiah mostraba sus emociones en una carta dirigida a su madre. ¿Para qué iba a burlarse ahora? El jugador se disculpó a través de Twitter apenas una hora después de disparar su tuit, uno que al menos vio que quizás había patinado.

Quien tampoco se enteró de nada fue otro machote y de los buenos. Shaquille O’Neal le soltó lo siguiente: “Sé un hombre, en el baloncesto no hay lloros”. Ah, la eterna justificación de lo que debe ser un hombre y lo que no.

Si hay gente con más criterio en los vestuarios –que la hay–, esperemos que les recomienden a sus machitos que se callen la boca y hablen en la pista, y que dejen de decir burradas por las redes sociales o enseñar la minga en Snapchat, como bien le contestó Gobert al payasete de Green para callarle la boca.

En el deporte, donde muchos ponen el foco de atención en cualquier tontería, actitudes como la de negar el llanto a una persona deberían estar completamente censuradas. Incluso penalizadas, si se quiere mandar un mensaje tajante contra estos comentarios de raíz sexista y mentalidad cerrada. A Green, Iggy, Shaq –y tantos otros que esta vez callaron– es mejor ignorarlos.

No hay masculinidad o feminidad que se esconda detrás del acto de llorar. Lo que hay detrás, en todo caso, es un acto de humanidad. Y los deportistas son personas, como todos nosotros.