Joe Ingles y el éxito de ser rechazado [en Skyhook Magazine]

Joe Ingles con los Utah Jazz

Joe Ingles es un tipo sencillo, un australiano sureño que ha superado muchas barreras de expectativas en su carrera como jugador de baloncesto profesional. Primero con el Barcelona y ahora con los Utah Jazz, titular en uno de los equipos más dinámicos de la NBA actual, Joe Ingles sirve como ejemplo para quienes temen el fracaso. Esta es la historia de cómo pasó de no tener trabajo en Los Angeles a, en cuestión de años, convertirse en unos de los jugadores de moda de la liga estadounidense.

Hey cariño, no tengo trabajo. ¿Qué quieres hacer?”

Así recibió Joe Ingles a su esposa cuando esta aterrizó en Los Ángeles. Cuando Renae subió al avión en Australia, Joe era jugador de Los Angeles Clippers; a su llegada, 14 horas después, el alero australiano estaba de vacaciones. El buen humor con el que le comunicó el mazazo a su mujer explica muy bien por qué está de moda ser Joe Ingles.

En una época donde triunfa la extravagancia, Joe representa todo lo que sobre el papel ya no se lleva. Ingles, tras cinco años en la liga, todavía llega al pabellón con un jersey de los Jazz, unos tejanos y unas Converse negras.  “A mi me gustan mis zapas, no me vas a ver en esas cuentas de Instagram que recopilan los mejores looks del día. Me compro diez pares de Chucks negras [en referencia al clásico modelo de Converse Chuck Taylor’s] y tiro hasta que las gasto. Entonces pido 10 más y listos”, explicaba hace poco en el podcast que le dedicó el prestigioso periodista Adrian Wojnarowski…

[Lee el artículo completo en Skyhook Basketball Magazine]

Ni Jordan ni LeBron, Pete Maravich

[vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_column_text text_lead=»yes»]Ni Michael Jordan ni LeBron James. Pete Maravich debería haber sido el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, pero no lo fue y nunca lo será. Pistol Pete fue un visionario, un chaval tocado por la varita mágica que revolucionó el deporte de la canasta en los setenta. Si hubiera jugado en nuestros tiempos, sería trending topic a diario y el sujeto de incontables recopilaciones de Youtube, pero él no encontró su MTV, como Madonna, o los tabloides, como Donald Trump.

Pete fue una mezcla de Stephen Curry y J.R. Smith, pero lo fue demasiado pronto. Su talento prodigioso, combinado con su tendencia a la autodestrucción, le convirtieron en un jugador incomprendido. Todo ello, combinado con su afición por los extraterrestres, la bebida y Jesucristo, le convirtieron en el juguete roto por antonomasia.

En medio de una pachanga de baloncesto, de la misma manera en que empezó todo, un ataque de corazón se lo llevó con solo 40 años, un final trágico que desafortunadamente parecía escrito a medida. Nueve meses antes de su muerte, a Pete se le había roto el alma con la pérdida de su padre, Press, el hombre que explica su brillante carrera profesional y también su ruina personal.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»1″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ shape_dividers=»»][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ desktop_visibility=»yes» medium_visibility=»yes» medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73198″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»50″ override_padding=»yes» h_padding=»0″ top_padding=»0″ bottom_padding=»0″ back_color=»color-lxmt» overlay_alpha=»50″ equal_height=»yes» gutter_size=»0″ shift_y=»0″ row_height_use_pixel=»»][vc_column column_width_percent=»70″ position_vertical=»middle» override_padding=»yes» column_padding=»5″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][vc_custom_heading text_size=»h1″ text_height=»fontheight-357766″ text_font=»font-202503″ sub_lead=»yes» sub_reduced=»yes» text_uppercase=»» subheading=»— Press Maravich»]Tiene más presión que cualquier otro chico en toda América[/vc_custom_heading][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ override_padding=»yes» column_padding=»0″ back_color=»color-wayh» back_image=»73198″ overlay_alpha=»0″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]En el nombre del padre[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Press Maravich, hijo de inmigrantes serbios, vio su sueño de jugar a baloncesto roto poco antes del nacimiento de su primer hijo, Pete. Como otros muchos padres, no tardó demasiado en volcar todas sus aspiraciones vitales en su primogénito. Entrenado en la disciplina militar, Press se convirtió en un (magnífico) entrenador de baloncesto obsesivo y controlador y también se consumó como un malísimo jugador de póker.

Desde muy pequeño, Pete mostró unas habilidades sobrenaturales con la naranja, que no hicieron más que acrecentarse con las dementes rutinas de manejo de balón que le obligaba a realizar su padre. Ese niño botaba el balón en medio del cine e incluso desde la ventanilla de un coche en marcha, y más adelante en su trayectoria Pete reconoció que en su juventud se convirtió en un «androide del baloncesto».

Así, con el GPS mental programado rumbo a la fama, Pete fue creciendo a un ritmo despampanante. Todo el día pensaba en la canasta, y en el instituto se pasaba horas y horas estudiando a las estrellas del momento —nombres de calado como Oscar Robertson y Jerry West—. Eso sí, cuando se imaginaba a sí mismo en los momentos decisivos de un partido apretado, él no era ni Oscar ni Jerry, él era Pete Maravich.

En su etapa preuniversitaria, Pete ya atemorizaba a los rivales con actuaciones de más de 40 puntos, pero a la vez empezó a desarrollar los malos hábitos que convertirían su biografía en una tragedia. Lo primero es que no sabía decir basta, y por lo tanto entrenaba hasta que le sangraban las palmas y jugaba partidos lesionado; como su padre, era un adicto y un obseso, así que cualquier cosa que se proponía la hacía a lo grande.

Lo segundo es que si sus compañeros de equipo se bebían tres cervezas, él se tomaba ocho en el mismo rato y acababa metido en una pelea; de momento, todo eso se compensaba —a pesar de las resacas— con sus exhibiciones sobre la pista. Con menos de 18 años, esta era su frenética vida.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»1″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ shape_dividers=»»][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73194″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]Pistol[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Tras pasar su etapa en el instituto alejado de su padre, este obligó a Pete a unirse a su proyecto con los LSU Tigers de la Louisiana State University. En gran parte, Press utilizó el reclamo de llevar consigo a su hijo para conseguir el puesto de entrenador. Las expectativas eran muy altas, y a ese adolescente con peinado beatle-esco ya le llamaban un Globetrotter desteñido. Evidentemente, ni los más osados podían haber pronosticado lo que venía a continuación.

Pistol Pete —el apodo y el mito— nació de esa etapa universitaria. En LSU, un equipo corto de estatura y experiencia, el solista en medio de la orquesta que era Maravich brilló más que nunca. En sus cuatro años colegiales promedió unos números de escándalo: 44,2 puntos de media que acompañó de 6,5 rebotes y 5,1 asistencias de media. Estas cifras, de hecho, son más increíbles cuando te acuerdas de que en esa época no existía la línea de tres, y si le llamaban Pistol era precisamente por disparar desde cualquier distancia.

En toda la historia de la NCAA, nadie ha superado los 3 667 puntos totales que anotó Maravich entre 1967 y 1970. Cuando metía solo 40, el tío declaraba a los medios que estaba «de bajón», y lo relevante es que no estaba bromeando. Pete era un perfeccionista que nunca se daba por satisfecho. Él solo cargó con el peso del equipo, y su padre lo sabía muy bien —»tiene más presión que cualquier otro chico en toda América»—, pero tampoco le importaba.

Cuando superó el récord de anotación de Oscar Robertson, aunque él no lo sabía, Pete había alcanzado su cumbre deportiva. Poco después su padre dictaría sentencia antes de que su hijo diera el salto a la NBA: «es el mejor jodido jugador de baloncesto que jamás he visto».[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row row_height_percent=»65″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»0″ bottom_padding=»0″ back_color=»color-wayh» back_image=»73195″ back_position=»center center» parallax=»yes» overlay_color=»color-wayh» overlay_alpha=»25″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»»][vc_column column_width_percent=»100″ position_vertical=»middle» align_horizontal=»align_center» override_padding=»yes» column_padding=»2″ style=»dark» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/1″][vc_custom_heading heading_semantic=»h1″ text_size=»fontsize-155944″ text_height=»fontheight-357766″ text_font=»font-202503″ sub_lead=»yes» sub_reduced=»yes» text_uppercase=»» subheading=»— The Daily News»]Se pone el listón demasiado alto; ni él ni nadie podrían alcanzarlo jamás[/vc_custom_heading][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]El perfeccionista imperfecto[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Incluso antes de alcanzar la NBA, varios analistas de la época ya intuían los problemas del chico maravilla. Especialmente atinado fue el análisis de Gene Ward, de The Daily News: «Es un perfeccionista que nunca conseguirá la perfección. Se pone el listón demasiado alto; ni él ni nadie podrían alcanzarlo jamás, ya que es, antes que nada, un innovador».

En 1970, el niño prodigio abandonó el paraguas paterno y firmó el mejor contrato de la historia de la NBA —en ese momento— con los Atlanta Hawks. Allí, rodeado de jugadores negros, volvió a sumar otro elemento de presión a su ya pesada mochila vital. Era, como en su momento lo fue Jerry West, la gran esperanza blanca de un deporte eminentemente afroamericano.

La NBA era, por entonces, un espectáculo mucho más frío y conservador. El showtime, popularizado por Los Angeles Lakers de principios de los ochenta fue, en realidad, una invención de Pete y Press para arrancar sus curiosas rutinas de calentamiento. «Él era el verdadero showtime», les comentó Magic Johnson a los hijos del jugador tras su fallecimiento.

En los setenta, sin embargo, todas las filigranas de Pete era vistas como un elemento improductivo y, sobre todo, innecesario.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73197″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_column_text text_lead=»yes»]La derrota persiguió a Pistol también en su etapa profesional. Mientras él producía individualmente a un magnífico nivel, sus equipos nunca terminaban de despegar. Ante esta disyuntiva, Maravich se entregaba a la otra competición de su vida: la bebida. Algunos excompañeros le definieron como una esponja; lo que todos tenían claro es que el tío llevaba la cuenta de copas igual que la de los puntos, y que lo raro era cuando no se pillaba un pedo del copón antes de los partidos.

Tras cuatro temporadas en Atlanta, los New Orleans Jazz le reclutaron como estrella de su nuevo equipo de expansión. «Algo dentro de mi me decía que todavía tenía que superar cualquier cosa que hubiera hecho en el pasado. Pensé que la única manera de continuar siendo aceptado por el público era anotar 68 puntos noche tras noche», escribió en su autobiografía el jugador.

Se refería a su gran noche en el Madison Square Garden, el 25 de febrero de 1977. Pistol disparó 68 puntazos en el coliseo de los New York Knicks en una época en que solo Wilt Chamberlain y Elgin Baylor habían conseguido exhibiciones comparables. Era una ironía, pero toda la pasión y exaltación que él traía a las gradas le provocaban estrés y miseria. Le quedaban pocos años en la NBA, y nunca consiguió traducir sus dotes individuales en triunfos colectivos.

La puntilla fue su última etapa con los Boston Celtics, donde se acercó más que nunca al anillo que hubiera curado todas sus heridas —y lesiones, que en muchas ocasiones cortaron en seco sus mejores años. Tras quedarse a las puertas de la gran final, Pistol se retiró por un problema crónico en la rodilla en 1980. Al año siguiente, un tal Larry Bird y sus Celtics se harían con el título. Perdedor.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»1″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ shape_dividers=»»][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ desktop_visibility=»yes» medium_visibility=»yes» medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73196″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»50″ override_padding=»yes» h_padding=»0″ top_padding=»0″ bottom_padding=»0″ back_color=»color-lxmt» overlay_alpha=»50″ equal_height=»yes» gutter_size=»0″ shift_y=»0″ row_height_use_pixel=»»][vc_column column_width_percent=»100″ override_padding=»yes» column_padding=»0″ back_color=»color-wayh» back_image=»73196″ back_position=»center top» parallax=»yes» overlay_alpha=»0″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][/vc_column][vc_column column_width_percent=»70″ position_vertical=»middle» override_padding=»yes» column_padding=»5″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][vc_custom_heading text_size=»h1″ text_height=»fontheight-357766″ text_font=»font-202503″ sub_lead=»yes» sub_reduced=»yes» text_uppercase=»» subheading=»— Pete Maravich»]Pensé que la única manera de continuar siendo aceptado por el público era anotar 68 puntos noche tras noche[/vc_custom_heading][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]Ovnis y zumos naturales[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Para ahogar sus penas, Pete recurría a cualquier método. La bebida fue el más recurrente, pero Maravich también se pasó a la dieta vegetariana—en una ocasión pasó 25 días sin comer nada más que zumos naturales— y buscó respuestas en la ovnilogía. Entre otras excentricidades, pintó un mensaje dirigido a los extraterrestres en el tejado de su casa: TAKE ME, llevadme.

A pesar de encontrar un refugio terrenal en su esposa y dos hijos, Pete siguió muy vinculado a un sufrimiento más profundo, sus padres. Helen, su madre, se había suicidado en 1974 víctima del alcoholismo y la depresión. Después de su retirada, Maravich fantaseó en más de una ocasión con el suicidio. Por las noches no dormía, y se levantaba con las sábanas mojadas pensando en meter su Porsche a 200 por hora en el centro.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73207″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_column_text text_lead=»yes»]Sin el baloncesto, a Pete le costó encontrar motivos para seguir viviendo. Su aspecto se ensombreció, y ese guaperas con pintas de estrella de rock se quedó en una figura escuálida que miraba a su alrededor con los ojos vacíos. Cuando a su padre le diagnosticaron cáncer, todo dejó de tener sentido.

A Pete le costó soltar el cuerpo inerte de Press en el hospital. Su esposa Jackie recuerda que, cuando lo hizo, susurró un premonitorio «te veré pronto». A pesar de abrazar la religión cristiana con mucho fervor —y abandonar por fin su alcoholismo depresivo—, Pete Press Maravich fallecía nueve meses después a causa de un ataque cardíaco.

Quizás sea cierto que un corazón roto puede matar.[/vc_column_text][vc_column_text text_lead=»yes»]Sigue al autor en Twitter: @GuilleAlvarez41

Este relato se ha basado en el libro biográfico Pistol. La increíble historia de Pete Maravichde Mark Kriegel. Fotografías cedidas por Editorial Contra / Agencias.

Este artículo fue publicado originalmente en VICE Sports España.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Una anomalía llamada James Harden

[vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548101164009{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Es complicado catalogar a James Harden, la estrella que más brilla últimamente en la NBA. Él se define a sí mismo como un tipo raro, alguien unnormal, en un inglés mal hablado que usa también a propósito. La anomalía de la barba más célebre de la liga está alcanzado cotas cósmicas: lleva 19 partidos consecutivos por encima de los 30 puntos, el único jugador capaz de trenzar esta racha que no se apellida Chamberlain.

Vamos a ir rápido con los números. Su actual racha empezó el pasado 13 de diciembre con una exhibición de 50 puntos ante los Lakers. Exactamente un mes después, Harden daba la vuelta al mundo a golpe de titulares de prensa: 57 puntos que se comieron los Grizzlies. Los medios, exaltados, tuvieron que tirar de mucha elocuencia cuando, tan dos días después, The Beard se superaba a sí mismo con 58 tantos ante los Nets. Ese día, Harden empataba a Elgin Baylor –y el siempre presente Wilt Chamberlain– con su racha de 30+. En su último partido hasta la fecha, el bueno de James no se quedó corto con otros 48 puntos en su casillero, también encajados por los Lakers. Vamos, una racha de récord y redonda.

Harden lidera, como es obvio tras hojear sus cifras, la anotación en la NBA. Son 35,7 puntos por partido que están al nivel de las versiones más letales de Kobe Bryant y Michael Jordan, únicos en registrar cifras similares en la era moderna del baloncesto estadounidense. La pregunta que se hace todo el mundo ahora es también evidente: ¿cuándo terminará su racha? Según analizan en SportsBettingDime, las probabilidades de que Harden mantenga su racha de más de 30 puntos por partido durante más de 22 partidos es del 56%. La conclusión es que los números dicen que Harden no terminará de reventar el casillero ni hoy ni pasado mañana.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-155591″ isotope_mode=»packery» medias=»74788″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ single_text_reduced=»yes» lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3MjYxX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxNl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3ODk2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OTRfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548101105330{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

¿De qué rincón de la galaxia viene la Barba?

Olvidemos ya los números, que todos conocemos y podemos consultar a diario, y miremos hacia el pasado. ¿Quién demonios es James Harden? Nacido en Compton en 1989, su madre le apodó Lucky (afortunado) porque entre él y su hermana mayor había sufrido varios abortos naturales. Cuando James se consolidó en las entrañas de su madre, la familia albergaba pocas esperanzas.

James nació en un entorno complicado. Compton, un suburbio situado al sur de Los Ángeles, era uno de los lugares con mayor criminalidad en Estados Unidos en los noventa. Su madre y hermana aún recuerdan los constantes tiroteos. De su padre pocas memorias quedan, y la Barba jamás supo nada. La madre de Harden es una de las más implicadas en la asociación Mother’s of Professional Basketball Players, retratada a la perfección en el capítulo 55 del podcast El Reverso. Para él, su madre es un elemento clave del éxito. Ella le siguió a todas partes.

“Hay mucha gente que no tiene suficiente fuerza mental. Y allí la gente acaba en la cárcel o ya no está aquí entre nosotros”, explica Harden sobre la barriada de su infancia. Su madre usó el deporte para esquivar los peores augurios y alejar a sus tres hijos de las bandas. “Jugaba a baloncesto hasta la 1 o las 2 de la madrugada, era mi trabajo”, recuerda el 13 de los Houston Rockets en un documental de ESPN. El joven Harden pasaba de las chicas –le tiró un balón a la cara a una como respuesta a sus flirteos– y solo se dedicaba a la canasta.

A pesar de todas esas horas en la cancha, Harden tenía varios escollos por delante. El primero era su condición de asmático, y en el instituto recuerdan que se ahogaba con cierta frecuencia. Otras cosa que recuerdan: no levantaba ni una pesa y comía bloques de queso enteros en una merienda. “La verdad es que podía hacer poca cosa. Era lento, muy lento”.

Un rara avis del baloncesto, sus compañeros se fijaron que James empezaba a emular a un argentino de moda en la NBA, un tal Manu Ginóbili. El euro-step entró en la vida de Harden pronto, y poco a poco le fue convirtiendo en lo que es ahora, un regateador sin parangón en la liga. Una vez graduado, las mejores universidades del país se fijaron en su talento. Él, fiel a sus rarezas, eligió seguir a su entrenador de instituto a Arizona State, una universidad promedio, y seguir marcando su ritmo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-155591″ isotope_mode=»packery» medias=»74789″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ single_text_reduced=»yes» lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3MjYxX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxNl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3ODk2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OTRfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548099209559{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Un sexto hombre en la penumbra

El Harden universitario empezó a salir en los titulares. También empezó a dejarse la barba porque le hacía parecer más adulto. En las fotos de esa época se le ve algo gordete, un problema que no trasladó al profesionalismo. Con Oklahoma City Thunder, James tuvo que armarse de paciencia. Lo hizo tan bien que se convirtió en el mejor sexto hombre de la liga, una receta que propulsó al trío formado junto a Kevin Durant y Russell Westbrook a las Finales de la NBA de 2012. Perdieron.

Harden todavía piensa en esa época en Oklahoma. “¿Qué hubiera pasado si…?”, se pregunta por dentro. Cuando fue traspasado, cuando su relación con los Thunder se rompió de repente, la Barba pensaba que estaba condenado al papel de sexto hombre para siempre. A pesar de ello, vivió la separación como un divorcio. “Estábamos tramando algo grande, íbamos a por varios campeonatos consecutivos”, asegura. Lo que ocurrió es que el 13 no aceptó una propuesta renovación que le dieron a última hora, y Sam Presti, GM de OKC, lo traspasó en una operación relámpago a los Rockets.

De la noche a la mañana, el sexto mejor hombre del año pasó de la penumbra al centro del escenario. En su primer partido con su nuevo equipo cayeron 37 puntos, y en el segundo 45. “Esos dos encuentros me dieron la confianza necesaria. Vi que esto podía ser bueno”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74790″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548101230378{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

¡Houston, Houston, ha nacido una estrella!

Desde su llegada a los Rockets, Harden ha ido progresando exponencialmente. Con Mike D’Antoni, que le ha situado en la posición de uno, la Barba ha capitalizado al máximo sus habilidades. “Cuando intentan cambiar las reglas, o poner nuevas de por medio, por culpa de una persona quiere decir que estás muy por delante de la competencia”, opina su entrenador sobre una de las especialidades de Harden: sacar faltas de la absoluta nada. Para el 13, su estilo solo “intenta crear una ventaja”, los oponentes y detractores definen esas faltas como pura basura.

Harden universalizó su icónica Barba a base de exhibiciones anotadoras y una capacidad incesante de mejora. No ha habido año que no haya subido sus cifras del curso anterior. Anotador puro y duro, no se queda corto a la hora de repartir juego: 8,5 asistencias este año. El juego le ha propulsado, pero lo que ha encumbrado al Harden estelar es su estilo fuera de la cancha.

Posado serio, ropa estrafalaria, su tremenda barba. Todo conjuga para que el tipo sea un peso pesado. Su carácter, abierto a cualquier cosa, también le ha convertido en uno de los jugadores más deseados por las marcas. Si algo tiene Harden es que no deja a nadie indiferente. “Me entra comida en esta mierda todo el rato”, se mofa de su valor más preciado, la barba. La máquina de anotar es, también, una máquina de vender.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74791″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548099503766{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

El acento en el liderazgo

Harden recibió muchas críticas en su primera etapa con los Rockets, la que compartió con Kevin McHale de entrenador. Fue su antiguo preparador quién disparó más duro contra su expupilo: “James puede ver todos los pases, hacerlo todo, pero no es un líder”. Esas palabras llegaron al inicio de la temporada pasada, y los resultados de la misma le acabaron dando la razón a la Barba.

Houston estuvo más cerca que nunca de doblegar la dinastía de los Golden State Warriors, amos y señores del salvaje Oeste NBA. Con un 3-2 a favor en las Finales de Conferencia, una lesión de Chris Paul cortó la dinámica colectiva de los Rockets y dejó a Harden demasiado al descubierto. El superequipo liderado por Curry, Durant, Thompson y Green aprovechó esa debilidad y avanzó sin volver a mirar atrás hacia su segundo campeonato seguido. Era lo esperado, pero fue el baloncesto único de Harden quien puso en jaque la fórmula ganadora de los de la bahía.

Este año, los Rockets añadieron a Carmelo Anthony a su receta, que salió rana. Rectificaron a tiempo y descartaron a la estrella de sus planes. Desde entonces, y con varias lesiones de compañeros de por medio –Chris Paul, Clint Capela y Eric Gordon se han perdido muchos partidos este año–, James Harden ha enderezado él solito el rumbo de su franquicia.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74792″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548099818211{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Individualista, ¿y qué?

Para muchos, el baloncesto de Harden es tremendamente individualista, prácticamente onanista. Una exaltación egoísta que casa poco con los últimos tiempos que han visto con mejores ojos los valores colectivos, léase los Warriors o los Spurs, y hoy en día también los Celtics o los Raptors. Pero esta visión que pretende marginar a Harden se olvida de la otra cara de la moneda. En estas fiestas corales del pasado reciente siempre hubo una antítesis llamada LeBron James, otra fuerza descomunal que por sí sola derribó a cualquier competencia en el Este durante ocho temporadas consecutivas.

Comprado con el Rey, lo de la Barba parece una anécdota. Sí, su dominio del juego ofensivo es absurdo, y se carga a los rivales hagan lo que hagan. Si se le tiran demasiado encima, fuerza la falta; si le dejan respirar, les acribilla desde cualquier distancia; si le vigilan de cerca, se desvanece con un par de quiebros y anota la bandeja fácil.

Otra línea de ataque contra el actual MVP de la NBA es la defensa. Harden no es un gran defensor, ni tampoco ha pretendido serlo nunca. Eso sí, sus críticos parecen tener memoria selectiva, ya que esa crítica no es común escucharla sobre otro referente del baloncesto del siglo XXI. ¿Qué tal defiende Stephen Curry? ¿No?

Lo de James Harden es un espectáculo de un hombre contra el mundo, un tipo que siempre ha seguido caminos poco frecuentados pero que, a punto de entrar en sus 30, ha encontrado las puertas del Olimpo. La Barba es una anomalía, y como cualquier anomalía en esto del baloncesto, deberíamos aprender a valorarla y disfrutarla al máximo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»color-vyce» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fguillealvarez41||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Sigue al autor en Twitter[/vc_button][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»accent» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fnbaesp||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Siguenos en nuestras redes[/vc_button][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74794″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI4In0sIjczMzgyX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9fQ==»][/vc_column][/vc_row]

Los narcos y el balón (VI): Pee Wee Kirkland, el Al Capone del crossover

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Richard Pee Wee Kirkland fue uno de los mejores jugadores en pisar Rucker Park, el Maracaná del baloncesto callejero. De hecho, nunca se ha establecido fehacientemente quién fue el mejor, pero la discusión orbita entre su figura y la de Joe Hammond, su compañero de equipo y cuadrilla en los Milbank Pros, un equipo que en los setenta tosía en la cara a las mejores escuadras profesionales de la ABA y la NBA.

Si Pee Wee ha pasado a un segundo plano de los libros de historia del deporte es porque, al contrario que Caron Butler, decidió apostarlo todo a ser un camello. Y no fue un camello cualquiera, ya que el Financial Times estimó que en su momento acumuló hasta 30 millones de dólares, una fortuna que le situaría por delante de gángsters televisivos como Frank Lucas. “Yo no pensaba en los números. Me llamaban el Banco de Harlem, y mis asociados se aseguraban de que cualquier comercio o emprendedor con problemas acudiera a mi para prestarle dinero y quedarnos los intereses. Si eran personas con problemas personales, normalmente no les pedíamos la vuelta”, asegura Pee Wee en esta entrevistaa con VladTV.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-155591″ isotope_mode=»packery» medias=»74705″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ single_text_reduced=»yes» lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3MjYxX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxNl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3ODk2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OTRfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1547573945013{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

¿Segundón en la NBA? De eso nada

En 1968, Kirkland aterrizó en los Chicago Bulls en la decimotercera ronda del Draft. Jamás jugó un minuto en la NBA tras salir disparado del equipo después de una discusión con Dick Motta durante la pretemporada y desaprovechar una segunda oportunidad con los San Diego Rockets. Esos problemas tan prematuros en su trayectoria eran comprensibles: Pee Wee combinó su aterrizaje en la liga con la pertenencia a una banda neoyorquina de lavado de dinero, tráfico de drogas y robo de joyas. Cuando le draftearon, Kirkland ya era un hombre rico, tenía todo el lujo material que podía ofrecerle la NBA.

El contrato que rechazó con los Bulls era de 40.000 dólares, y él ya había ganado más de 900.000 por aquel entonces. Además, Motta no planeaba ponerle en el quinteto titular, y él no contemplaba otra cosa que no fuera ser el primero de la lista… en todo lo que hacía.

Después de su relación fallida con el profesionalismo, Pee Wee volvió a Nueva York para seguir desarrollando sus talentos y reinar en su manada. No renunció al baloncesto y formó equipo con otras estrellas de Milbank –Hammond, Eric Cobb…– para competir en las canchas de Rucker Park. Los tres veranos siguientes terminó como mayor anotador de una liga callejera que, en ese momento, contó con la participación de profesionales como Julius Erving, Charlie Scott y Tiny Archibald. “Fue el rival más duro al que me he enfrentado”, le elogió la leyenda de los Boston Celtics y campeón de la NBA en 1980.

“Era un jugador muy ágil, y siempre me preguntaba cómo es que vestía tan bien”, recordaba su excompañero Bernard Branch. Kirkland asistía a su cita con el asfalto y los aros metálicos con una pistola escondida en su bolso, que combinaba con largos abrigos, sombreros ladeados, cuellos de pico, colores chillones y su peinado afro de película, que todavía conserva intacto. “Muchos jugadores intentaron copiar su juego porque tenía la sustancia”, le elogió la revista SLAM hace unos cuantos veranos, en un especial sobre el baloncesto callejero y sus figuras. La substancia era aquella magia reservada a cuatro gatos tocados por la varita mágica, a los rebeldes de esa época callejera hoy altamente rememorada.

Con estas pintas, estaba cantado que Pee Wee era un gran jugador y algo más. En 1971, después de sus consecutivas exhibiciones de verano en Rucker Park, Red Holzman, entrenador de los New York Knicks, le invitó a probar con el equipo. A los pocos días de recibir esa oportunidad del vigente campeón de la NBA, la policía arrestó a Kirkland: conspiración, narcotráfico –su principal fuente de ingresos era la heroína–, tenencia ilícita de armas, evasión fiscal y obstrucción de la justicia. 15 años de sentencia y 10 cumplidos en total en el penal de Lewisburg.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ back_image=»74704″ parallax=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_column_text]

Todo tiene que ver con el timing: treinta años atrás era parte del problema; treinta años después soy parte de la solución”.

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Leyenda entre rejas

Kirkland salió de la cárcel renovado, no sin encontrar de nuevo en el baloncesto el hilo conductor de su historia. Entre barrotes montó un equipo que arrasó en la liga penitenciaria, y el tío apareció en las noticias de todo el país cuando su banda aplastó a un conjunto lituano por 228 a 47. ¿Es Kirkland otro Chamberlain?, se preguntaba el Philadelphia Inquirer. “Tiroteo en Lewisburg”, ironizaba el Washington Post. El ‘Al Capone del crossover’, como le bautizaron en la época, se fue hasta los 135 puntos. Un escándalo.

“Hablamos de uno de los más grandes jugadores anónimos de todos los tiempos, de un anotador compulsivo, un increíble dominador del balón que descubrió al mundo del baloncesto el ‘crossover-dribble’ como gesto técnico, igual que Pete Maravich hizo con el ‘behind-the-back-dribble’ o Earl Monroe con el ‘shake-and-bake’, pulsiones íntimas que sólo el paso del tiempo terminaría disociando de la pura galería”, reflexionaba el erudito Gonzalo Vázquez para ACB.com.

“Lo primero que hace la cárcel a un persona es hacerle sentirse un perdedor”, reflexiona Kirkland sobre su experiencia entre rejas. “Yo junté a trece tipos que no tenían confianza en sí mismo, ninguna esperanza de futuro, y les di algo por lo que luchar, algo de lo que sentirse orgullosos”. Así nació el Pee Wee que conocemos ahora, el tipo al que los alumnos llaman profesor y los jugadores entrenador. Desde que salió del penal en 1981, Kirkland se ha dedicado a corregir el rumbo de los jóvenes desorientados como mentor, preparador y motivador… de clínic en clínic, de aula en aula.

“Así se juega al baloncesto, un juego al que siempre gané; y así es como lidias con la vida, un juego que una vez perdí”. Ese es el mensaje que tiene grabado en su cabeza, la esencia de lo que les quiere transmitir a sus interlocutores, que le escuchan por motivos que él no rehusa o edulcora. “Mi pasado criminal es lo que más respetan”, explicaba en un perfil de ESPN. “No intento glorificar mis errores, pero por eso tengo su atención… cuando alguien ha estado en su posición y va a esos barrios y clarifica las consecuencias reales de ese estilo de vida, ese es un mensaje que escuchan”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74703″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1547574573455{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Las contradicciones del narco

Pee Wee vive rodeado por la contradicción. Los chavales, todo el mundo, parece glorificar en estos tiempos el estilo de vida de los gángsters. ¿Cómo explicar sino el boom de las series de televisión, el establecimiento de una cultura pop alrededor de tipos como Pablo Escobar o el crecimiento del hip-hop en su momento? “La cultura hip-hop lo controla todo” decía Kirkland en 2009. Hoy quizás sería otra evolución de la misma, o la cultura trapera en España, con una reflexión de fondo no muy distinta. “Todo es discutir y todo el mundo lleva pistolas porque es el mensaje que transmite la música. Los jóvenes no se lo piensan”. La contradicción es suya, de la sociedad y nuestra, ¿por qué estoy escribiendo una serie como los narcos y el balón? Nadie se salva.

Un tipo como Kirkland tiene respuesta para todo, incluso para mi última cavilación y sin que él jamás haya hablado conmigo. “Todo tiene que ver con el timing: treinta años atrás era parte del problema; treinta años después soy parte de la solución”. A Pee Wee se le ve muy cómodo en su papel de predicador y consejero aventajado, relajado con sí mismo y sin carga de conciencia, a pesar de que todavía hay muchos claroscuros sobre su vida. ¿Dónde está todo el dinero que no encontró la policía? ¿Por qué su madre acabó manchada por sus operaciones de lavado de dinero?

En varias entrevistas, Kirkland no ha dudado en callar como calló ante la policía. Jamás implicó a sus compinches, jamás contó todo el engranaje de sus operaciones a nadie. En un reportaje de VICE Sports le soltó al periodista que, si le diera respuesta a todas esas preguntas, acabaría en la tumba. Los interrogantes siguen pesando, y ahora quizás solo es cuestión de fe. Eso sí, es contundente respecto a su pasado como gángster: “Hacer lo malo es como esa vieja expresión… No puedes seguir haciendo la misma mierda y esperar diferentes resultados. La mierda es mierda, y huele a mierda. Eso no va a cambiar, confía en mí”.

Pee Wee Kirkland eligió mal en la vida, posteriormente corrigió su camino y, finalmente, quedará como una de las grandes leyendas anónimas de la historia del baloncesto. Una leyenda, como cantaban los Clipse en Grindin’, en dos juegos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»color-vyce» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fguillealvarez41||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Sigue al autor en Twitter[/vc_button][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»accent» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fnbaesp||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Siguenos en nuestras redes[/vc_button][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74702″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI4In0sIjczMzgyX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9fQ==»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1547574640868{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Este artículo forma parte de la serie escrita para VICE en 2017 sobre la relación entre el narcotráfico y el deporte, que ahora centramos en la convulsa historia que entrelaza el baloncesto, la droga y la cultura NBA.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Los narcos y el balón (V): Caron Butler, de camello a campeón NBA

[vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1545063249996{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Has perdido a tu mejor amigo; te han disparado alguna vez?” Son reflexiones duras, mucho más si las materializa un joven de 16 años que lleva medio mes aislado en una celda de confinamiento. Muchas horas en solitario, solo una hora de luz al día. Ese fue el momento que cambió la vida de Caron Butler, un chico de barriada pobre de Wisconsin que pasó de aspirar a convertirse en traficante de drogas a convertirse en campeón NBA.

El sur de Racine, Wisconsin, donde nació Butler, fue uno de los principales focos del tráfico de drogas en Estados Unidos durante las décadas de los ochenta y noventa. Allí, Butler creció en el seno de una familia monoparental y rodeado de malos ejemplos a seguir: tipos con cadenas de oro, coches de fantasía y Rolex en la muñeca. Sí, vendedores de droga.

“Mi madre tenía varios turnos de día y de noche, y cuando le tocaba dormir no lo hacía, entonces nos cuidaba a mí y a mi hermano pequeño. Todavía no sé como lo hizo”, reflexiona Butler en un fragmento radiofónico para Only a Game. Ante esa situación, el pequeño Caron se vio obligado desde bien chiquito a trabajar como repartidor de periódicos. “Intentaba comprarme zapatillas y ropa a la última moda, pero era insuficiente”. Butler recabó de nuevo en esos tipos que ostentaban por las plazas del barrio sus coches de lujo y joyería de varios quilates.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-155591″ isotope_mode=»packery» medias=»74396″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ single_text_reduced=»yes» lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3MjYxX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxNl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3ODk2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OTRfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1545058495299{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Un camello precoz

Con 12 años se hizo con su primer paquete de marihuana y empezó a hacer carrera. Ganó 38 dólares en su primera venta. “Intenté construir mi clientela, era muy peligroso. Mucha gente moría, había tiroteos cada día. Y había que protegerse de todo eso, pero en ese momento no veía ningún otro futuro, más allá no había nada”, recuerda. Por entonces, Butler era un chaval alto, y destacaba por encima del resto de sus compañeros. El baloncesto era un pasatiempo, y él jamás se hubiera imaginado haciendo carrera en el instituto, y mucho menos en una universidad rumbo a la NBA. “El futuro para mí era la siguiente hora, el próximo minuto, nada más”.

Con 16 años, la policía irrumpió en el instituto de Butler. Él buscó una ventana por donde escapar, y la ventana no estaba allí. La policía le esposó delante de sus compañeros; habían encontrado cocaína en su taquilla… también una pistola. La madre de Butler, que le acompañó al correccional de Ethan Allen dentro del bus penitenciario, lloró durante los 90 kilómetros de recorrido. Fue uno de los pensamientos recurrentes del chaval durante su encierro. Se sentía avergonzado, y cuando salió se propuso mantenerse ocupado en cosas positivas.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ back_image=»74385″ parallax=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_empty_space empty_h=»5″][vc_column_text]

“Fui al agujero, me cambió, me humilló estar allí dentro. No fue una cosa concreta lo que cambió mi rumbo, pero sí me dí cuenta en ese preciso momento”.

[/vc_column_text][vc_empty_space empty_h=»5″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1545063680476{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Al perderse dos años de escuela pública, necesitaba encontrar 500 dólares para ingresar en un centro privado y poder aspirar a una beca universitaria. Su familia no tenía ese dinero, claro, así que volvió a mirar hacia el pasado. Por suerte, lo hizo con un planteamiento bien distinto. Se dirigió a uno de los camellos del barrio y le pidió una oportunidad. El tipo le contestó: “Tío, veo que quieres mantenerte alejado de esto, así que te voy a dar el dinero para que, cuando vuelvas aquí, les enseñes a los niños que hay otras maneras de tirar adelante”. Ese camello, que salió de prisión en 2016, jamás le pidió que le devolviera ese favor.

El Burguer King y el poli bondadoso

Butler empezó a entrenar más duro que nunca, entró en la escuela preparatoria y lo combinó todo con trabajos de poca monta. Uno de esos trabajos, en el Burger King –del que ahora es dueño de varias franquicias–, le salvó de hundirse de nuevo en 1998. Una noche la policía irrumpió en su domicilio y encontró 15 gramos de crack en el garaje. Le podrían haber caído 10 años, pero el inspector jefe del caso, Rick Geller, pensó que algo no encajaba en el caso.

“Había muchos detalles que no cuadraban. Pude hablar con él dentro de la casa, y tenía quemaduras en la mano. Le pregunté por ellas, y me dijo que era de trabajar en el Burger King. Después le cacheamos y solo llevaba once dólares en la cartera”. El equipo de intervención le encontró debajo de las sábanas y con síntomas de estar enfermo. Hablando con el inspector, al joven Caron se le escapaban las lágrimas… estaba ante otro cruce de caminos, pero su destino no estaba en sus manos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74393″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1545061543355{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Geller, en un gesto poco habitual y más aún sabiendo el historial de la policía estadounidense frente a la población afroamericana, decidió que Butler era inocente, a pesar de que sus antecedentes –14 detenciones antes de los 15 años y su posterior paso por el correccional– no sumaban a su causa. A día de hoy no se sabe si esos 15 gramos eran suyos o no, pero el policía dejó claro que tomó la decisión de liberarlo con la convicción de que, en todo caso, Butler no estaba metido en el negocio de la droga en esa época. En 2015, Butler y Geller comparecieron juntos en la Casa Blanca para contar su historia.

Su tropiezo con Geller y la policía fue el último gran escollo del jugador rumbo a la universidad, a la que llegó como un huracán. Nadie dudaba por entonces de su talento. En su segundo año con la UConn (Universidad de Conneticut) consiguió liderar a su equipo al segundo mejor puesto del Este en la NCAA, aunque no llegaron lejos en las eliminatorias. Sus 20.2 puntos y 7.5 rebotes le valieron el premio de jugador del año en el Big East.

Butler lo había conseguido. Tras espantar todos sus fantasmas, había logrado la beca universitaria y además había dejado huella. La NBA anotó su nombre, estaba listo para el draft, estaba a un solo paso de cambiar su destino para siempre.

El resto de la historia, la de un campeón NBA, es de sobras conocida.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»color-vyce» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fguillealvarez41||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Sigue al autor en Twitter[/vc_button][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»accent» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fnbaesp||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Siguenos en nuestras redes[/vc_button][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1545062250519{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Caron Butler disputó 16 temporadas NBA defendiendo las camisetas de Miami Heat, Los Angeles Lakers, Washington Wizards, Dallas Mavericks, Milwaukee Bucks, Los Angeles Clippers, Oklahoma City Thunder, Detroit Pistons y Sacramento Kings. En 2011 se proclamó campeón de la NBA con los Mavs. Durante su carrera fue elegido dos veces All-Star NBA (2007-2008) y miembro del All-Rookie team en 2003. Más info aquí.

En 2015, Butler publicó su autobiografía Tuff Juice: My journey from the streets to the NBA.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74395″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI4In0sIjczMzgyX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9fQ==»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1545062896174{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Este artículo continúa la serie escrita para VICE en 2017 sobre la relación entre el narcotráfico y el deporte. En los próximos reportajes centraremos la atención en la convulsa historia que entrelaza el baloncesto, la droga y la NBA.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Tipster NBAesp: Analizando Betfair

De ahora en adelante, a modo de ‘feedback’ llevaremos a cabo un pequeño artículo mensual con la casa de apuestas que hayamos utilizado, así os facilitaremos la opción de meter o no vuestro dinero en según qué casas de apuestas. Esperemos que os resulte útil a muchos.

Este  pasado mes de Noviembre  hemos llevado a cabo nuestras apuestas a través de Betfair; fundada en 1999, es uno de los mayores proveedores internacionales de apuestas deportivas online. Además de apuestas deportivas, ofrece una variedad de productos de juego online. Betfair ha apoyado activamente el desarrollo de los deportes españoles, incluyendo haber sido patrocinador del FC Barcelona en el pasado.

La casa de apuestas deportivas Betfair ofrece a sus nuevos usuarios un Bono de Bienvenida formado por cinco apuestas gratuitas de 20 € cada una de ellas, llegando a una cantidad total bonificable de hasta 100 €. Después de realizar cinco apuestas de 10 € a una cuota mínima de 1,5 y Betfair te regalará una apuesta por importe de 20 €. Y así en cinco ocasiones, llegando al total de 100 € de regalo en apuestas deportivas. Ten en cuenta que tienes un plazo como máximo de hasta 30 días desde el registro de tu cuenta para realizar estas apuestas, después caducará este bono. Tras finalizar los eventos en que has realizado tus primeras apuestas, salgan ganadoras o perdedoras, Betfair te habilitará una nueva apuesta por el importe de 20 €.

Esto se repetirá en cinco ocasiones cada vez que realices cinco apuestas, llegando a una cantidad total de bono de bienvenida de hasta 100 €. Por lo tanto tenemos que hay que hacer un mínimo de 25 apuestas de 10 euros cada una (como mínimo) a cuota @1.50 o superior para recibir 100 € de manera gratuita donde además solo te llevarás las ganancias de lo que apuestes, nunca el total. Así pues, debes de mover 250 € como mínimo en 30 días, teniendo en cuenta que hay casas de apuestas que te piden mover en ese mismo tiempo 6 veces la cantidad ingresada se puede ver que es un bono factible de cara a una persona que apueste diariamente, como por ejemplo en la NBA. Resumiendo, es un bono factible si apuestas regularmente pero no nos convence el método de dar un bono en apuestas gratuitas, preferimos otro tipo de bono.

En el apartado promociones vemos que cada semana tienen promociones nuevas, sobretodo en el mercado de fútbol que es el deporte rey en este país:

Vemos que la mayoría de bonos se trata de incentivar a apostar una cantidad mínima para llevarte una free bet. Si nos fijamos expresamente en el mercado de baloncesto, durante este mes ha habido pocas promociones, únicamente la que vemos en pantalla, si apuestas 10 € durante el fin de semana a baloncesto te regalan 5 euros, bastante poquito pero más que otros portales de apuestas.

También tienen una herramienta para usuarios que les encanta combinar muchos partidos con una cuota muy alta, cosa que no recomendamos para nada ya que a la larga solo perderás dinero. La herramienta se llama «Seguro Edge» y esto trata de «asegurar» tus combinadas para que en caso de fallar una de las apuestas de la combinada te reembolsan lo apostado. Funciona a partir de tener 3 selecciones y te asegura la apuesta a cambio de bajar la cuota, generalmente entre el 20% y el 40%  del total de la cuota. Una herramienta que a priori parece bastante útil pero que nosotros no utilizamos ninguna vez ya que no somos partidario de combinar más de 2 partidos.

Antes de entrar a valorar los mercados, me gustaría hablaros un poco de la web en general. Como veis esta todo bien organizado, es fácil y rápido acceder a los diferentes mercados, hay un poco de publicidad en la parte superior sobre las promociones de ese día o semana pero nada grave. Además, su servicio al cliente es excelente ya que te atienden al instante mediante chat y tienes otras vías de contacto como e-mail y teléfono.

 

Ahora si vayamos ahora al «Mercado NBA» que es por lo que estamos aquí. Para nosotros es la mejor casa de apuestas en lo que a NBA se refiere, es la primera casa de apuestas en sacar cuotas, línea de puntos y mercado de jugadores, cosa que es muy significativa para nosotros ya que solemos estar pendientes desde bien temprano sobre el baile de cuotas que suele haber. Así pues, desde temprano tienen ya una serie de mercados estándar que se van ampliando a media que va llegando la hora de jugarse los partidos. También, cuentan con una serie de hándicaps de equipos y de líneas de puntos bastante extensa, lo que le añade bastante valor a las personas que quieren combinar partidos pero que no se acaban de fiar de la línea marcada. Puede suponer una ‘molestia’ el hecho de que no sean Hándicaps Asiáticos (en caso de coincidir la diferencia se declara como nula, no así en el caso de los normales) a diferencia de la mayoría de apuestas que sí los ofrecen, pero dada la variedad en cierto modo lo arreglan.

También tienen mercados interesantes como por ejemplo triples anotados por un jugador, ambos equipos anotan «X» puntos (Suele estar en 90 y/o 100 puntos), Puntos + rebotes de un jugador, puntos + asistencias de un jugador y muchos mercados más. De esta manera creemos que es obligatoria la visita a primera hora de la mañana pero también 1 o 2 horas antes de que empiece la jornada, ya que habrán añadido diferentes mercados interesantes si eres un loco de la estadística.

En resumen, es una casa de apuestas obligatoria para todos los usuarios que apuesten en NBA, gran mercado, cuotas antes que otras casas de apuestas, servicio al cliente excelente y un bono de apuestas que a nosotros no nos acaba de agradar pero que es factible sacarlo en el tiempo que te piden. Casa de apuestas muy recomendable.