El ‘plan P’: todo al rojo

Los Chicago Bulls no consiguieron engatusar a Carmelo Anthony, y por eso utilizaron el plan P. Les salió bien por el proyecto deportivo, la historia del equipo, el carácter del entrenador y, definitivamente, por la resolución de Pau Gasol. “Todo al rojo”, debió recitar –en su mente, arengándose a sí mismo– el español.

Al final, la decisión de Pau, además de a horas de meditación, responde a una apuesta al todo o nada, al tercer anillo en un margen de tres años, lo que le pueden quedar a las piernas del dos veces campeón con los Lakers. Que Carmelo no aterrizara allanó el camino para que los Bulls pudieran endulzar la oferta económica, que será presumiblemente de unos 22 millones de dólares por tres cursos –el último, con derecho a decidir (ahora que se lleva en nuestras latitudes) para Pau–.

Atrás quedan las también suculentas ofertas –hablamos más allá de los fajos verdes– de los San Antonio Spurs (¡Vigentes campeones y agoreros del producto internacional!) y de los Oklahoma City Thunder, que hicieron un esfuerzo inédito y gallardo único en su historial de búsqueda y captura de agentes libres.

PauGasol_Bulls_16Pau ha apostado todo su capital, su alma deportiva, a la ciudad del viento. Allí podría concluir su carrera, en la casa de su ídolo Michael Jordan, el 23 eterno del baloncesto. El equipo de Benny el toro es siempre candidato –más o menos tímido, según respondan las maltrechas rodillas de su estrella Derrick Rose– al anillo de campeón de la NBA. Eso quería Pau como primera condición, marcamos la casilla número 1 del formulario del éxito.

Hombre de mundo, “del renacimiento” que diría Phil Jackson, Pau Gasol necesitaba aterrizar en una ciudad cosmopolita. No será ni de lejos Los Ángeles o Nueva York, pero quizás era la única opción en la NBA que presentaba una oferta mínimamente comparable.

Rascacielos y buscavidas, y un par de millones de personas embutidas en atascos infinitos (como en LA) y metros apabullados (como en NY). Vale, sí, le falta el mar y la playa… No todo es perfecto –ante emergencias, en todo caso, allí estará el lago Michigan–.

Vamos, que Chicago no está nada mal, hay vidilla y libre albedrío a montones. Es, después de LA o NY, la tercera urbe más grande de los Estados Unidos. Marcamos también, dos de dos.

¿Qué más? Los minutos de juego, que hubieran sido probablemente altos –nivel pitorreo de los últimos Lakers, casi seguro– en los Thunder o los Knicks (que también tuvieron que tachar a Pau de su lista de amores). En San Antonio, quizás el proyecto deportivo más sólido en vistas al codiciado anillo, Pau debería haber renunciado a su condición de primera espada. Eso sí, madre mía la que hubieran liado juntos con Timmy, Tiago y Boris… Popovich habrá derramado alguna lagrimilla. En Chicago, vamos al grano, los minutos estarán a la altura de sus expectativas. Eso sí, los de Illinois están en proceso de empaquetar a Carlos Boozer, que ocupa muchos millones y dos sillas del banquillo.

Ya contamos con tres casillas marcadas. Y por si a la tercera no iba la vencida, podemos sumar bonificaciones. Como en todas las cosas, en un mundo capitalista, el dinero también habrá jugado su papel. A los Spurs, buenos gestores pero no Jenaro García (Gowex, informense), poco les quedaba al pasar por caja. Lo mismo que ocurría en la constelación biestelar de los Thunder. Y los Knicks, querían a Melo tanto que no podían dar un cheque en blanco (relativo) a Pau. Los Bulls, cargándose a Boozer (vamos, ¿todavía no lo han hecho?), podían/podrán cumplir mejor que el resto. Así de sencillo.

PauGasol_Lakers_Legacy

Cuatro motivos de peso, que se suman a una idea que a Pau ya le había rondado por la cabeza. El romance con los Bulls dura años, los mismos que los Lakers se empecinaron en desmerecer al pívot español con amagos de traspasos frustrados por doquier. Los Ángeles siempre estuvo muy alto en la lista de preferencias de Pau, pero el peso de la realidad ha acabado con toda opción seguir vistiendo el uniforme púrpura y oro.

Aunque le duele, Pau marcha porque en casa están de reformas. Yo no sé que debe estar pensando Kobe Bryant, cuando ve que la incorporación estrella es, hasta nuevas noticias que no llegan, Jeremy Lin… En todo caso, adiós a la fanfarria hollywoodiense. La película –el cuento, el relato o lo que prefieran– ha llegado hace tiempo a los créditos. Pau ha sido ese espectador que se queda hasta que han salido los 300 extras, los 200 técnicos y el tipo que sujeta el ventilador para dar más vida a la cabellera de la estrella de turno. (Kobe va rapado, pero vaya…)

“Como en cualquier elección y tratándose de deporte, el éxito nunca está garantizado, pero hay motivos suficientes para pensar que una vez más Pau ha actuado con inteligencia, su valor más preciado y clave en el desarrollo de su enorme carrera”, reflexiona Juanma Iturriaga. Lo resumen genial en el título de la pieza, un color adecuado.

Los Angeles Lakers v Chicago BullsLlega como segundo plato, o más bien como un primero recalentado. A pesar de ello, a Tom Thibodeau le cazaron a medio almuerzo unos periodistas con la noticia. “¡Pau Gasol!”, simplificó entre bocado y bocado de una pizza de esas gigantes que te sirven en cualquier esquina entre rascacielos (Sí, lo de la pizza es una licencia). Su respuesta, directa. Él sí le quiere, y mucho. La afición quería el Carmelo más dulce, pero Pau aporta su dosis de azúcar.

Grant Huges analiza lo mejor y lo peor que puede pasar con el plan P en Bleacher Report. Lo mejor sería que Gasol superara toda las dudas que despierta su condición física y que, con su habilidad en el tiro zonal, abriera espacios para los tiradores. Eso permitiría que los Bulls volvieran a subir en los rankings ofensivos de la liga.

Juntar uno de los ataques más fiables –pongamos Top 10 a malas– con una de las mejores defensas sería la confirmación de que Chicago vuelve a ser un candidato sólido al título. Sin el balón, queda claro, reside el mayor reto de Pau en esta nueva etapa. Aguantar el ritmo militar de Thibs y recordar lo que significa la arenga DEFENSE, DEFENSE! que los iluminados Lakers se olvidaron de practicar con las malograda pareja Mike’s –Mr. Potato vs. Mr. Pringles, ¿quién fue peor?– en el banquillo.

Y bien, ¿Le sentará bien el rojo? En Estados Unidos muchos rotativos le han puesto la etiqueta de premio de consolación. Sea lo que sea, al menos el tono de sus próximas temporadas ha ganado en brillo y contraste. Luchará por el anillo, rodeado de una escuadra mucho más competitiva que los Lakers y, tenga éxito o no, podrá volver a recuperar la ilusión perdida por su oficio, su pasión, en la ciudad donde se elevó el más grande. Los sueños surcan en la ciudad del viento.

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«Me incliné por Chicago por un instinto, por mi corazón porque pensé que me iría mejor en general. Es una decisión atrevida y favorable para mí», dice él.

Fotografía: El País Semanal / NBAE – Getty Images / Lakers.com

LeBron James: «Vuelvo a casa»

Carta íntegra de LeBron James en Sports Illustrated, traducida al castellano

Screen Shot 2014-07-11 at 20.07.54Antes de que a nadie le importara dónde jugaría al baloncesto, era un chico del noreste de Ohio. Es donde caminé. Es donde corrí. Es donde lloré. Es donde sangré. Tiene un lugar muy especial en mi corazón. Sus gentes me han visto crecer. A veces siento que soy su hijo. Su pasión puede ser abrumadora. Pero me impulsa. Quiero darles esperanza ahora que puedo. Quiero inspirar porque puedo. Mi relación con el noreste de Ohio es más grande que el baloncesto. No me di cuenta de ello  hace cuatro años. Lo hago ahora.

Os acordáis de cuando estaba allí sentado en el Boys & Girls Club en 2010? Estaba pensando, ‘esto es realmente difícil’. Pude sentirlo. Estaba abandonando algo que había pasado mucho tiempo creando. Si tuviera que hacerlo todo de nuevo, obviamente haría las cosas de forma diferente, pero igualmente hubiera partido. Miami, para mí, ha sido prácticamente como la escuela para el resto de niños. Estos últimos cuatro años me han ayudado a criar la persona que soy hoy. Me convertí en mejor jugador y mejor persona. Aprendí de una franquicia que había viajado donde yo quería ir. Siempre consideraré a  Miami mi segunda casa. Sin las experiencias que he vivido allí, no podría hacer lo que estoy haciendo hoy.

Antes de que a nadie le importara dónde jugaría al baloncesto, era un chico del noreste de Ohio… Tiene un lugar muy especial en mi corazón

Fui a Miami por D-Wade y CB (Bosh). Hemos hecho sacrificios para mantener a UD (Haslem). Me ha encantado convertirme en un hermano mayor para Rio. Creí que podríamos hacer algo mágico si nos juntábamos. ¡Y eso es exactamente lo que hicimos! Lo más difícil es dejar lo que construí con esos chicos. He hablado con algunos de ellos y voy a hablar con el resto. Nada cambiará nunca lo que hemos logrado. Somos hermanos de por vida. También quiero dar las gracias a Micky Arison y Pat Riley por regalarme cuatro años increíbles.

Estoy haciendo esta disertación porque quiero la oportunidad de explicarme sin interrupciones. No quiero que nadie piense: Él y Erik Spoelstra no se llevaban bien… Él y Riley no se llevaban bien… Los Heat no pudieron armar al equipo adecuado. Eso no es para nada la verdad.

No haré ninguna conferencia de prensa o fiesta. Después de esto, es hora de ir a trabajar.

Yo siempre  he creído que regresaría a Cleveland para terminar mi carrera. Lo que no sabía era el momento.

Cuando me fui de Cleveland, estaba en una misión. Yo estaba buscando campeonatos, y hemos ganado dos. Pero Miami ya conocía ese sentimiento. Nuestra ciudad no ha tenido esa sensación en mucho, mucho, mucho tiempo. Mi objetivo sigue siendo ganar tantos títulos como sea posible, no tengo dudas. Pero lo que es más importante para mí es traer un trofeo al noreste de Ohio.

Yo siempre  he creído que regresaría a Cleveland para terminar mi carrera. Lo que no sabía era cuándo. Después de la temporada, el período de agente libre ni siquiera estaba en mi mente. Pero tengo dos hijos y mi esposa, Sabana, está embarazada de una niña. Me puse a pensar acerca de cómo sería criar a mi familia en mi ciudad natal. Miré las opciones que me daban otros equipos, pero no iba a salir de Miami para ir a cualquier lugar, excepto en Cleveland. Cuanto más tiempo pasaba, más correcto parecía. Esto es lo que me hace feliz.

ComeBack_LeBron_Cavaliers

Para dar el paso necesitaba el apoyo de mi esposa y mi madre, que pueden ser complicadas. La carta de Dan Gilbert, los abucheos de los aficionados de Cleveland, las camisetas quemadas… ver todo eso fue difícil para ellas.  Tenía emociones encontradas. Era fácil decir: «Bueno, no quiero tratar con esta gente nunca más.» Pero entonces piensas desde la perspectiva del otro: ¿Qué ocurriría si yo fuera un chico que admiraba a un atleta, y ese atleta me hiciera querer mejorar mi propia vida, y luego se marchara? ¿Cómo reaccionaría yo? Me he reunido con Dan, cara a cara, de hombre a hombre. Ya lo hemos soltado. Todos cometemos errores. He cometido errores también. ¿Quién soy yo para guardar rencor?

LeBron_James_Cleveland_Cavaliers_6No estoy prometiendo un campeonato. Sé lo difícil que es cumplir esa promesa. Ahora no estamos listos. De ninguna manera. Por supuesto, quiero ganar el año que viene, pero soy realista. Será un proceso largo, más que en 2010. Mi paciencia será puesta a prueba. Ya lo sé. Voy hacia una situación que me coloca en un equipo joven y con un nuevo entrenador. Yo seré el líder vetusto. Pero se me eriza la piel al pensar que puedo reunir a un grupo y ayudarles a llegar a un lugar al que desconocían que podían ir. Ahora me veo como un mentor y estoy emocionado de ayudar a algunos de estos talentosos jóvenes. Creo que puedo ayudar a Kyrie Irving y convertirlo en uno de los mejores bases de nuestra liga. Creo que puedo ayudar a elevar el juego de Tristan Thompson y Dion Waiters. Y no puedo esperar a reunirme con Anderson Varejao, uno de mis compañeros de equipo más queridos.

Mi vocación hacia este lugar está por encima del baloncesto… Estoy listo para aceptar el reto. Vengo a casa.

Pero esto no tiene nada que ver con la plantilla o la organización. Siento que mi vocación hacia este lugar está por encima de baloncesto. Tengo la responsabilidad de liderar, en más de una forma, y me lo tomo muy en serio. Mi presencia puede marcar la diferencia en Miami, pero creo que puede significar mucho más en mi hogar. Quiero hacer ver a los chicos del noreste de Ohio –como los cientos de chavales de Akron que asisto a través de mi fundación– que no hay mejor lugar para crecer que aquí. Quizás algunos de ellos lleguen a casa después del instituto y ayuden a levantar una familia o abrir un negocio. Eso me haría sonreír. Nuestra comunidad, que ha batallado tanto, necesita todo el talento que pueda conseguir.

En el noreste de Ohio, nada se da. Todo se gana. Trabajas para lo que tu tienes.

Estoy listo para aceptar el reto. Vengo a casa.

Traducción de Guille Álvarez

© NBAesp.com / SI.com

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El hombre tranquilo y su legado indestructible

Tim Duncan es un jugador de otra galaxia, y lo prueban los cinco anillos que ocupan hoy en día una de sus manos de seda. Cinco campeonatos y un papel siempre sigiloso, que le ha llevado hasta lo más alto pasando mucho más desapercibido que jugadores que jamás han llegado a flirtear con Larry O’Brien (el trofeo, no la persona). Él es, sin embargo, uno de los mejores –o el mejor– jugadores de baloncesto del siglo XXI. A los cinco anillos hay que sumarle dos premios al Jugador Más Valioso de la liga y tres MVP de las Finales NBA, mejor que otras leyendas del momento como Kobe Bryant o LeBron James y sumando enteros respecto a los mitos del baloncesto del siglo pasado.

Tan grande y tan modesto. Humilde y nada presuntuoso, Tim Duncan ha sido la verdadera cara reconocible de todos los triunfos de la franquicia que ha dominado los últimos tres lustros, de un equipo que siempre ha estado entre los mejores desde que le eligieron en 1997 como número uno del draft. Ese chico de las islas vírgenes mamó como rookie de la experiencia de históricos como David Robinson. No defraudó y revitalizó al conjunto texano con unos promedios tremendos en su temporada de estreno de 21 puntos, 12 rebotes, casi 3 asistencias y 2.5 tapones por encuentro. La dupla interior que formó con su mentor, Robinson, causó estragos en la mayoría de equipos del territorio norteamericano. En 1999, en su tercer año, los Spurs consiguieron su primer anillo y él se alzó con el MVP de las Finales.BqO0mcICEAAJYjt

Más tarde, además de llegar a promedios de 26 puntos y 13 rebotes en ciertas temporadas, llegaron las incorporaciones que permitirían a los suyos consolidarse como el gran equipo del siglo naciente. Con Tony Parker, un francés, y con Manu Ginobili, argentino, los Spurs asentaron la cultura más internacionalista y europeísta de la historia de la NBA. Gregg Popovich fue sin duda vital, promoviendo un estilo de juego basado en lo colectivo, lo solidario, lo justo y lo sacrificado.

La patente proporcionó tres anillos más en 2003, 2005 y 2007, dando pie a las estúpidas pero habituales creencias deportivas de los estadounidenses. El año impar se convirtió en Spur, el par permitió el triunfo de otros. A pesar de ser quizás el mejor Big Three contemporáneo, los Spurs mantuvieron siempre un estatus bajo. Nunca fueron los más ricos, ni los más excéntricos ni los más famosos. Lisa y llanamente fueron y son unos trabajadores natos, ejemplares. Un orgullo pseudo-marxista ya que, tampoco nos engañemos, de pobres no estamos hablando.Legado Duncan

Tim Duncan es el mejor ejemplo de todo ello, de como Popovich articuló una máquina perfecta que, a pesar de no ganar año tras año como las dinastías angelinas, célticas y toreras, siempre mantuvo un estilo firme y unas convicciones fuertes. Para competir, las estrellas no pidieron aumentos descabellados de sueldo, sino mejores compañeros a los que amablemente cedieron parte de sus (posibles) ingresos. La fórmula fue menguando en popularidad –si es que alguna vez la tuvo en la ostentosa cultura estadounidense– ya que entre 2007 y 2012 los Spurs quedaron huérfanos de Finales.

Con 36, y en año impar, Duncan y sus hidalgos venidos de alrededor del planeta –San Antonio ha sido el equipo más internacional por lo menos en las últimas dos temporadas–, se plantaron en unas Finales contra Miami Heat, vigentes campeones de la liga. Hicieron lo de siempre, el sello eterno que perdurará en el recuerdo de quiénes les han visto jugar y que otros muchos usaran como inspiración. Atacaron bien, defendieron fuerte y acariciaron el anillo en el sexto encuentro de unas finales con un cierre cruel y desgarrador. Miami giró la eliminatoria con un golpe de efecto tan duro, con un triple de Ray Allen sobre la bocina,  que abortó de facto el definitivo séptimo encuentro. Un sueño roto y de paso, una creencia irracional (el año impar) combatida a su pesar.

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Enterrados por afición y prensa, se predijo el final de una época, la retirada de los viejos (MUY viejos, decíamos) rockeros. Al contrario, hoy asistimos a la quinta corona presentada en El Álamo. La revancha ante los mismos Heat, ante el rey LeBron y ante la comunidad de escépticos a la filosofía de los Spurs. Aprendida la lección, no tiene por que ser la última vez que les veamos coronados. ¿Quizás en la próxima campaña?

Y en todo esto, durante más de quince años, Tim Duncan siempre estuvo en primera línea y, a la par, en la penumbra. Glorioso, épico y efectivo pero igualmente silencioso entre un mar de príncipes y reyes del baloncesto. Todavía pocos le incluyen entre los diez o veinte mejores de la historia, a pesar de que sus números son los del mejor ala-pívot de la historia –tiene delito, mirando en retrospectiva, que la prensa española y los aficionados pusiéramos a Pau Gasol por delante suyo durante un buen trecho–. Sus números, su palmarés y un juego impecable que sigue siendo óptimo a sus 38 años le convierten en leyenda viva y en activo.

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Cumplirá 39 el próximo curso y por sus palabras seguirá jugando hasta el cuerpo le diga basta. Entre semidioses y herederos de Michael Jordan, Timmy ha forjado una legado indestructible que debería, ahora ya sí, colocarle en el Top 15 (siendo modestos) de mejores jugadores de la historia.

Él no dirá nada, no reclamará su puesto, porque como ha hecho hasta ahora, no tiene que hablar más que dentro de la cancha para ganarse al pueblo. Duncan es eterno.