LeBron James: «Vuelvo a casa»

Carta íntegra de LeBron James en Sports Illustrated, traducida al castellano

Screen Shot 2014-07-11 at 20.07.54Antes de que a nadie le importara dónde jugaría al baloncesto, era un chico del noreste de Ohio. Es donde caminé. Es donde corrí. Es donde lloré. Es donde sangré. Tiene un lugar muy especial en mi corazón. Sus gentes me han visto crecer. A veces siento que soy su hijo. Su pasión puede ser abrumadora. Pero me impulsa. Quiero darles esperanza ahora que puedo. Quiero inspirar porque puedo. Mi relación con el noreste de Ohio es más grande que el baloncesto. No me di cuenta de ello  hace cuatro años. Lo hago ahora.

Os acordáis de cuando estaba allí sentado en el Boys & Girls Club en 2010? Estaba pensando, ‘esto es realmente difícil’. Pude sentirlo. Estaba abandonando algo que había pasado mucho tiempo creando. Si tuviera que hacerlo todo de nuevo, obviamente haría las cosas de forma diferente, pero igualmente hubiera partido. Miami, para mí, ha sido prácticamente como la escuela para el resto de niños. Estos últimos cuatro años me han ayudado a criar la persona que soy hoy. Me convertí en mejor jugador y mejor persona. Aprendí de una franquicia que había viajado donde yo quería ir. Siempre consideraré a  Miami mi segunda casa. Sin las experiencias que he vivido allí, no podría hacer lo que estoy haciendo hoy.

Antes de que a nadie le importara dónde jugaría al baloncesto, era un chico del noreste de Ohio… Tiene un lugar muy especial en mi corazón

Fui a Miami por D-Wade y CB (Bosh). Hemos hecho sacrificios para mantener a UD (Haslem). Me ha encantado convertirme en un hermano mayor para Rio. Creí que podríamos hacer algo mágico si nos juntábamos. ¡Y eso es exactamente lo que hicimos! Lo más difícil es dejar lo que construí con esos chicos. He hablado con algunos de ellos y voy a hablar con el resto. Nada cambiará nunca lo que hemos logrado. Somos hermanos de por vida. También quiero dar las gracias a Micky Arison y Pat Riley por regalarme cuatro años increíbles.

Estoy haciendo esta disertación porque quiero la oportunidad de explicarme sin interrupciones. No quiero que nadie piense: Él y Erik Spoelstra no se llevaban bien… Él y Riley no se llevaban bien… Los Heat no pudieron armar al equipo adecuado. Eso no es para nada la verdad.

No haré ninguna conferencia de prensa o fiesta. Después de esto, es hora de ir a trabajar.

Yo siempre  he creído que regresaría a Cleveland para terminar mi carrera. Lo que no sabía era el momento.

Cuando me fui de Cleveland, estaba en una misión. Yo estaba buscando campeonatos, y hemos ganado dos. Pero Miami ya conocía ese sentimiento. Nuestra ciudad no ha tenido esa sensación en mucho, mucho, mucho tiempo. Mi objetivo sigue siendo ganar tantos títulos como sea posible, no tengo dudas. Pero lo que es más importante para mí es traer un trofeo al noreste de Ohio.

Yo siempre  he creído que regresaría a Cleveland para terminar mi carrera. Lo que no sabía era cuándo. Después de la temporada, el período de agente libre ni siquiera estaba en mi mente. Pero tengo dos hijos y mi esposa, Sabana, está embarazada de una niña. Me puse a pensar acerca de cómo sería criar a mi familia en mi ciudad natal. Miré las opciones que me daban otros equipos, pero no iba a salir de Miami para ir a cualquier lugar, excepto en Cleveland. Cuanto más tiempo pasaba, más correcto parecía. Esto es lo que me hace feliz.

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Para dar el paso necesitaba el apoyo de mi esposa y mi madre, que pueden ser complicadas. La carta de Dan Gilbert, los abucheos de los aficionados de Cleveland, las camisetas quemadas… ver todo eso fue difícil para ellas.  Tenía emociones encontradas. Era fácil decir: «Bueno, no quiero tratar con esta gente nunca más.» Pero entonces piensas desde la perspectiva del otro: ¿Qué ocurriría si yo fuera un chico que admiraba a un atleta, y ese atleta me hiciera querer mejorar mi propia vida, y luego se marchara? ¿Cómo reaccionaría yo? Me he reunido con Dan, cara a cara, de hombre a hombre. Ya lo hemos soltado. Todos cometemos errores. He cometido errores también. ¿Quién soy yo para guardar rencor?

LeBron_James_Cleveland_Cavaliers_6No estoy prometiendo un campeonato. Sé lo difícil que es cumplir esa promesa. Ahora no estamos listos. De ninguna manera. Por supuesto, quiero ganar el año que viene, pero soy realista. Será un proceso largo, más que en 2010. Mi paciencia será puesta a prueba. Ya lo sé. Voy hacia una situación que me coloca en un equipo joven y con un nuevo entrenador. Yo seré el líder vetusto. Pero se me eriza la piel al pensar que puedo reunir a un grupo y ayudarles a llegar a un lugar al que desconocían que podían ir. Ahora me veo como un mentor y estoy emocionado de ayudar a algunos de estos talentosos jóvenes. Creo que puedo ayudar a Kyrie Irving y convertirlo en uno de los mejores bases de nuestra liga. Creo que puedo ayudar a elevar el juego de Tristan Thompson y Dion Waiters. Y no puedo esperar a reunirme con Anderson Varejao, uno de mis compañeros de equipo más queridos.

Mi vocación hacia este lugar está por encima del baloncesto… Estoy listo para aceptar el reto. Vengo a casa.

Pero esto no tiene nada que ver con la plantilla o la organización. Siento que mi vocación hacia este lugar está por encima de baloncesto. Tengo la responsabilidad de liderar, en más de una forma, y me lo tomo muy en serio. Mi presencia puede marcar la diferencia en Miami, pero creo que puede significar mucho más en mi hogar. Quiero hacer ver a los chicos del noreste de Ohio –como los cientos de chavales de Akron que asisto a través de mi fundación– que no hay mejor lugar para crecer que aquí. Quizás algunos de ellos lleguen a casa después del instituto y ayuden a levantar una familia o abrir un negocio. Eso me haría sonreír. Nuestra comunidad, que ha batallado tanto, necesita todo el talento que pueda conseguir.

En el noreste de Ohio, nada se da. Todo se gana. Trabajas para lo que tu tienes.

Estoy listo para aceptar el reto. Vengo a casa.

Traducción de Guille Álvarez

© NBAesp.com / SI.com

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El hombre tranquilo y su legado indestructible

Tim Duncan es un jugador de otra galaxia, y lo prueban los cinco anillos que ocupan hoy en día una de sus manos de seda. Cinco campeonatos y un papel siempre sigiloso, que le ha llevado hasta lo más alto pasando mucho más desapercibido que jugadores que jamás han llegado a flirtear con Larry O’Brien (el trofeo, no la persona). Él es, sin embargo, uno de los mejores –o el mejor– jugadores de baloncesto del siglo XXI. A los cinco anillos hay que sumarle dos premios al Jugador Más Valioso de la liga y tres MVP de las Finales NBA, mejor que otras leyendas del momento como Kobe Bryant o LeBron James y sumando enteros respecto a los mitos del baloncesto del siglo pasado.

Tan grande y tan modesto. Humilde y nada presuntuoso, Tim Duncan ha sido la verdadera cara reconocible de todos los triunfos de la franquicia que ha dominado los últimos tres lustros, de un equipo que siempre ha estado entre los mejores desde que le eligieron en 1997 como número uno del draft. Ese chico de las islas vírgenes mamó como rookie de la experiencia de históricos como David Robinson. No defraudó y revitalizó al conjunto texano con unos promedios tremendos en su temporada de estreno de 21 puntos, 12 rebotes, casi 3 asistencias y 2.5 tapones por encuentro. La dupla interior que formó con su mentor, Robinson, causó estragos en la mayoría de equipos del territorio norteamericano. En 1999, en su tercer año, los Spurs consiguieron su primer anillo y él se alzó con el MVP de las Finales.BqO0mcICEAAJYjt

Más tarde, además de llegar a promedios de 26 puntos y 13 rebotes en ciertas temporadas, llegaron las incorporaciones que permitirían a los suyos consolidarse como el gran equipo del siglo naciente. Con Tony Parker, un francés, y con Manu Ginobili, argentino, los Spurs asentaron la cultura más internacionalista y europeísta de la historia de la NBA. Gregg Popovich fue sin duda vital, promoviendo un estilo de juego basado en lo colectivo, lo solidario, lo justo y lo sacrificado.

La patente proporcionó tres anillos más en 2003, 2005 y 2007, dando pie a las estúpidas pero habituales creencias deportivas de los estadounidenses. El año impar se convirtió en Spur, el par permitió el triunfo de otros. A pesar de ser quizás el mejor Big Three contemporáneo, los Spurs mantuvieron siempre un estatus bajo. Nunca fueron los más ricos, ni los más excéntricos ni los más famosos. Lisa y llanamente fueron y son unos trabajadores natos, ejemplares. Un orgullo pseudo-marxista ya que, tampoco nos engañemos, de pobres no estamos hablando.Legado Duncan

Tim Duncan es el mejor ejemplo de todo ello, de como Popovich articuló una máquina perfecta que, a pesar de no ganar año tras año como las dinastías angelinas, célticas y toreras, siempre mantuvo un estilo firme y unas convicciones fuertes. Para competir, las estrellas no pidieron aumentos descabellados de sueldo, sino mejores compañeros a los que amablemente cedieron parte de sus (posibles) ingresos. La fórmula fue menguando en popularidad –si es que alguna vez la tuvo en la ostentosa cultura estadounidense– ya que entre 2007 y 2012 los Spurs quedaron huérfanos de Finales.

Con 36, y en año impar, Duncan y sus hidalgos venidos de alrededor del planeta –San Antonio ha sido el equipo más internacional por lo menos en las últimas dos temporadas–, se plantaron en unas Finales contra Miami Heat, vigentes campeones de la liga. Hicieron lo de siempre, el sello eterno que perdurará en el recuerdo de quiénes les han visto jugar y que otros muchos usaran como inspiración. Atacaron bien, defendieron fuerte y acariciaron el anillo en el sexto encuentro de unas finales con un cierre cruel y desgarrador. Miami giró la eliminatoria con un golpe de efecto tan duro, con un triple de Ray Allen sobre la bocina,  que abortó de facto el definitivo séptimo encuentro. Un sueño roto y de paso, una creencia irracional (el año impar) combatida a su pesar.

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Enterrados por afición y prensa, se predijo el final de una época, la retirada de los viejos (MUY viejos, decíamos) rockeros. Al contrario, hoy asistimos a la quinta corona presentada en El Álamo. La revancha ante los mismos Heat, ante el rey LeBron y ante la comunidad de escépticos a la filosofía de los Spurs. Aprendida la lección, no tiene por que ser la última vez que les veamos coronados. ¿Quizás en la próxima campaña?

Y en todo esto, durante más de quince años, Tim Duncan siempre estuvo en primera línea y, a la par, en la penumbra. Glorioso, épico y efectivo pero igualmente silencioso entre un mar de príncipes y reyes del baloncesto. Todavía pocos le incluyen entre los diez o veinte mejores de la historia, a pesar de que sus números son los del mejor ala-pívot de la historia –tiene delito, mirando en retrospectiva, que la prensa española y los aficionados pusiéramos a Pau Gasol por delante suyo durante un buen trecho–. Sus números, su palmarés y un juego impecable que sigue siendo óptimo a sus 38 años le convierten en leyenda viva y en activo.

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Cumplirá 39 el próximo curso y por sus palabras seguirá jugando hasta el cuerpo le diga basta. Entre semidioses y herederos de Michael Jordan, Timmy ha forjado una legado indestructible que debería, ahora ya sí, colocarle en el Top 15 (siendo modestos) de mejores jugadores de la historia.

Él no dirá nada, no reclamará su puesto, porque como ha hecho hasta ahora, no tiene que hablar más que dentro de la cancha para ganarse al pueblo. Duncan es eterno.

Redención, anillo y leyenda para los San Antonio Spurs

363 días atrás, Ray Allen se elevó para arrebatar en un suspiro el anillo cantado de losSan Antonio Spurs y darle el doblete a los Miami Heat posteriormente en el séptimo. Casi un año con la herida abierta, ensangrentando la memoria de grandes campeones. Concienciados, mimando el juego colectivo que les ha encumbrado y amando el más puro baloncesto, los Spurs cuidaron sus opciones al máximo en la que fue su gran revancha, la redención esperada y culminada con un anillo ganado en casa como si nada, con un 104-87 en el marcador y un 4-1 categórico sobre unos Heat venidos a menos.

En el último encuentro, solventado por la vía rápida, San Antonio saboreó el éxito absoluto. Nada pudo hacer un rival atropellado en su globalidad, superado en todos sus niveles y tan solo defendido por un solitario –como si hubiera vuelto a Cleveland– LeBron James. Desde el banquillo, con 31 puntos, 10 rebotes y 5 asistencias a sus espaldas, el astro de Miami contuvo las lágrimas. La emoción se desbordó con la bocina final para los hombres de Gregg Popovich

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La crónica completa del campeonato de San Antonio en Vavel.com

… El baloncesto le debía una a la franquicia que lleva 15 años en la élite encajando victorias y derrotas con la misma deportividad y humildad. Y por encima de todo, les debía y debe mucho al equipo, al entrenador y al Big Three que han sido más fieles a su estilo –el fair play, el baloncesto colectivo y el sacrificio– durante más años consecutivos. Un equipo que pasará a la historia, un afición que rebosa de orgullo y alegría en Texas.

En el podio, los Spurs arroparon a un emocionado Kawhi Leonard, el más joven de todas las finales (22 años) y el más importante de todos. Carcajadas de Gregg Popovich, la voz quebrada de un eterno Tim Duncan y las sonrisas más sinceras para los nuevos campeones de la NBA 2014. No se despiden todavía, la leyenda proseguirá el próximo curso. De momento, las vacaciones se las merecen todos.

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Demasiados Spurs para tan pocos Heat

TonyParkerSpursHeatGame4Lección aprendida para los San Antonio Spurs, que ganaron a los Miami Heat de forma cómoda y contundente (107-86) por segunda noche de Finales NBA consecutiva. Demasiados Spurs y muy pocos Heat en una paliza de principio a fin, en la confirmación de que los recursos de los que dispone Gregg Popovich (incluido él mismo) son mucho mejores y mayores de los que disfruta Erik Spoelstra (incluido, claro, él mismo). Los Spurs aprendieron a no aflojar, a no permitir que Miami reviviera lo que ya estaba sentenciado en la segunda mitad. Así fue, ya que los Heat no bajaron de los dobles dígitos (y de la veintena) en casi la globalidad del segundo cuarto y posteriormente el segundo tiempo. Hacía más de un año que no repetían el sabor de la derrota de forma consecutiva en la postemporada.

Como un engranaje perfecto, pensado para triturar al rival con porcentajes de vértigo en ataque y al mismo tiempo convertir en un martirio las respuestas en defensa, los Spurs atropellaron a unos Heat sobrepasados ante su público. Nada funcionó más allá de LeBron James, que con 28 puntos, 8 rebotes y 2 asistencias demostró que solo no se va a ninguna parte. No fue culpa suya, sino de unos Heat que son menos equipo y más viejos respecto el pasado curso. Ni Wade, ni Bosh ni el resto estuvieron acertados.

LeBronLeonardDuncanEl mayor mérito, claro, es de San Antonio. Equilibrados hasta límites insospechables, los Spurs dieron otra exhibición de trabajo en equipo. Liderados por los 20 puntos y 14 rebotes de Kawhi Leonard –un escándalo de jugador que rinde defendiendo a LeBron sin perder concentración a la hora de producir–, los Spurs no miraron atrás después del 26-17 de parcial en el primer cuarto. Tony Parker aportó 19 puntos y su batuta invisible pero, viendo lo que les falta a los Heat precisamente, muy necesaria. Danny Green (9) apareció con cuentagotas en el arranque, cuando más le necesitaron, y Tim Duncan (10) más de los mismo. El veterano ala-pívot, legendario, consiguió de paso el récord de minutos y dobles-dobles en la historia.

Patty Mills fue la chispa necesaria que permitió conservar la amplia ventaja después de los vestuarios. El australiano concluyó con 14 puntos y 2 asistencias, con 4 triples anotados de 6 intentos que llegaron en los pocos momentos que Miami busco sin éxito la resurrección. Muertos, aguantaron el chubasco de los Spurs hasta el bocinazo final. 25 a 13 en asistencias, 44 a 27 en rebotes y un impepinable 57.1% a 45.1% en porcentaje global de tiros. Sin el resultado a veces es sencillo saber lo ocurrido, como ayer.

Los hechos reflejan que mucho deberán cambiar las cosas, y que Miami deberá ganar tres partidos consecutivos para repetir anillo y escribir su dinastía. Se antoja difícil ante unos Spurs que han demostrado ser más y mejores, claro ejemplo de ello Boris Diaw, capaz de aportar 8 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias en el Game 4. Ante unos Spurs que aprendieron del duro golpe Allenesco el año pasado y que ahora no muestran ni una pizca de piedad. La vendetta está muy cerca, pero deberán confirmarlo, cuanto antes, en casa.

San Antonio Spurs 107 – 86 Miami Heat

Miami Heat: Chalmers (4), Wade (10), LeBron James (12), R. Lewis (28), Bosh (2) –equipo inicial-; Ray Allen (8), Andersen (5), Battier (0), Cole (4), T. Douglas (0), Haslem (2), J. Jones (11) y Oden (0).

San Antonio Spurs: Parker (19), Green (9), Leonard (20), Duncan (10), Diaw (8) –equipo inicial-; Ginóbili (7), Splitter (6), Bonner (3), Mills (14), Joseph (2), Belinelli (4), Baynes (2) y Ayres (3).

Parciales: 17-26, 19-29, 21-26 y 29-26.

American Airlines Center de Miami. 19.900 espectadores.

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