Kyrie Irving, para ganar hay que arriesgar

El 4 de diciembre de 2010 a Kyrie Irving le crujió el dedo gordo de su pie derecho en Butler. A pesar de haber anotado 17 puntos en la segunda mitad de la contienda, el point guard de la Universidad de Duke salió del parqué a pata coja; la cara le gemía.

Unos días después, Krzyzewski no apagaba las alarmas: “Es una lesión muy seria. Está siendo examinado por especialistas de diferentes partes del país.”. La preocupación de Coach K era comprensible, pues si bien era sólo un freshman –estudiante de primer curso universitario–, a sus dieciocho años Irving era ya la mayor promesa del baloncesto no profesional en EEUU.

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Con estas, el maldito percance salpicaba también al Draft de junio, y por ende a determinadas franquicias de la NBA poco dadas al riesgo —o, de hecho, muy aficionadas a arriesgar sin acertar.

De repente, la que parecía ser una apuesta de beneficios seguros, se había convertido en un riesgo. Que la recuperación de ese dedo quedase en parcial, o que ésta modificase la pisada de Irving, podía significar una violenta alteración de su baloncesto. Y sin embargo, los Cleveland Cavaliers invirtieron todas sus esperanzas en el muchacho. Atravesado ya el árido Año I después de LeBron, la entidad de Ohio tuvo la fortuna de encontrarse con el primer pick del Draft, y eso le obligaba a concentrar su futuro en una decisión.

Contraídos ya vínculos con Irving, las cosas no empezaron bien para ellos. La recuperación se dilató mucho más de lo esperado, y de hecho Kyrie no debutaría hasta el 17 de diciembre de 2011. Es decir, 378 días después de su lesión. Fue un estreno tardío, pero aquella noche en Detroit los Cavs ya empezaron a sospechar que habían acertado. Sus dotes para driblar o atacar la canasta estaban intactas.

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Irving creció veloz como el pelo, y en sólo unos meses ya agarraba el balón cuando ardía. Años después su condición de primer espada se desvaneció, y no por cualquier razón. LeBron James había vuelto a su tierra a decirle a esas gentes que habían quemado su camiseta en 2010 que se comprasen otra, que había que vestirla en las Finales.

La deidad contemporánea de la Costa Este no necesitó ningún tipo de transición, y en junio de 2015 tenía a los Cavs ante el compromiso. James estuvo titánico como de costumbre, pero el sabido quinteto de ‘los bajitos’ que Steve Kerr dispuso para atacar las debilidades de su rival acabó por darle el campeonato a Golden State. Aunque se apostillaba un asterisco, y decía que si el menisco no hubiese privado a Irving de cinco de los seis encuentros la serie podría haber sido bien distinta. Era sólo una conjetura, pero en junio de 2016 el point guard de Cleveland lo ha corroborado.

Sospechábamos que el techo de Irving era muy alto, pero en estas Finales lo ha roto. Jamás habían imaginado ni mentores ni admiradores que Kyrie pudiese aglutinar semejante volumen de anotación. Su abanico de finalizaciones siempre ha sido muy amplio, pero haya sido capaz de exhibirlo con esta frecuencia escapa a los pronósticos de los más optimistas. Kyrie se mueve entre el tráfico como un escualo en una ría. Esquiva a su marca y ataca el aro atrayendo a una segunda. Normalmente ese segundo defensor siempre es más alto y más fuerte que él, pero el ‘2’ de los Cavs se las apaña para encestar.

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En estos siete partidos se han sucedido los and ones, los rectificados, e incluso fade aways repentinos que muchos no esperábamos. En repetidas declaraciones durante la contienda, Irving ha hecho mucho hincapié en el concepto de “el espacio”, ése que le han brindado los aclarados de Lue o los bloqueos de su compañero escoba, Tristan Thompson. Su velocidad de ejecución hacía el resto.

No debiera pasar desapercibido su acierto desde la línea de tres. Hasta 15 puñales clavó desde el perímetro en las Finales, incluido el que anota a marcador igualado en el último minuto del Game 7, el que su entrenador ya ha bautizado como “uno de los tiros más grandes de la historia de la NBA.”. Quien acapara todos las miradas tampoco duda en señalar la providencial actuación de su compañero. “Ellos han tratado de hacerlo postear varias veces con gente como Harrison Barnes, y él encestaba igual.”, dice James, que en estas Finales sí ha encontrado al par que en Florida era Wade. Uno que le descargue de la responsabilidad ofensiva en los cuartos calientes.

A fin de cuentas, dicen que para ganar hay que arriesgar. Y aunque ello no sea axioma, los Cavaliers arriesgaron y ganaron seleccionando a Kyrie Irving.

Manita universitaria de los jóvenes Blue Devils y Mike Krzyzewski

Los Duke Blue Devils agrandaron su dinastía al proclamarse por quinta vez campeones nacionales del baloncesto universitario de la NCAA tras vencer por 68-63 a los Wisconsin Badgers en el partido por el campeonato de la Final Four 2015, disputado en el espectacular Lucas Oil Stadium de Indianápolis.

La victoria permitió al entrenador de Duke, Mike Krzyzewski, conseguir también el quinto título nacional, tercero en la sede de Indianápolis, donde los Blue Devils están invictos en las tres Final Four que han disputado allí. El primer título lo consiguieron en 1991 cuando con el equipo estaban Grant Hill y Christian Laettner.  El segundo lo lograron en el 2010, el último que habían conseguido después de haberlo ganado también en 1992 y en el 2001 en otras sedes.

Con la victoria y el título, Krzyzewski se coloca en segundo lugar en la lista de entrenadores con más campeonatos universitarios de todos los tiempos, sólo superado por el legendario y recientemente fallecido John Wooden, que logró 10 con los UCLA Bruins. Coach K, que ha logrado también dos oros olímpicos y dos mundiales con la selección de los Estados Unidos, se consolida así como uno de los mejores entrenadores de su generación y, sin duda, uno de los más laureados.

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Coach K junto a sus jóvenes pupilos, habla tras el título / ESPN – NCAA

Los Blue Devils concluyeron la temporada con una marca de 35-4 a pesar de ser un equipo en plena reconstrucción con cuatro freshman. El alero Justise Winslow, el base Tyus Jones, el escolta Grayson Allen y el pívot Jahlil Okafor han sido la clave del éxito del programa de baloncesto de Duke en la temporada del 2014-15.

Okafor, de 19 años, anotó dos canastas decisivas en la recta final del partido, mientras que Jones logró un triple clave que completó la remontada de los Blue Devils que al descanso se habían ido con el marcador empatado a 31-31.

El joven pívot de Duke logró las canastas decisivas en la segunda parte, aunque pasó la mayoría de los minutos sentado en el banquillo por culpa de las faltas personales. Cuando salió al campo fue superior al pívot estrella de los Badgers y MVP de la temporada regular, Frank Kaminksy, que no pudo impedir las canastas que romperían el marcador a favor de Duke.

Luego llegaría el triple de Jones con minuto y medio por disputarse. Los Blue Devils cambiaron los nueve puntos de desventaja para colocarse con ocho de ventaja en ese instante. Jones fue el líder anotador los Blue Devils con 23 puntos, incluidos dos triples en tres intentos a los que añadió cinco rebotes. Allen se convirtió en el sexto jugador de Duke al aportar 16 tantos.

Winslow llegó a los 11 puntos y fue el líder del equipo en el juego interior al capturar nueve rebotes, además de poner tres tapones. Okafor, a pesar de los problemas con las personales, logró 10 tantos y  capturó tres rebotes. Completó la lista de los cuatro jugadores de los Blue Devils que llegaron a los dobles dígitos.

El pívot de Duke, que jugó su último partido con el equipo como universitario, entra en la mayoría de las quinielas para el próximo número uno en el draft de la NBA.

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Jugador del año, sorpresa del año y derrota amarga para Wisconsin y Frank Kaminsky en la gran final. / NCAA

Duke consiguió un 47% (24-51) de acierto en los tiros de campo, el 36% (4-11) de triples y el 80% (16-20) desde la línea de personal. Los Badgers lograron un 41% (25-61), 33% (7-21) y 60% (6-10) respectivamente, siendo inferiores a pesar de disfrutar de más posesiones durante el choque.

Kaminsky, que jugó su último partido como universitario, le ganó el duelo individual a Okafor al conseguir un doble-doble de 21 puntos y 12 rebotes al que añadió dos asistencias, una recuperación de balón y un tapón. Su esfuerzo individual esta vez no tuvo la recompensa de hace dos madrugadas cuando los Badgers dieron la gran sorpresa al eliminar en la semifinal de la Four Four a los grandes favoritos y hasta entonces invictos Kentucky Wildcats.

Otros tres jugadores, los aleros Nigel Hayes y Sam Dekker, junto con el escolta Bronson Koenig tuvieron números de dos dígitos al anotar 13, 12 y 10 tantos respectivamente. Al final, los Badgers, que disputaban su primer partido por un título nacional en 74 años, cayeron ante la experiencia de uno de los mejores entrenadores del panorama estadounidense y su equipo, forjado en la cultura de las grandes victorias.

Los Badgers concluyeron la temporada con marca de 36-4, pero vieron truncado el sueño de volver a Madison (Wisconsin) con el título nacional, que ganaron por última vez en 1941. Los Blue Devils mostraron su mejor y joven versión para superarles.