El inspector de carne que soñó con el Dream Team

Fueron como Johnny Cash en la cárcel de Folsom, como los Allman Brothers en el club Fillmore East. Como Santana en Woodstock. «Si hubiera sido ahora, habría sido uno de esos reality shows.» Larry Bird

Hablamos del Dream Team, el equipo que hizo las delicias de los aficionados al baloncesto y al deporte, ya que fueron ellos los que dieron una dimensión nueva a la naranja y la cesta de Naismith. La historia sería otra, o no tendría los maravillosos nombres de Michael Jordan, Larry Bird, Magic Johnson y compañía inscritos en ella, de no ser por la visión de un inspector de carne de Belgrado.

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Boris Stanković llegó a Estados Unidos en enero de 1974. Se instaló en Billings (Montana), un pueblo tan remoto como su nombre sugiere. Tenía 49 años y quedó prendado enseguida del baloncesto universitario y del pelirrojo Bill Walton. Lo curioso de todo ello es que es difícil saber como este tipo, titulado veterinario y currante de carnicería, llegó a ser el tipo que fraguó la inclusión de profesionales estadounidenses en competiciones internacionales.

Exjugador –ganó tres ligas yugoslavas– y entrenador y directivo ya con 30 años (mientras trabajaba de inspector de carne, claro), destacó tanto en la antigua Yugoslavia que en 1966 recibió la oferta del histórico equipo italiano Oransoda Cantù. La cosa fue bien y ganó el título de liga en el 68. La FIBA vio en él, entonces, una mina de oro. Bingo.

«Parecía otro deporte. Más rápido, pero también muy sólido. Veías a un jugador como Bill Walton durante un minuto y era evidente que estaba a un nivel muy superior que cualquiera en Europa.» Borislav Stanković

Eso pensaba el amigo Boris, de la escuela física y tosca del baloncesto yugoslavo, tras ver fascinado a los chavales universitarios. Tenía buen ojo y, sin quererlo, visión de negocio. La FIBA, por aquel entonces, solo permitía que fueran amateurs quienes disputaran las competiciones internacionales. Y eso incluía los Juegos Olímpicos, claro.

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Ni Stern ni Nike, fue Boris

«La hipocresía, por supuesto, radicaba en que jugadores profesionales de facto jugaban igualmente, ya que los equipos de baloncesto de otros países siempre contaban con los mejores jugadores, aunque a veces constaran oficialmente como «soldados» o «policías»», recuerda Jack McCallum en su libro, ‘Dream Team: la intrahistoria del mejor equipo que ha existido jamás’.

Ni David Stern ni los genios del marketing de la escuela Nike fueron quienes llevaron al Dream Team a Barcelona. Fue el empeño de Boris, nuestro inspector de carne favorito. Él propuso, para mostrar el potencial de la receta, organizar una serie de torneos entre equipos FIBA y NBA. De allí nacieron los míticos Open McDonald’s que jugaron, entre otros, el Real Madrid, el Barcelona y el Joventut de Badalona.

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Stanković persistió varios años con su cantinela: los Estados Unidos debían llevar a los profesionales, y para ello la FIBA necesitaba cambiar sus normas. Tras un fracaso en el congreso de Madrid 1986, el inspector serbio consiguió su objetivo en Múnich, en 1989. Jordan y compañía –si querían ellos y, también, la NBA– podrían viajar a las canchas de Barcelona.

«¿Qué efecto tuvieron los Beatles en la música cuando fueron a Estados Unidos? Fue algo parecido.» Donnie Nelson

Quisieron, y el resto es historia. Ese equipo, esas Olimpiadas, cambiaron el abasto mediático del baloncesto en todo el mundo. Allí nacieron nuestro dormir es de cobardes en España, ese equipo vieron asombrados los hermanos Gasol, Ginóbili, Nowitzki y compañía.

Y lo más curioso es que, Jack McCallum, autor del libro que mejor recuerda el importante papel del inspector de carne en todo el asunto, ni escribió bien su nombre, que no es Boris, sino Borislav Stanković.

Estas historias y muchas más las podréis encontrar en ‘Dream Team’, que publica en España la editorial Contra. También podéis leer nuestro artículo sobre el papel que jugaron las islas Baleares en VICE España.

Imágenes vía Youtube / FIBA Basketball / Euroleague 

España-Polonia: día a día, a cara o cruz

La selección española sufrió para cumplir el primer objetivo en este Eurobasket 2015, pasar de ronda y viajar a Lille (Francia) para disputar la fase final y, más importante aún, tener la opción de estar en los próximos Juegos Olímpicos. El siguiente reto empieza hoy ante Polonia (18:30h, Cuatro).

Después de ofrecer muchos altibajos en su juego, España quiere reencontrar el nivel mostrado ante Turquía para despejar las dudas y buscar el siguiente objetivo, lograr la clasificación directa para Río 2016 alcanzando la gran final.

El camino, después del mal rendimiento en la primera fase, estará lleno de piedras, ya que la Roja ha quedado encuadrada en el lado más complicado de la ronda final y, si gana a los polacos en octavos, se podría encontrar a Grecia en cuartos y a la anfitriona Francia en semifinales en un estadio abarrotado con 27.000 almas ‘bleus’. Después de los contratiempos, los jugadores y el seleccionador saben que lo mejor es no pensar en ello y centrarse en la primera rival.

España-Polonia-Eurobasket-2015

“Les conocemos, hemos tenido un amistoso duro y complicado contra ellos en las últimas semanas y les hemos admirado durante la primera fase, han hecho un trabajo fantástico y estuvieron a un tiro de ganar a Israel y Francia”, declaró Sergio Scariolo. “Es un equipo duro, físico y grande. Tienen una buena defensa, han encajado solo 70 puntos por partido y tienen a jugadores como Slaughter, Gortat y Waczynski. Les respetamos, porque ya nos han puesto en dificultad”, añadió el entrenador italiano.

Los números de la primera fase, sin embargo, favorecen sobre el papel a los españoles, que han anotado una media de 89,6 puntos por partido, una cifra inalcanzable para los polacos, que tienen una media de 74,4.

“Tenemos claro que somos uno de los mejores equipo atacando, así que sabemos que hay que trabajar mejor nuestra defensa. Si mantenemos un nivel alto somos un equipo dificil de batir”, comentó Pau Ribas tras el primer entrenamiento de la selección en el majestuoso escenario de la fase final, el Stade Pierre-Mauroy de Lille.

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Polonia, al igual que España, ha basado su juego en la fortaleza interior liderada por el NBA Marcin Gortat, aunque el gran estado de forma de Adam Waczynski puede dar algún susto a los de Scariolo. El alero es el líder anotador de los polacos con 17,2 puntos y 54,4% de acierto en el tiro.

“Hemos descansado lo justo, pero todos los equipos estamos igual. Venimos con la lección aprendida, ya hemos sufrido y hemos tenido que sudar para ganar”, añadió Ribas en la víspera del duelo. “Es positivo que el equipo sepa sufrir, sacar victorias en partidos a cara o cruz. Quizás somos los únicos que hemos jugado una eliminatoria de más”.

Veremos si la trayectoria de España en el campeonato es una ventaja hoy. Juzgará Polonia.