Ni Jordan ni LeBron, Pete Maravich

[vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_column_text text_lead=»yes»]Ni Michael Jordan ni LeBron James. Pete Maravich debería haber sido el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, pero no lo fue y nunca lo será. Pistol Pete fue un visionario, un chaval tocado por la varita mágica que revolucionó el deporte de la canasta en los setenta. Si hubiera jugado en nuestros tiempos, sería trending topic a diario y el sujeto de incontables recopilaciones de Youtube, pero él no encontró su MTV, como Madonna, o los tabloides, como Donald Trump.

Pete fue una mezcla de Stephen Curry y J.R. Smith, pero lo fue demasiado pronto. Su talento prodigioso, combinado con su tendencia a la autodestrucción, le convirtieron en un jugador incomprendido. Todo ello, combinado con su afición por los extraterrestres, la bebida y Jesucristo, le convirtieron en el juguete roto por antonomasia.

En medio de una pachanga de baloncesto, de la misma manera en que empezó todo, un ataque de corazón se lo llevó con solo 40 años, un final trágico que desafortunadamente parecía escrito a medida. Nueve meses antes de su muerte, a Pete se le había roto el alma con la pérdida de su padre, Press, el hombre que explica su brillante carrera profesional y también su ruina personal.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»1″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ shape_dividers=»»][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ desktop_visibility=»yes» medium_visibility=»yes» medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73198″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»50″ override_padding=»yes» h_padding=»0″ top_padding=»0″ bottom_padding=»0″ back_color=»color-lxmt» overlay_alpha=»50″ equal_height=»yes» gutter_size=»0″ shift_y=»0″ row_height_use_pixel=»»][vc_column column_width_percent=»70″ position_vertical=»middle» override_padding=»yes» column_padding=»5″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][vc_custom_heading text_size=»h1″ text_height=»fontheight-357766″ text_font=»font-202503″ sub_lead=»yes» sub_reduced=»yes» text_uppercase=»» subheading=»— Press Maravich»]Tiene más presión que cualquier otro chico en toda América[/vc_custom_heading][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ override_padding=»yes» column_padding=»0″ back_color=»color-wayh» back_image=»73198″ overlay_alpha=»0″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]En el nombre del padre[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Press Maravich, hijo de inmigrantes serbios, vio su sueño de jugar a baloncesto roto poco antes del nacimiento de su primer hijo, Pete. Como otros muchos padres, no tardó demasiado en volcar todas sus aspiraciones vitales en su primogénito. Entrenado en la disciplina militar, Press se convirtió en un (magnífico) entrenador de baloncesto obsesivo y controlador y también se consumó como un malísimo jugador de póker.

Desde muy pequeño, Pete mostró unas habilidades sobrenaturales con la naranja, que no hicieron más que acrecentarse con las dementes rutinas de manejo de balón que le obligaba a realizar su padre. Ese niño botaba el balón en medio del cine e incluso desde la ventanilla de un coche en marcha, y más adelante en su trayectoria Pete reconoció que en su juventud se convirtió en un «androide del baloncesto».

Así, con el GPS mental programado rumbo a la fama, Pete fue creciendo a un ritmo despampanante. Todo el día pensaba en la canasta, y en el instituto se pasaba horas y horas estudiando a las estrellas del momento —nombres de calado como Oscar Robertson y Jerry West—. Eso sí, cuando se imaginaba a sí mismo en los momentos decisivos de un partido apretado, él no era ni Oscar ni Jerry, él era Pete Maravich.

En su etapa preuniversitaria, Pete ya atemorizaba a los rivales con actuaciones de más de 40 puntos, pero a la vez empezó a desarrollar los malos hábitos que convertirían su biografía en una tragedia. Lo primero es que no sabía decir basta, y por lo tanto entrenaba hasta que le sangraban las palmas y jugaba partidos lesionado; como su padre, era un adicto y un obseso, así que cualquier cosa que se proponía la hacía a lo grande.

Lo segundo es que si sus compañeros de equipo se bebían tres cervezas, él se tomaba ocho en el mismo rato y acababa metido en una pelea; de momento, todo eso se compensaba —a pesar de las resacas— con sus exhibiciones sobre la pista. Con menos de 18 años, esta era su frenética vida.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»1″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ shape_dividers=»»][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73194″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]Pistol[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Tras pasar su etapa en el instituto alejado de su padre, este obligó a Pete a unirse a su proyecto con los LSU Tigers de la Louisiana State University. En gran parte, Press utilizó el reclamo de llevar consigo a su hijo para conseguir el puesto de entrenador. Las expectativas eran muy altas, y a ese adolescente con peinado beatle-esco ya le llamaban un Globetrotter desteñido. Evidentemente, ni los más osados podían haber pronosticado lo que venía a continuación.

Pistol Pete —el apodo y el mito— nació de esa etapa universitaria. En LSU, un equipo corto de estatura y experiencia, el solista en medio de la orquesta que era Maravich brilló más que nunca. En sus cuatro años colegiales promedió unos números de escándalo: 44,2 puntos de media que acompañó de 6,5 rebotes y 5,1 asistencias de media. Estas cifras, de hecho, son más increíbles cuando te acuerdas de que en esa época no existía la línea de tres, y si le llamaban Pistol era precisamente por disparar desde cualquier distancia.

En toda la historia de la NCAA, nadie ha superado los 3 667 puntos totales que anotó Maravich entre 1967 y 1970. Cuando metía solo 40, el tío declaraba a los medios que estaba «de bajón», y lo relevante es que no estaba bromeando. Pete era un perfeccionista que nunca se daba por satisfecho. Él solo cargó con el peso del equipo, y su padre lo sabía muy bien —»tiene más presión que cualquier otro chico en toda América»—, pero tampoco le importaba.

Cuando superó el récord de anotación de Oscar Robertson, aunque él no lo sabía, Pete había alcanzado su cumbre deportiva. Poco después su padre dictaría sentencia antes de que su hijo diera el salto a la NBA: «es el mejor jodido jugador de baloncesto que jamás he visto».[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row row_height_percent=»65″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»0″ bottom_padding=»0″ back_color=»color-wayh» back_image=»73195″ back_position=»center center» parallax=»yes» overlay_color=»color-wayh» overlay_alpha=»25″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»»][vc_column column_width_percent=»100″ position_vertical=»middle» align_horizontal=»align_center» override_padding=»yes» column_padding=»2″ style=»dark» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/1″][vc_custom_heading heading_semantic=»h1″ text_size=»fontsize-155944″ text_height=»fontheight-357766″ text_font=»font-202503″ sub_lead=»yes» sub_reduced=»yes» text_uppercase=»» subheading=»— The Daily News»]Se pone el listón demasiado alto; ni él ni nadie podrían alcanzarlo jamás[/vc_custom_heading][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]El perfeccionista imperfecto[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Incluso antes de alcanzar la NBA, varios analistas de la época ya intuían los problemas del chico maravilla. Especialmente atinado fue el análisis de Gene Ward, de The Daily News: «Es un perfeccionista que nunca conseguirá la perfección. Se pone el listón demasiado alto; ni él ni nadie podrían alcanzarlo jamás, ya que es, antes que nada, un innovador».

En 1970, el niño prodigio abandonó el paraguas paterno y firmó el mejor contrato de la historia de la NBA —en ese momento— con los Atlanta Hawks. Allí, rodeado de jugadores negros, volvió a sumar otro elemento de presión a su ya pesada mochila vital. Era, como en su momento lo fue Jerry West, la gran esperanza blanca de un deporte eminentemente afroamericano.

La NBA era, por entonces, un espectáculo mucho más frío y conservador. El showtime, popularizado por Los Angeles Lakers de principios de los ochenta fue, en realidad, una invención de Pete y Press para arrancar sus curiosas rutinas de calentamiento. «Él era el verdadero showtime», les comentó Magic Johnson a los hijos del jugador tras su fallecimiento.

En los setenta, sin embargo, todas las filigranas de Pete era vistas como un elemento improductivo y, sobre todo, innecesario.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73197″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_column_text text_lead=»yes»]La derrota persiguió a Pistol también en su etapa profesional. Mientras él producía individualmente a un magnífico nivel, sus equipos nunca terminaban de despegar. Ante esta disyuntiva, Maravich se entregaba a la otra competición de su vida: la bebida. Algunos excompañeros le definieron como una esponja; lo que todos tenían claro es que el tío llevaba la cuenta de copas igual que la de los puntos, y que lo raro era cuando no se pillaba un pedo del copón antes de los partidos.

Tras cuatro temporadas en Atlanta, los New Orleans Jazz le reclutaron como estrella de su nuevo equipo de expansión. «Algo dentro de mi me decía que todavía tenía que superar cualquier cosa que hubiera hecho en el pasado. Pensé que la única manera de continuar siendo aceptado por el público era anotar 68 puntos noche tras noche», escribió en su autobiografía el jugador.

Se refería a su gran noche en el Madison Square Garden, el 25 de febrero de 1977. Pistol disparó 68 puntazos en el coliseo de los New York Knicks en una época en que solo Wilt Chamberlain y Elgin Baylor habían conseguido exhibiciones comparables. Era una ironía, pero toda la pasión y exaltación que él traía a las gradas le provocaban estrés y miseria. Le quedaban pocos años en la NBA, y nunca consiguió traducir sus dotes individuales en triunfos colectivos.

La puntilla fue su última etapa con los Boston Celtics, donde se acercó más que nunca al anillo que hubiera curado todas sus heridas —y lesiones, que en muchas ocasiones cortaron en seco sus mejores años. Tras quedarse a las puertas de la gran final, Pistol se retiró por un problema crónico en la rodilla en 1980. Al año siguiente, un tal Larry Bird y sus Celtics se harían con el título. Perdedor.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»1″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ shape_dividers=»»][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ desktop_visibility=»yes» medium_visibility=»yes» medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73196″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»50″ override_padding=»yes» h_padding=»0″ top_padding=»0″ bottom_padding=»0″ back_color=»color-lxmt» overlay_alpha=»50″ equal_height=»yes» gutter_size=»0″ shift_y=»0″ row_height_use_pixel=»»][vc_column column_width_percent=»100″ override_padding=»yes» column_padding=»0″ back_color=»color-wayh» back_image=»73196″ back_position=»center top» parallax=»yes» overlay_alpha=»0″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][/vc_column][vc_column column_width_percent=»70″ position_vertical=»middle» override_padding=»yes» column_padding=»5″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][vc_custom_heading text_size=»h1″ text_height=»fontheight-357766″ text_font=»font-202503″ sub_lead=»yes» sub_reduced=»yes» text_uppercase=»» subheading=»— Pete Maravich»]Pensé que la única manera de continuar siendo aceptado por el público era anotar 68 puntos noche tras noche[/vc_custom_heading][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]Ovnis y zumos naturales[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Para ahogar sus penas, Pete recurría a cualquier método. La bebida fue el más recurrente, pero Maravich también se pasó a la dieta vegetariana—en una ocasión pasó 25 días sin comer nada más que zumos naturales— y buscó respuestas en la ovnilogía. Entre otras excentricidades, pintó un mensaje dirigido a los extraterrestres en el tejado de su casa: TAKE ME, llevadme.

A pesar de encontrar un refugio terrenal en su esposa y dos hijos, Pete siguió muy vinculado a un sufrimiento más profundo, sus padres. Helen, su madre, se había suicidado en 1974 víctima del alcoholismo y la depresión. Después de su retirada, Maravich fantaseó en más de una ocasión con el suicidio. Por las noches no dormía, y se levantaba con las sábanas mojadas pensando en meter su Porsche a 200 por hora en el centro.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73207″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_column_text text_lead=»yes»]Sin el baloncesto, a Pete le costó encontrar motivos para seguir viviendo. Su aspecto se ensombreció, y ese guaperas con pintas de estrella de rock se quedó en una figura escuálida que miraba a su alrededor con los ojos vacíos. Cuando a su padre le diagnosticaron cáncer, todo dejó de tener sentido.

A Pete le costó soltar el cuerpo inerte de Press en el hospital. Su esposa Jackie recuerda que, cuando lo hizo, susurró un premonitorio «te veré pronto». A pesar de abrazar la religión cristiana con mucho fervor —y abandonar por fin su alcoholismo depresivo—, Pete Press Maravich fallecía nueve meses después a causa de un ataque cardíaco.

Quizás sea cierto que un corazón roto puede matar.[/vc_column_text][vc_column_text text_lead=»yes»]Sigue al autor en Twitter: @GuilleAlvarez41

Este relato se ha basado en el libro biográfico Pistol. La increíble historia de Pete Maravichde Mark Kriegel. Fotografías cedidas por Editorial Contra / Agencias.

Este artículo fue publicado originalmente en VICE Sports España.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

The Heat Culture – Outsiders NBA 2×14

Dwayne Wade, LeBron James, Udonis Haslem, Alonzo Mourning, Shaquille O’Neal, Tim Hardaway, Gary Payton… Sí, todos son históricos miembros de Miami Heat, una franquicia joven que ya ha dado grandes cosechas a la liga. Los Outsiders NBA nos proponen, esta semana, adentrarnos en la historia baloncestística de Miami, donde la cultura de trabajo y la victoria se han labrado desde el primer día.

En el centro del universo Heat, centramos la atención en «El Padrino» de la NBA, Pat Riley, y el impulsor en la sombra del proyecto, Mickey Arinson. ¿Cómo se construye una identidad, algo que trasciende en el tiempo más allá de proyectos y equipos? La respuesta la encontramos en Miami.

La NBA ya lo sabe, Luka Doncic no tiene límites

[vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1543030082113{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Con las manos en la cabeza, gesticulando sin poder creérselo, estarán pasando estos días varios responsables de ciertas franquicias NBA. Las que dejaron escapar a Luka Doncic en el draft, el mismo chaval que ahora se desenvuelve con un desparpajo propio de los elegidos en sus primeras incursiones dentro de esta jungla.

Sus números, en España, le han puesto a la altura del mismísimo Michael Jordan, Oscar Robertson y Magic Johnson. Al menos eso dicen los titulares. Los números matizan un poco las cosas, amortiguan las odiosas comparaciones. Ahora, sin estadísticas ni sensacionalismo de por medio, ver un partido del base esloveno es disponerse a disfrutar de la esencia del baloncesto.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ back_image=»74093″ parallax=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ position_vertical=»middle» align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1543030329233{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]En Estados Unidos siempre se sorprende cuando llega un rookie como Doncic, que de rookie no tiene absolutamente nada. Doncic tiene una experiencia previa a primer nivel que ningún otro jugador del draft ha acumulado en sus años universitarios. De hecho, en Europa Luka se despidió ya dando pistas sobre su futuro: dos MVP, en la ACB y en la Euroliga. En apenas 15 apariciones de corto en América, el esloveno ya es el principal candidato a rookie del año.

Algo que indica muy bien la ignorancia en el entorno estadounidense es la encuesta que la NBA realiza con los rookies al inicio del año. A la pregunta de cuál sería el jugador con una carrera más exitosa, ninguno de los 36 consultados optó por el esloveno. Y solo 3 le señalaron como el futuro rookie del año. La realidad prácticamente ridiculiza la encuesta.

Sus números, que resisten también junto a los de LeBron James, ponen a Luka Doncic en una dimensión sorprendente. Está preparado para grandes cosas, ¿quizás más de las que nos imaginábamos?[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_column_text][/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ back_image=»74095″ parallax=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ position_vertical=»middle» align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1543030812974{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Resistiendo las odiosas comparaciones

La comparación más interesante para Luka es con LeBron, único contemporáneo suyo entre los nombres que se han ido soltando estos días. De mantener este ritmo, Doncic podría acercarse mucho a los números de debutante del tipo que revolucionó y todavía hoy marca la pauta en la NBA del siglo XXI. Algo tremendo, porque aquí ya no aplica eso de no poderse comparar épocas, como deslizó su compañero Dirk Nowitzki.

“Tiene confianza, está tomando tiros difíciles para nosotros, la pelota está mucho en sus manos. Ha sido divertido verle. Algo que no hemos visto realmente, un rookie de menos de 20 años que promedia 20 y 6. El juego es diferente ahora y eso ayuda a (los jugadores europeos) tener éxito. Cuando yo llegué era más duro, más físico, había más contacto. Ahora es más abierto, las reglas han cambiado”.

La comparación con Magic y Oscar es otra cosa, lo mismo que con Jordan. Eso sí, se pueden sacar conclusiones interesantes en cuanto a su efectividad. Su eficiencia está por encima de todos exceptuando a Johnson, al que se le acerca por décimas. Esos números no le han subido el humo a la cabeza. Un factor importante de Luka es precisamente el saber estar. Hace un mes, cuando cumplió su décimo partido en la NBA, varios periodistas charlaron con él y, claro, salió la comparación con MJ.

“Jordan es el mejor jugador de todos los tiempos. Pero no me puedo comparar con él. Hizo una carrera increíble”. Con 19 años, lo más importante es que el tío tiene la cabeza amueblada, y por eso estas comparaciones pueden resistir el factor tiempo y otro más complejo, el factor de lo desconocido, un futuro siempre impredecible con temas como traspasos y lesiones de por medio.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_column_text][/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1543030878346{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

¿Rookie del año?

Doncic aparece en el primer puesto del ranking en la carrera del rookie del año según la mayoría de expertos, aunque hay algunos colegas suyos que todavía no quieren darse por enterados. “Lo que pasa con Luka es que es un buen jugador. Es un gran tipo, y creo que será un muy buen jugador. Pero al mismo tiempo, yo seré mejor que él. Simplemente por mi habilidad de expandir el campo, involucrar a otros, creo que seré mejor”, declaró Trae Young, que fue traspasado por Doncic a los Atlanta Hawks. Atrevido.

Los números dan una carrera más igualada en este sentido, aunque las sensaciones que transmite Doncic, un jugador más maduro y curtido que el resto en pistas profesionales, es lo que le sitúa por delante del resto a día de hoy. Su candidatura depende más de ese intangible que no de los números, algo que ya destacó su entrenador Rick Carlisle. “Es un buen jugador que no para de mejorar y que ha visto más mundo que la mayoría con 19 años, porque lleva jugando con profesionales desde los 13”.

Sus rivales hasta el momento se han deshecho en elogios hacía el esloveno. Steve Kerr le comparó el otro día con un five-tool player en béisbol. En pocas palabras: un jugador completo que ofrece todas las cualidades adecuadas para el juego. “Me gusta mucho. Está pulido, tiene talento y se nota que ha jugado a nivel profesional previamente. Tienen a un gran tipo para liderar esta franquicia en el futuro”, sentenció Kevin Durant después de que los Golden State Warriors cayeran con los Dallas Mavericks y Luka Doncic fuera el ejecutor de un par de jugadas claves en el tramo final del partido.

Hay Luka Doncic para rato, hay futuro sin más límites que los que él se imponga. Eso se traduce en algo elemental para el aficionado: placer al verle sobre una cancha de baloncesto.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»74096″ caption=»yes» media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»color-vyce» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fguillealvarez41||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Sigue al autor en Twitter[/vc_button][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»accent» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fnbaesp||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Siguenos en nuestras redes[/vc_button][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74091″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI4In0sIjczMzgyX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9fQ==»][/vc_column][/vc_row]

El último reto de LeBron James

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Su historia se podría dividir en tres etapas hasta ahora: el quiero y no puedo en su Akron natal; la decisión de formar un superequipo; y el retorno para querer y, al fin, poder. De allí han salido varias versiones del LeBron jugador y del LeBron atleta, del LeBron amado y el LeBron odiado.

En líneas generales, podríamos decir que el Rey autoproclamado se ha ganado a pulso su coronación a base de sudor, talento y perseverancia. Ante los omnipotentes Warriors, James se ha erigido como el único hombre capaz de derrocar la hegemonía de una dinastía que, de momento, no atisba su horizonte.

La etapa que empieza en el curso 2018-2019 es, para el 23, el último gran reto de su carrera. El proyecto al que se ha sumado LeBron es de futuro, un futuro para él ya limitado. «No soy un tipo paciente, pero entiendo que debo serlo. También tengo que ser paciente conmigo mismo, porque esto es un nuevo comienzo para mí», reflexiona él.

El legado del jugador más importante de la NBA en el siglo XXI se dirimirá en los cuatro años que dura su contrato con Los Angeles Lakers. Si el cuerpo le sigue bendiciendo en pista, podría colgar las zapatillas con 37 años y un nuevo título de campeón de la NBA, el único resultado que le proporcionaría eterna gloria. La jugada es arriesgada.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-155591″ isotope_mode=»packery» medias=»73385″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ single_text_reduced=»yes» lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3MjYxX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxNl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3ODk2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OTRfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1539372911503{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Los peores Lakers son historia

En los primeros 65 años de existencia de la franquicia, Los Angeles Lakers solo faltaron a su cita con los Playoffs en cinco ocasiones, las mismas que han faltado de forma consecutiva desde 2013. Con la simple firma de James, el mejor de su generación y un fijo en la conversación de los mejores de la historia, los Lakers pasan de la irrelevancia a la postemporada.

Todo el mundo asume que un equipo con LeBron llegará a los Playoffs. Los GMs de la liga, por ejemplo, predijeron que podrían colarse hasta en la quinta posición. Él también espera eso, aunque supo ser prudente en su primera rueda prensa de púrpura y oro:

“No creo que el único indicador de éxito de una temporada sea el ganar un campeonato. Solo hay un campeón, pero eso no significa que no seas exitoso. Habrá victorias y derrotas, pero lo que controlas es cómo preparas cada día».

Los Lakers son todavía muy frescos e inexpertos con su apuesta por Lonzo Ball, Kyle Kuzma y Brandon Ingram. Tendrán al profesor ideal para subir la exigencia y aprender sobre los sacrificios necesarios en las campañas de campeonato.

Se habla poco de las posibilidades de que hagan algo importante este año. Llegar a segunda ronda ya sería un bombazo, o así se ha establecido entre el establishment. Hay scouts que piensan que el equipo es más potente que los Cavaliers de los últimos años.

La cuestión es si la banda que han montado los Lakers alrededor del 23 puede compararse con la banda que montó los últimos años Cleveland Cavaliers. A los angelinos se suman veteranos como Rajon Rondo, Lance Stephenson y Javale McGee. ¿De manicomio? Bueno, los Cavs ya tenían lo suyo con J.R. Smith.

Lo que sí que es evidente es que, de Este a Oeste, la competencia varía un trecho. En el salvaje occidente estadounidense, ya solo entrar en los Playoffs puede depender de un par de días malos. Y la alfombra roja hacía las Finales de Conferencia desaparece. «Si este equipo estuviera en el Este, todo el mundo diría que LeBron iba camino de sus novenas Finales consecutivas. En el Oeste quizás no lleguen ni a los Playoffs», opina otro scout en Sports Illustrated.

El reto es mayúsculo se mire por dónde se mire. [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-101110″ medias=»73383″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTcyNTZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In0sIjU3MjU0X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1NzgyMl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4MjdfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In0sIjU3ODI2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1NzgyOF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTc4MjNfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3OTAwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5OV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OThfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1539373296289{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

La fórmula, esperar a su ‘Shaq’

Los Lakers que brillaron en el despertar del milenio fueron cosa de dos talentos indomables. Kobe y Shaq fueron la fórmula principal de ese equipo que recuperó el brillo histórico de la malla púrpura y oro. Ahora, LeBron estará pensando en uno de los grandes nombres de la agencia libre del próximo verano para volver a soñar con el anillo.

James debió hablar largo y tendido con los dueños de los Lakers y con Magic Johnson, que bien sabe de baloncesto y negocios. LeBron llega a una ciudad donde podrá construir su imperio mediático y donde juntará a su familia, factores que ya deslizó como principales preocupaciones de futuro tras acabar abatido las pasadas Finales de la marmota ante los Warriors.

Los Lakers le habrán prometido grandes cosas para la 2019-2020, ya que por edad y ambición, LeBron no querrá esperar mucho más para volver a las Finales. En el horizonte de nombres están Kawhi Leonard, Paul George, Kyrie Irving, Jimmy Butler, Kevin Durant, Demarcus Cousins o, porqué no, Marc Gasol. También fue exitoso el tándem Kobe-Pau, y el mediano de los hermanos se habrá ganado a pulso un par de años fuera de Memphis –y su amada afición– para vivir por fin unas Finales NBA. LeBron necesita en sus equipos gente con cabeza, y Marc sería precisamente eso.

Rajon Rondo decía el otro día que en el avión, después del partido, que caminó arriba y abajo por el pasillo y vio a todo el mundo repasando la cinta del partido. En 13 años, nunca había visto algo parecido. Javale McGee en B/R

En todo caso, el contrato de cuatro años –con opción de jugador en el último– que ha firmado LeBron es el más largo de su carrera desde que firmó con Miami en 2010. Hay un compromiso firme, parece, y eso da espacio para negociar a las oficinas de Magic y Rob Pelinka.

Por el momento, LeBron deberá trabajar para implantar su mentalidad ganadora entre el joven ganado angelino y confiar en que promesas de la segunda unidad, como Josh Hart, puedan llegar a ser todo lo que los expertos decían y dicen de ellos.

«Gracias a Dios que le contratamos», pensaba en voz alta Magic Johnson en referencia a su joven núcleo de jugadores. «Cuando juegas contra LeBron, mejoras». Ahora, eso será un hecho diario para toda la plantilla en las instalaciones de entrenamiento de El Segundo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»73386″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1539373039835{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Mediáticos de nuevo

«Creo que es bastante guay». Así definió Klay Thompson, de los Golden State Warriors, el movimiento de LeBron a L.A. «No creo que nadie se lo hubiera imaginado al inicio de su carrera en Cleveland, pero añade mucho interés a la liga, y los Lakers están a punto de encontrarse con la habitual cobertura mediática a la que yo estaba acostumbrado cuando crecía».

Es interesante fijarse en las expectativas de los Warriors ante estos nuevos Lakers, que les ganaron por 113-124 en su primer duelo durante la pretemporada, a su vez el más visto de la historia en ESPN. Ese dato denota la relevancia que ha devuelto James a la legendaria franquicia.

Steve Kerr, por ejemplo, dejó claro que ahora ambos equipos se veían en el mismo escalón por primera vez en la historia de la liga. «Estoy seguro que los Lakers nunca nos vieron como un rival cuando ellos dominaban. Será divertido. Misma división y ambos equipos con mucho talento. La atmósfera de los partidos será genial».

Andre Iguodala, un tipo cerebral dentro y fuera de la cancha, también se toma muy en serio lo que significa tener a LeBron a pocas millas de distancia. «Todo lo que tenga que ver con él, uno asume que será bueno con su ADN y lo que aporta al equipo. Cabe esperar grandes duelos y grandes partidos».

Luke Walton, ex-asistente de Steve Kerr en los Warriors y entrenador del nuevo Showtime, promete diversión y resultados. «Queremos alcanzar los Playoffs y queremos llegar frescos y preparados para hacer un poco de daño cuando lleguemos allí… Quiero crear una cultura de la alegría igual que cuando estaba con Steve. La alegría no es tontería. La alegría es divertirse mientras haces el trabajo, para que no parezca un trabajo».

El escenario está dispuesto para que el día 16 de octubre el espectáculo empiece con un panorama renovado, y con el mejor jugador del siglo XXI, LeBron James, dando poder y expectativas a Los Angeles Lakers, que recuperan todo el brillo en su púrpura y oro.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»color-vyce» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fguillealvarez41||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Sigue al autor en Twitter[/vc_button][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»accent» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fnbaesp||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Siguenos en nuestras redes[/vc_button][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»73387″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI4In0sIjczMzgyX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9fQ==»][/vc_column][/vc_row]

Tipster NBAesp – Apuestas 27ª Jornada Playoffs

Arrancan las semifinales de conferencia y lo hacen a un horario muy atractivo para los que somos aficionados des del viejo continente, a las 21:30 hora española. A seguir con la buena inercia!

Última Jornada: +0.2 unidades
Total mes Mayo: -7.24 Unidades
Puedes consultar nuestro balance AQUÍ

Ausencias para esta noche:

1) Boston Celtics vs Cleveland Cavaliers
LeBron James MENOS de 32.5 puntos
Cuota @1.80 [Bet365]
Stake 2.5

Tal vez parezca una osadía vincular un Under al nombre de Lebron James, pero tenemos serios motivos para creer que es la apuesta más fiable de cara a esta noche. Honestamente nos cuesta ver un ganador claro, Cavs viene de una inercia tremendamente buena, descansado… pero a Boston nunca se le puede menospreciar, y menos en su feudo.

La clave de hoy es Marcus Morris, un jugador muy capacitado físicamente para defender a LeBron y que acostumbra a poner a la estrella de los Cavs en aprietos, nada mejor que una línea de puntos en 32.5 para confiar en que esas previsiones se cumplan; y es que parecen tener bastante claro los expertos que Morris es el ‘Factor X’ en esta eliminatoria, además del único jugador de los que quedan en el camino con cierta habilidad para frenar a la bestia. Veamos el dato en el que nos amparamos:

En los últimos 11 enfrentamientos (tanto en Temporada Regular como en Playoffs), ante Morris los promedios de LeBron James han sido de 21.1 puntos con un 16.3% en triples. Claramente es una prueba de fe tratándose del mejor jugador de esta era, pero hay que confiar en que al menos en el primero se cumplan las previsiones.

Recordad que esta y otras apuestas que hagamos a lo largo de la jornada las podréis seguir a través de nuestro nuevo Grupo de Telegram: https://t.me/onlystakebasket

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