Ni Jordan ni LeBron, Pete Maravich

[vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_column_text text_lead=»yes»]Ni Michael Jordan ni LeBron James. Pete Maravich debería haber sido el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, pero no lo fue y nunca lo será. Pistol Pete fue un visionario, un chaval tocado por la varita mágica que revolucionó el deporte de la canasta en los setenta. Si hubiera jugado en nuestros tiempos, sería trending topic a diario y el sujeto de incontables recopilaciones de Youtube, pero él no encontró su MTV, como Madonna, o los tabloides, como Donald Trump.

Pete fue una mezcla de Stephen Curry y J.R. Smith, pero lo fue demasiado pronto. Su talento prodigioso, combinado con su tendencia a la autodestrucción, le convirtieron en un jugador incomprendido. Todo ello, combinado con su afición por los extraterrestres, la bebida y Jesucristo, le convirtieron en el juguete roto por antonomasia.

En medio de una pachanga de baloncesto, de la misma manera en que empezó todo, un ataque de corazón se lo llevó con solo 40 años, un final trágico que desafortunadamente parecía escrito a medida. Nueve meses antes de su muerte, a Pete se le había roto el alma con la pérdida de su padre, Press, el hombre que explica su brillante carrera profesional y también su ruina personal.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»1″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ shape_dividers=»»][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ desktop_visibility=»yes» medium_visibility=»yes» medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73198″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»50″ override_padding=»yes» h_padding=»0″ top_padding=»0″ bottom_padding=»0″ back_color=»color-lxmt» overlay_alpha=»50″ equal_height=»yes» gutter_size=»0″ shift_y=»0″ row_height_use_pixel=»»][vc_column column_width_percent=»70″ position_vertical=»middle» override_padding=»yes» column_padding=»5″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][vc_custom_heading text_size=»h1″ text_height=»fontheight-357766″ text_font=»font-202503″ sub_lead=»yes» sub_reduced=»yes» text_uppercase=»» subheading=»— Press Maravich»]Tiene más presión que cualquier otro chico en toda América[/vc_custom_heading][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ override_padding=»yes» column_padding=»0″ back_color=»color-wayh» back_image=»73198″ overlay_alpha=»0″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]En el nombre del padre[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Press Maravich, hijo de inmigrantes serbios, vio su sueño de jugar a baloncesto roto poco antes del nacimiento de su primer hijo, Pete. Como otros muchos padres, no tardó demasiado en volcar todas sus aspiraciones vitales en su primogénito. Entrenado en la disciplina militar, Press se convirtió en un (magnífico) entrenador de baloncesto obsesivo y controlador y también se consumó como un malísimo jugador de póker.

Desde muy pequeño, Pete mostró unas habilidades sobrenaturales con la naranja, que no hicieron más que acrecentarse con las dementes rutinas de manejo de balón que le obligaba a realizar su padre. Ese niño botaba el balón en medio del cine e incluso desde la ventanilla de un coche en marcha, y más adelante en su trayectoria Pete reconoció que en su juventud se convirtió en un «androide del baloncesto».

Así, con el GPS mental programado rumbo a la fama, Pete fue creciendo a un ritmo despampanante. Todo el día pensaba en la canasta, y en el instituto se pasaba horas y horas estudiando a las estrellas del momento —nombres de calado como Oscar Robertson y Jerry West—. Eso sí, cuando se imaginaba a sí mismo en los momentos decisivos de un partido apretado, él no era ni Oscar ni Jerry, él era Pete Maravich.

En su etapa preuniversitaria, Pete ya atemorizaba a los rivales con actuaciones de más de 40 puntos, pero a la vez empezó a desarrollar los malos hábitos que convertirían su biografía en una tragedia. Lo primero es que no sabía decir basta, y por lo tanto entrenaba hasta que le sangraban las palmas y jugaba partidos lesionado; como su padre, era un adicto y un obseso, así que cualquier cosa que se proponía la hacía a lo grande.

Lo segundo es que si sus compañeros de equipo se bebían tres cervezas, él se tomaba ocho en el mismo rato y acababa metido en una pelea; de momento, todo eso se compensaba —a pesar de las resacas— con sus exhibiciones sobre la pista. Con menos de 18 años, esta era su frenética vida.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»1″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ shape_dividers=»»][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73194″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]Pistol[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Tras pasar su etapa en el instituto alejado de su padre, este obligó a Pete a unirse a su proyecto con los LSU Tigers de la Louisiana State University. En gran parte, Press utilizó el reclamo de llevar consigo a su hijo para conseguir el puesto de entrenador. Las expectativas eran muy altas, y a ese adolescente con peinado beatle-esco ya le llamaban un Globetrotter desteñido. Evidentemente, ni los más osados podían haber pronosticado lo que venía a continuación.

Pistol Pete —el apodo y el mito— nació de esa etapa universitaria. En LSU, un equipo corto de estatura y experiencia, el solista en medio de la orquesta que era Maravich brilló más que nunca. En sus cuatro años colegiales promedió unos números de escándalo: 44,2 puntos de media que acompañó de 6,5 rebotes y 5,1 asistencias de media. Estas cifras, de hecho, son más increíbles cuando te acuerdas de que en esa época no existía la línea de tres, y si le llamaban Pistol era precisamente por disparar desde cualquier distancia.

En toda la historia de la NCAA, nadie ha superado los 3 667 puntos totales que anotó Maravich entre 1967 y 1970. Cuando metía solo 40, el tío declaraba a los medios que estaba «de bajón», y lo relevante es que no estaba bromeando. Pete era un perfeccionista que nunca se daba por satisfecho. Él solo cargó con el peso del equipo, y su padre lo sabía muy bien —»tiene más presión que cualquier otro chico en toda América»—, pero tampoco le importaba.

Cuando superó el récord de anotación de Oscar Robertson, aunque él no lo sabía, Pete había alcanzado su cumbre deportiva. Poco después su padre dictaría sentencia antes de que su hijo diera el salto a la NBA: «es el mejor jodido jugador de baloncesto que jamás he visto».[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row row_height_percent=»65″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»0″ bottom_padding=»0″ back_color=»color-wayh» back_image=»73195″ back_position=»center center» parallax=»yes» overlay_color=»color-wayh» overlay_alpha=»25″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»»][vc_column column_width_percent=»100″ position_vertical=»middle» align_horizontal=»align_center» override_padding=»yes» column_padding=»2″ style=»dark» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/1″][vc_custom_heading heading_semantic=»h1″ text_size=»fontsize-155944″ text_height=»fontheight-357766″ text_font=»font-202503″ sub_lead=»yes» sub_reduced=»yes» text_uppercase=»» subheading=»— The Daily News»]Se pone el listón demasiado alto; ni él ni nadie podrían alcanzarlo jamás[/vc_custom_heading][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]El perfeccionista imperfecto[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Incluso antes de alcanzar la NBA, varios analistas de la época ya intuían los problemas del chico maravilla. Especialmente atinado fue el análisis de Gene Ward, de The Daily News: «Es un perfeccionista que nunca conseguirá la perfección. Se pone el listón demasiado alto; ni él ni nadie podrían alcanzarlo jamás, ya que es, antes que nada, un innovador».

En 1970, el niño prodigio abandonó el paraguas paterno y firmó el mejor contrato de la historia de la NBA —en ese momento— con los Atlanta Hawks. Allí, rodeado de jugadores negros, volvió a sumar otro elemento de presión a su ya pesada mochila vital. Era, como en su momento lo fue Jerry West, la gran esperanza blanca de un deporte eminentemente afroamericano.

La NBA era, por entonces, un espectáculo mucho más frío y conservador. El showtime, popularizado por Los Angeles Lakers de principios de los ochenta fue, en realidad, una invención de Pete y Press para arrancar sus curiosas rutinas de calentamiento. «Él era el verdadero showtime», les comentó Magic Johnson a los hijos del jugador tras su fallecimiento.

En los setenta, sin embargo, todas las filigranas de Pete era vistas como un elemento improductivo y, sobre todo, innecesario.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73197″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_column_text text_lead=»yes»]La derrota persiguió a Pistol también en su etapa profesional. Mientras él producía individualmente a un magnífico nivel, sus equipos nunca terminaban de despegar. Ante esta disyuntiva, Maravich se entregaba a la otra competición de su vida: la bebida. Algunos excompañeros le definieron como una esponja; lo que todos tenían claro es que el tío llevaba la cuenta de copas igual que la de los puntos, y que lo raro era cuando no se pillaba un pedo del copón antes de los partidos.

Tras cuatro temporadas en Atlanta, los New Orleans Jazz le reclutaron como estrella de su nuevo equipo de expansión. «Algo dentro de mi me decía que todavía tenía que superar cualquier cosa que hubiera hecho en el pasado. Pensé que la única manera de continuar siendo aceptado por el público era anotar 68 puntos noche tras noche», escribió en su autobiografía el jugador.

Se refería a su gran noche en el Madison Square Garden, el 25 de febrero de 1977. Pistol disparó 68 puntazos en el coliseo de los New York Knicks en una época en que solo Wilt Chamberlain y Elgin Baylor habían conseguido exhibiciones comparables. Era una ironía, pero toda la pasión y exaltación que él traía a las gradas le provocaban estrés y miseria. Le quedaban pocos años en la NBA, y nunca consiguió traducir sus dotes individuales en triunfos colectivos.

La puntilla fue su última etapa con los Boston Celtics, donde se acercó más que nunca al anillo que hubiera curado todas sus heridas —y lesiones, que en muchas ocasiones cortaron en seco sus mejores años. Tras quedarse a las puertas de la gran final, Pistol se retiró por un problema crónico en la rodilla en 1980. Al año siguiente, un tal Larry Bird y sus Celtics se harían con el título. Perdedor.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»1″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ shape_dividers=»»][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ desktop_visibility=»yes» medium_visibility=»yes» medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73196″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»50″ override_padding=»yes» h_padding=»0″ top_padding=»0″ bottom_padding=»0″ back_color=»color-lxmt» overlay_alpha=»50″ equal_height=»yes» gutter_size=»0″ shift_y=»0″ row_height_use_pixel=»»][vc_column column_width_percent=»100″ override_padding=»yes» column_padding=»0″ back_color=»color-wayh» back_image=»73196″ back_position=»center top» parallax=»yes» overlay_alpha=»0″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][/vc_column][vc_column column_width_percent=»70″ position_vertical=»middle» override_padding=»yes» column_padding=»5″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ width=»1/2″][vc_custom_heading text_size=»h1″ text_height=»fontheight-357766″ text_font=»font-202503″ sub_lead=»yes» sub_reduced=»yes» text_uppercase=»» subheading=»— Pete Maravich»]Pensé que la única manera de continuar siendo aceptado por el público era anotar 68 puntos noche tras noche[/vc_custom_heading][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_custom_heading text_font=»font-762333″ text_uppercase=»»]Ovnis y zumos naturales[/vc_custom_heading][vc_column_text text_lead=»yes»]Para ahogar sus penas, Pete recurría a cualquier método. La bebida fue el más recurrente, pero Maravich también se pasó a la dieta vegetariana—en una ocasión pasó 25 días sin comer nada más que zumos naturales— y buscó respuestas en la ovnilogía. Entre otras excentricidades, pintó un mensaje dirigido a los extraterrestres en el tejado de su casa: TAKE ME, llevadme.

A pesar de encontrar un refugio terrenal en su esposa y dos hijos, Pete siguió muy vinculado a un sufrimiento más profundo, sus padres. Helen, su madre, se había suicidado en 1974 víctima del alcoholismo y la depresión. Después de su retirada, Maravich fantaseó en más de una ocasión con el suicidio. Por las noches no dormía, y se levantaba con las sábanas mojadas pensando en meter su Porsche a 200 por hora en el centro.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73207″ media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row=»» row_height_percent=»0″ override_padding=»yes» h_padding=»2″ top_padding=»2″ bottom_padding=»2″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″ row_height_use_pixel=»» shape_dividers=»»][vc_column column_width_use_pixel=»yes» font_family=»font-134980″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ zoom_width=»0″ zoom_height=»0″ column_width_pixel=»800″][vc_column_text text_lead=»yes»]Sin el baloncesto, a Pete le costó encontrar motivos para seguir viviendo. Su aspecto se ensombreció, y ese guaperas con pintas de estrella de rock se quedó en una figura escuálida que miraba a su alrededor con los ojos vacíos. Cuando a su padre le diagnosticaron cáncer, todo dejó de tener sentido.

A Pete le costó soltar el cuerpo inerte de Press en el hospital. Su esposa Jackie recuerda que, cuando lo hizo, susurró un premonitorio «te veré pronto». A pesar de abrazar la religión cristiana con mucho fervor —y abandonar por fin su alcoholismo depresivo—, Pete Press Maravich fallecía nueve meses después a causa de un ataque cardíaco.

Quizás sea cierto que un corazón roto puede matar.[/vc_column_text][vc_column_text text_lead=»yes»]Sigue al autor en Twitter: @GuilleAlvarez41

Este relato se ha basado en el libro biográfico Pistol. La increíble historia de Pete Maravichde Mark Kriegel. Fotografías cedidas por Editorial Contra / Agencias.

Este artículo fue publicado originalmente en VICE Sports España.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Una anomalía llamada James Harden

[vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548101164009{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Es complicado catalogar a James Harden, la estrella que más brilla últimamente en la NBA. Él se define a sí mismo como un tipo raro, alguien unnormal, en un inglés mal hablado que usa también a propósito. La anomalía de la barba más célebre de la liga está alcanzado cotas cósmicas: lleva 19 partidos consecutivos por encima de los 30 puntos, el único jugador capaz de trenzar esta racha que no se apellida Chamberlain.

Vamos a ir rápido con los números. Su actual racha empezó el pasado 13 de diciembre con una exhibición de 50 puntos ante los Lakers. Exactamente un mes después, Harden daba la vuelta al mundo a golpe de titulares de prensa: 57 puntos que se comieron los Grizzlies. Los medios, exaltados, tuvieron que tirar de mucha elocuencia cuando, tan dos días después, The Beard se superaba a sí mismo con 58 tantos ante los Nets. Ese día, Harden empataba a Elgin Baylor –y el siempre presente Wilt Chamberlain– con su racha de 30+. En su último partido hasta la fecha, el bueno de James no se quedó corto con otros 48 puntos en su casillero, también encajados por los Lakers. Vamos, una racha de récord y redonda.

Harden lidera, como es obvio tras hojear sus cifras, la anotación en la NBA. Son 35,7 puntos por partido que están al nivel de las versiones más letales de Kobe Bryant y Michael Jordan, únicos en registrar cifras similares en la era moderna del baloncesto estadounidense. La pregunta que se hace todo el mundo ahora es también evidente: ¿cuándo terminará su racha? Según analizan en SportsBettingDime, las probabilidades de que Harden mantenga su racha de más de 30 puntos por partido durante más de 22 partidos es del 56%. La conclusión es que los números dicen que Harden no terminará de reventar el casillero ni hoy ni pasado mañana.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-155591″ isotope_mode=»packery» medias=»74788″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ single_text_reduced=»yes» lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3MjYxX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxNl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3ODk2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OTRfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548101105330{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

¿De qué rincón de la galaxia viene la Barba?

Olvidemos ya los números, que todos conocemos y podemos consultar a diario, y miremos hacia el pasado. ¿Quién demonios es James Harden? Nacido en Compton en 1989, su madre le apodó Lucky (afortunado) porque entre él y su hermana mayor había sufrido varios abortos naturales. Cuando James se consolidó en las entrañas de su madre, la familia albergaba pocas esperanzas.

James nació en un entorno complicado. Compton, un suburbio situado al sur de Los Ángeles, era uno de los lugares con mayor criminalidad en Estados Unidos en los noventa. Su madre y hermana aún recuerdan los constantes tiroteos. De su padre pocas memorias quedan, y la Barba jamás supo nada. La madre de Harden es una de las más implicadas en la asociación Mother’s of Professional Basketball Players, retratada a la perfección en el capítulo 55 del podcast El Reverso. Para él, su madre es un elemento clave del éxito. Ella le siguió a todas partes.

“Hay mucha gente que no tiene suficiente fuerza mental. Y allí la gente acaba en la cárcel o ya no está aquí entre nosotros”, explica Harden sobre la barriada de su infancia. Su madre usó el deporte para esquivar los peores augurios y alejar a sus tres hijos de las bandas. “Jugaba a baloncesto hasta la 1 o las 2 de la madrugada, era mi trabajo”, recuerda el 13 de los Houston Rockets en un documental de ESPN. El joven Harden pasaba de las chicas –le tiró un balón a la cara a una como respuesta a sus flirteos– y solo se dedicaba a la canasta.

A pesar de todas esas horas en la cancha, Harden tenía varios escollos por delante. El primero era su condición de asmático, y en el instituto recuerdan que se ahogaba con cierta frecuencia. Otras cosa que recuerdan: no levantaba ni una pesa y comía bloques de queso enteros en una merienda. “La verdad es que podía hacer poca cosa. Era lento, muy lento”.

Un rara avis del baloncesto, sus compañeros se fijaron que James empezaba a emular a un argentino de moda en la NBA, un tal Manu Ginóbili. El euro-step entró en la vida de Harden pronto, y poco a poco le fue convirtiendo en lo que es ahora, un regateador sin parangón en la liga. Una vez graduado, las mejores universidades del país se fijaron en su talento. Él, fiel a sus rarezas, eligió seguir a su entrenador de instituto a Arizona State, una universidad promedio, y seguir marcando su ritmo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-155591″ isotope_mode=»packery» medias=»74789″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ single_text_reduced=»yes» lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3MjYxX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxNl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3ODk2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OTRfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548099209559{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Un sexto hombre en la penumbra

El Harden universitario empezó a salir en los titulares. También empezó a dejarse la barba porque le hacía parecer más adulto. En las fotos de esa época se le ve algo gordete, un problema que no trasladó al profesionalismo. Con Oklahoma City Thunder, James tuvo que armarse de paciencia. Lo hizo tan bien que se convirtió en el mejor sexto hombre de la liga, una receta que propulsó al trío formado junto a Kevin Durant y Russell Westbrook a las Finales de la NBA de 2012. Perdieron.

Harden todavía piensa en esa época en Oklahoma. “¿Qué hubiera pasado si…?”, se pregunta por dentro. Cuando fue traspasado, cuando su relación con los Thunder se rompió de repente, la Barba pensaba que estaba condenado al papel de sexto hombre para siempre. A pesar de ello, vivió la separación como un divorcio. “Estábamos tramando algo grande, íbamos a por varios campeonatos consecutivos”, asegura. Lo que ocurrió es que el 13 no aceptó una propuesta renovación que le dieron a última hora, y Sam Presti, GM de OKC, lo traspasó en una operación relámpago a los Rockets.

De la noche a la mañana, el sexto mejor hombre del año pasó de la penumbra al centro del escenario. En su primer partido con su nuevo equipo cayeron 37 puntos, y en el segundo 45. “Esos dos encuentros me dieron la confianza necesaria. Vi que esto podía ser bueno”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74790″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548101230378{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

¡Houston, Houston, ha nacido una estrella!

Desde su llegada a los Rockets, Harden ha ido progresando exponencialmente. Con Mike D’Antoni, que le ha situado en la posición de uno, la Barba ha capitalizado al máximo sus habilidades. “Cuando intentan cambiar las reglas, o poner nuevas de por medio, por culpa de una persona quiere decir que estás muy por delante de la competencia”, opina su entrenador sobre una de las especialidades de Harden: sacar faltas de la absoluta nada. Para el 13, su estilo solo “intenta crear una ventaja”, los oponentes y detractores definen esas faltas como pura basura.

Harden universalizó su icónica Barba a base de exhibiciones anotadoras y una capacidad incesante de mejora. No ha habido año que no haya subido sus cifras del curso anterior. Anotador puro y duro, no se queda corto a la hora de repartir juego: 8,5 asistencias este año. El juego le ha propulsado, pero lo que ha encumbrado al Harden estelar es su estilo fuera de la cancha.

Posado serio, ropa estrafalaria, su tremenda barba. Todo conjuga para que el tipo sea un peso pesado. Su carácter, abierto a cualquier cosa, también le ha convertido en uno de los jugadores más deseados por las marcas. Si algo tiene Harden es que no deja a nadie indiferente. “Me entra comida en esta mierda todo el rato”, se mofa de su valor más preciado, la barba. La máquina de anotar es, también, una máquina de vender.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74791″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548099503766{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

El acento en el liderazgo

Harden recibió muchas críticas en su primera etapa con los Rockets, la que compartió con Kevin McHale de entrenador. Fue su antiguo preparador quién disparó más duro contra su expupilo: “James puede ver todos los pases, hacerlo todo, pero no es un líder”. Esas palabras llegaron al inicio de la temporada pasada, y los resultados de la misma le acabaron dando la razón a la Barba.

Houston estuvo más cerca que nunca de doblegar la dinastía de los Golden State Warriors, amos y señores del salvaje Oeste NBA. Con un 3-2 a favor en las Finales de Conferencia, una lesión de Chris Paul cortó la dinámica colectiva de los Rockets y dejó a Harden demasiado al descubierto. El superequipo liderado por Curry, Durant, Thompson y Green aprovechó esa debilidad y avanzó sin volver a mirar atrás hacia su segundo campeonato seguido. Era lo esperado, pero fue el baloncesto único de Harden quien puso en jaque la fórmula ganadora de los de la bahía.

Este año, los Rockets añadieron a Carmelo Anthony a su receta, que salió rana. Rectificaron a tiempo y descartaron a la estrella de sus planes. Desde entonces, y con varias lesiones de compañeros de por medio –Chris Paul, Clint Capela y Eric Gordon se han perdido muchos partidos este año–, James Harden ha enderezado él solito el rumbo de su franquicia.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74792″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548099818211{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Individualista, ¿y qué?

Para muchos, el baloncesto de Harden es tremendamente individualista, prácticamente onanista. Una exaltación egoísta que casa poco con los últimos tiempos que han visto con mejores ojos los valores colectivos, léase los Warriors o los Spurs, y hoy en día también los Celtics o los Raptors. Pero esta visión que pretende marginar a Harden se olvida de la otra cara de la moneda. En estas fiestas corales del pasado reciente siempre hubo una antítesis llamada LeBron James, otra fuerza descomunal que por sí sola derribó a cualquier competencia en el Este durante ocho temporadas consecutivas.

Comprado con el Rey, lo de la Barba parece una anécdota. Sí, su dominio del juego ofensivo es absurdo, y se carga a los rivales hagan lo que hagan. Si se le tiran demasiado encima, fuerza la falta; si le dejan respirar, les acribilla desde cualquier distancia; si le vigilan de cerca, se desvanece con un par de quiebros y anota la bandeja fácil.

Otra línea de ataque contra el actual MVP de la NBA es la defensa. Harden no es un gran defensor, ni tampoco ha pretendido serlo nunca. Eso sí, sus críticos parecen tener memoria selectiva, ya que esa crítica no es común escucharla sobre otro referente del baloncesto del siglo XXI. ¿Qué tal defiende Stephen Curry? ¿No?

Lo de James Harden es un espectáculo de un hombre contra el mundo, un tipo que siempre ha seguido caminos poco frecuentados pero que, a punto de entrar en sus 30, ha encontrado las puertas del Olimpo. La Barba es una anomalía, y como cualquier anomalía en esto del baloncesto, deberíamos aprender a valorarla y disfrutarla al máximo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»color-vyce» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fguillealvarez41||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Sigue al autor en Twitter[/vc_button][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»accent» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fnbaesp||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Siguenos en nuestras redes[/vc_button][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74794″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI4In0sIjczMzgyX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9fQ==»][/vc_column][/vc_row]

La NBA ya lo sabe, Luka Doncic no tiene límites

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Sus números, en España, le han puesto a la altura del mismísimo Michael Jordan, Oscar Robertson y Magic Johnson. Al menos eso dicen los titulares. Los números matizan un poco las cosas, amortiguan las odiosas comparaciones. Ahora, sin estadísticas ni sensacionalismo de por medio, ver un partido del base esloveno es disponerse a disfrutar de la esencia del baloncesto.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ back_image=»74093″ parallax=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ position_vertical=»middle» align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1543030329233{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]En Estados Unidos siempre se sorprende cuando llega un rookie como Doncic, que de rookie no tiene absolutamente nada. Doncic tiene una experiencia previa a primer nivel que ningún otro jugador del draft ha acumulado en sus años universitarios. De hecho, en Europa Luka se despidió ya dando pistas sobre su futuro: dos MVP, en la ACB y en la Euroliga. En apenas 15 apariciones de corto en América, el esloveno ya es el principal candidato a rookie del año.

Algo que indica muy bien la ignorancia en el entorno estadounidense es la encuesta que la NBA realiza con los rookies al inicio del año. A la pregunta de cuál sería el jugador con una carrera más exitosa, ninguno de los 36 consultados optó por el esloveno. Y solo 3 le señalaron como el futuro rookie del año. La realidad prácticamente ridiculiza la encuesta.

Sus números, que resisten también junto a los de LeBron James, ponen a Luka Doncic en una dimensión sorprendente. Está preparado para grandes cosas, ¿quizás más de las que nos imaginábamos?[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_column_text][/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ back_image=»74095″ parallax=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ position_vertical=»middle» align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1543030812974{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Resistiendo las odiosas comparaciones

La comparación más interesante para Luka es con LeBron, único contemporáneo suyo entre los nombres que se han ido soltando estos días. De mantener este ritmo, Doncic podría acercarse mucho a los números de debutante del tipo que revolucionó y todavía hoy marca la pauta en la NBA del siglo XXI. Algo tremendo, porque aquí ya no aplica eso de no poderse comparar épocas, como deslizó su compañero Dirk Nowitzki.

“Tiene confianza, está tomando tiros difíciles para nosotros, la pelota está mucho en sus manos. Ha sido divertido verle. Algo que no hemos visto realmente, un rookie de menos de 20 años que promedia 20 y 6. El juego es diferente ahora y eso ayuda a (los jugadores europeos) tener éxito. Cuando yo llegué era más duro, más físico, había más contacto. Ahora es más abierto, las reglas han cambiado”.

La comparación con Magic y Oscar es otra cosa, lo mismo que con Jordan. Eso sí, se pueden sacar conclusiones interesantes en cuanto a su efectividad. Su eficiencia está por encima de todos exceptuando a Johnson, al que se le acerca por décimas. Esos números no le han subido el humo a la cabeza. Un factor importante de Luka es precisamente el saber estar. Hace un mes, cuando cumplió su décimo partido en la NBA, varios periodistas charlaron con él y, claro, salió la comparación con MJ.

“Jordan es el mejor jugador de todos los tiempos. Pero no me puedo comparar con él. Hizo una carrera increíble”. Con 19 años, lo más importante es que el tío tiene la cabeza amueblada, y por eso estas comparaciones pueden resistir el factor tiempo y otro más complejo, el factor de lo desconocido, un futuro siempre impredecible con temas como traspasos y lesiones de por medio.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_column_text][/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1543030878346{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

¿Rookie del año?

Doncic aparece en el primer puesto del ranking en la carrera del rookie del año según la mayoría de expertos, aunque hay algunos colegas suyos que todavía no quieren darse por enterados. “Lo que pasa con Luka es que es un buen jugador. Es un gran tipo, y creo que será un muy buen jugador. Pero al mismo tiempo, yo seré mejor que él. Simplemente por mi habilidad de expandir el campo, involucrar a otros, creo que seré mejor”, declaró Trae Young, que fue traspasado por Doncic a los Atlanta Hawks. Atrevido.

Los números dan una carrera más igualada en este sentido, aunque las sensaciones que transmite Doncic, un jugador más maduro y curtido que el resto en pistas profesionales, es lo que le sitúa por delante del resto a día de hoy. Su candidatura depende más de ese intangible que no de los números, algo que ya destacó su entrenador Rick Carlisle. “Es un buen jugador que no para de mejorar y que ha visto más mundo que la mayoría con 19 años, porque lleva jugando con profesionales desde los 13”.

Sus rivales hasta el momento se han deshecho en elogios hacía el esloveno. Steve Kerr le comparó el otro día con un five-tool player en béisbol. En pocas palabras: un jugador completo que ofrece todas las cualidades adecuadas para el juego. “Me gusta mucho. Está pulido, tiene talento y se nota que ha jugado a nivel profesional previamente. Tienen a un gran tipo para liderar esta franquicia en el futuro”, sentenció Kevin Durant después de que los Golden State Warriors cayeran con los Dallas Mavericks y Luka Doncic fuera el ejecutor de un par de jugadas claves en el tramo final del partido.

Hay Luka Doncic para rato, hay futuro sin más límites que los que él se imponga. Eso se traduce en algo elemental para el aficionado: placer al verle sobre una cancha de baloncesto.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»74096″ caption=»yes» media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»color-vyce» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fguillealvarez41||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Sigue al autor en Twitter[/vc_button][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»accent» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fnbaesp||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Siguenos en nuestras redes[/vc_button][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74091″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI4In0sIjczMzgyX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9fQ==»][/vc_column][/vc_row]

Tex Winter y el triángulo de los ídolos

[vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1541280758328{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]En unos días hará un mes que el baloncesto perdió a uno de sus hombres más importantes de las últimas décadas, un hombre que triunfó, sin embargo, como secundario. Morice Frederick Winter, más conocido como Tex Winter, fue el creador del triángulo ofensivo, el sistema de juego más laureado de las tres últimas décadas NBA. Falleció el pasado 10 de octubre a los 96 años.

Winter, mentor y asistente de Phil Jackson con los Chicago Bulls y Los Angeles Lakers, fue el encargado de enseñar a dos genios individuales de qué iba el juego en equipo. Michael Jordan y Kobe Bryant hubieran ganado títulos con o sin el sistema, pero probablemente no hubieran alcanzado cotas tan altas si no hubieran escuchado, durante el largo de su carrera deportiva, los consejos de Tex. A través de lo colectivo llegaréis a metas más lejanas.

“Es un purista del baloncesto y quiere que el juego se juegue de forma correcta en todo momento”, explicaba Kobe Bryant a NBA.com durante la campaña de su cuarto anillo, el primero de Pau Gasol. “Cuando llegó aquí [LA] por primera vez, él y yo solíamos hacer sesiones de vídeo individuales a diario. Veíamos los partidos de principio a fin y él simplemente compartía muchísimos conocimientos conmigo”. [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ back_image=»73787″ parallax=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ position_vertical=»middle» align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1541280921621{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Entrenador de entrenadores

Winter fue un buen entrenador universitario, con un récord global de  453–334 (.576), y una aparición en la Final Four con Kansas State. Se dedicó a las banquillos seis décadas, y en 1962 publicó The Triple-Post Offense, los cimientos de su enfoque baloncestístico. Su única aventura como entrenador principal en un banquillo NBA fue corta y nada fructífera, entre 1971 y 1973, acumulando un récord de 51 victorias y 78 derrotas con los Houston Rockets.

La historia podría haber acabado en una gran pérdida, ya que Winter contemplaba dejar el baloncesto por completo tras varios años sin obtener grandes resultados una vez retornado a la NCAA. En 1985, Jerry Krause, GM de los Bulls del jovencísimo Michael Jordan, le pidió a Winter que se uniera al equipo de asistentes de Chicago para ejercer, según palabras de Phil Jackson, de entrenador de entrenadores. Krause le suplicó ni que fuera dos o tres años, que al final fueron 14. Su relación con Stan Albeck y Doug Collins, predecesores de Jackson en el cargo, fue poco profunda, pero con el maestro Zen entabló un vínculo de nueve anillos.

Tex y yo teníamos una relación muy profunda, sencillamente porque yo no era muy buen entrenador y no tenía demasiado conocimiento. Él tenía mucho conocimiento”, contaba Jackson de su relación en Chicago con Winter. “Solíamos decir que no había nada que pudiera gobernar a Tex. Él decía lo que su mente impulsivamente le pedía decir, y era como la mente de los dioses del baloncesto. Si jugabas contra las reglas del juego, él te lo iba a comentar”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73791″ caption=»yes» media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1541281235363{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Ese carácter que comenta Jackson le ganó una reputación con sus grandes estrellas. «No le importaba si era Shaq o Kobe, incluso Phil», comentaba Derek Fisher en 2009, cuando el preciado asistente permanecía en casa por problemas de salud y sus Lakers le echaban de menos. «Él iba a decir lo que tenía que decir. A este nivel, es una experiencia refrescante de la que formar parte».

Michael Jordan explicó que aprendió mucho bajo las órdenes de Coach Winter. “Era un trabajador incansable, siempre centrado en los detalles y la preparación, un gran profesor. Tuve suerte de jugar para él”.

Winter coincidiría con las palabras de su pupilo más ilustre, del que también se sintió afortunado de tener bajo su cobijo. “Sería un idiota si dijera que el triángulo creó a Michael Jordan”, pero de bien seguro que le ayudó a llegar donde llegó”, comentaba Tex. No era un idiota y parte del gran éxito del sistema fue la gran capacidad de persuasión de Jackson, que convenció a su 23 a que renunciara a potenciales de su juego eterno para permitir el mejor encaje de todas las piezas del equipo. Otra gran parte del éxito fue, claro, contar con Jordan y con el talentoso grupo que fueron aquellos Chicago Bulls, equipo histórico donde los haya.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ back_image=»73788″ parallax=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ column_width_percent=»100″ shift_y=»0″ z_index=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ position_vertical=»middle» align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ shift_y_down=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][vc_empty_space empty_h=»4″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1541281418769{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]En una entrevista de 1999 para SLAM, Winter compartía reflexiones sobre el gran –pero mal entendido, decía él– éxito de su sistema, que fue aplicado o adaptado por varios equipos tras la doble dinastía de Chicago que dominó de cabo a rabo los noventa:

Cada vez vemos más y más partes fragmentadas del sistema apareciendo todo el rato, pero en general se ha bastardizado. Me siento halagado de que piensen que es una solución en cualquier situación, pero lo entrenadores no parecen del todo capaces de enseñar el sistema. Se hincha hasta convertirse en algo demasiado complicado, pero pienso que es algo muy simple. No soy el tipo más brillante del planeta. De hecho, soy más bien ingenuo, así que tampoco puedo haber armado algo demasiado complejo. Es algo distinto. La mayoría de nuestros jugadores ahora aprenden a jugar en ligas de verano y canchas de la calle, sin demasiada estructura en los partidos, así que desarrollan talentos en el uno contra uno, jugando en congestión, y desafían muchos principios de las buenos ataques en equipo. En consecuencia, estos jugadores las pasan canutas cuando les pides que se conviertan en un dedo dentro de un guante, en vez de una entre cinco manos.

Todo está radicado en unos principios muy básicos, como el movimiento de pelota y jugador con motivo; buenas posiciones de rebote ofensivo; espacio, para que los equipos contrarios pasen un mal rato si quieren doblar a la pelota; y penetración –un ataque no es bueno si no hay una oportunidad de penetrar. Te diré cuán simple es. Se usa mucho entre los entrenadores de instituto que tienen niños aprendiendo a jugar. Ellos son perfectos porque no tienen malos hábitos todavía.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_single_image media=»73790″ caption=»yes» media_width_percent=»100″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1541281597569{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Después de leer su explicación a sus fundamentos resumidos, es evidente que hoy en día los tiros van más por el talento individual potenciado y, claro, por una tendencia hacia el tiro exterior liderada por Stephen Curry y sus todopoderosos Golden State Warriors. Steve Kerr, por cierto, fue uno de los pupilos favoritos de Winter, ya que era de los que mejor aplicaban su sistema.

¡Y qué sistema! Once anillos –nueve con él en el banquillo junto a Jackson, ya que un ictus le apartó del día a día–, seis con los Bulls y cinco con los Lakers. En el camino, su predicamento iluminó el camino a dos talentos rebeldes como Jordan y Bryant, además de proponer dúos para la historia: Jordan-Pippen, Bryant-O’Neal y Bryant-Gasol. La lista de secundarios, empezando por Kerr, también es de primera categoría: John Paxson, Derek Fisher, Horace Grant, Lamar Odom, Dennis Rodman, Robert Horry, Toni Kukoc…

Con nueve –u once, como prefiráis vosotros– anillos en su palmarés, y con la papeleta de enderezar el camino primero a Phil Jackson, dios entre los entrenadores de la NBA, y luego adiestrar a otros dos ídolos en el Olimpo como Jordan y Bryant, ¿quién podría negar que Tex Winter fue uno de los mejores entrenadores de la historia?

Su legado, en nuestra memoria, en el Salón de la Fama Naismith y también en los libros de historia del deporte, quedará a salvo. Tan simple y a pesar de ello tan temible, el triángulo ofensivo quedará para siempre. Un triángulo único, el triángulo de los ídolos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_raw_html]JTNDaWZyYW1lJTIwY2xhc3MlM0QlMjJzY3JpYmRfaWZyYW1lX2VtYmVkJTIyJTIwdGl0bGUlM0QlMjJFeGNlcnB0cyUyMGZyb20lMjBOQkElMjBDb2FjaGVzJTIwUGxheWJvb2slM0ElMjAlMjBQaGlsJTIwSmFja3NvbiUyMGFuZCUyMFRleCUyMFdpbnRlciUyMGRpc2N1c3MlMjB0aGUlMjBUcmlhbmdsZSUyME9mZmVuc2UlMjIlMjBzcmMlM0QlMjJodHRwcyUzQSUyRiUyRnd3dy5zY3JpYmQuY29tJTJGZW1iZWRzJTJGODc5ODc0MyUyRmNvbnRlbnQlM0ZzdGFydF9wYWdlJTNEMSUyNnZpZXdfbW9kZSUzRHNjcm9sbCUyNnNob3dfcmVjb21tZW5kYXRpb25zJTNEZmFsc2UlMjZhY2Nlc3Nfa2V5JTNEa2V5LTFwOW85ZjZkOXNxNWFrczUzNzVsJTIyJTIwZGF0YS1hdXRvLWhlaWdodCUzRCUyMnRydWUlMjIlMjBkYXRhLWFzcGVjdC1yYXRpbyUzRCUyMm51bGwlMjIlMjBzY3JvbGxpbmclM0QlMjJubyUyMiUyMHdpZHRoJTNEJTIyMTAwJTI1JTIyJTIwaGVpZ2h0JTNEJTIyNjAwJTIyJTIwZnJhbWVib3JkZXIlM0QlMjIwJTIyJTNFJTNDJTJGaWZyYW1lJTNF[/vc_raw_html][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»color-vyce» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fguillealvarez41||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Sigue al autor en Twitter[/vc_button][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»accent» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fnbaesp||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Siguenos en nuestras redes[/vc_button][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»73801″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI4In0sIjczMzgyX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9fQ==»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1541364400530{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]P.D. Si queréis leer más sobre el triángulo ofensivo, esta investigación de The New York Times resulta amena e interesante.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

El inspector de carne que soñó con el Dream Team

Fueron como Johnny Cash en la cárcel de Folsom, como los Allman Brothers en el club Fillmore East. Como Santana en Woodstock. «Si hubiera sido ahora, habría sido uno de esos reality shows.» Larry Bird

Hablamos del Dream Team, el equipo que hizo las delicias de los aficionados al baloncesto y al deporte, ya que fueron ellos los que dieron una dimensión nueva a la naranja y la cesta de Naismith. La historia sería otra, o no tendría los maravillosos nombres de Michael Jordan, Larry Bird, Magic Johnson y compañía inscritos en ella, de no ser por la visión de un inspector de carne de Belgrado.

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Boris Stanković llegó a Estados Unidos en enero de 1974. Se instaló en Billings (Montana), un pueblo tan remoto como su nombre sugiere. Tenía 49 años y quedó prendado enseguida del baloncesto universitario y del pelirrojo Bill Walton. Lo curioso de todo ello es que es difícil saber como este tipo, titulado veterinario y currante de carnicería, llegó a ser el tipo que fraguó la inclusión de profesionales estadounidenses en competiciones internacionales.

Exjugador –ganó tres ligas yugoslavas– y entrenador y directivo ya con 30 años (mientras trabajaba de inspector de carne, claro), destacó tanto en la antigua Yugoslavia que en 1966 recibió la oferta del histórico equipo italiano Oransoda Cantù. La cosa fue bien y ganó el título de liga en el 68. La FIBA vio en él, entonces, una mina de oro. Bingo.

«Parecía otro deporte. Más rápido, pero también muy sólido. Veías a un jugador como Bill Walton durante un minuto y era evidente que estaba a un nivel muy superior que cualquiera en Europa.» Borislav Stanković

Eso pensaba el amigo Boris, de la escuela física y tosca del baloncesto yugoslavo, tras ver fascinado a los chavales universitarios. Tenía buen ojo y, sin quererlo, visión de negocio. La FIBA, por aquel entonces, solo permitía que fueran amateurs quienes disputaran las competiciones internacionales. Y eso incluía los Juegos Olímpicos, claro.

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Ni Stern ni Nike, fue Boris

«La hipocresía, por supuesto, radicaba en que jugadores profesionales de facto jugaban igualmente, ya que los equipos de baloncesto de otros países siempre contaban con los mejores jugadores, aunque a veces constaran oficialmente como «soldados» o «policías»», recuerda Jack McCallum en su libro, ‘Dream Team: la intrahistoria del mejor equipo que ha existido jamás’.

Ni David Stern ni los genios del marketing de la escuela Nike fueron quienes llevaron al Dream Team a Barcelona. Fue el empeño de Boris, nuestro inspector de carne favorito. Él propuso, para mostrar el potencial de la receta, organizar una serie de torneos entre equipos FIBA y NBA. De allí nacieron los míticos Open McDonald’s que jugaron, entre otros, el Real Madrid, el Barcelona y el Joventut de Badalona.

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Stanković persistió varios años con su cantinela: los Estados Unidos debían llevar a los profesionales, y para ello la FIBA necesitaba cambiar sus normas. Tras un fracaso en el congreso de Madrid 1986, el inspector serbio consiguió su objetivo en Múnich, en 1989. Jordan y compañía –si querían ellos y, también, la NBA– podrían viajar a las canchas de Barcelona.

«¿Qué efecto tuvieron los Beatles en la música cuando fueron a Estados Unidos? Fue algo parecido.» Donnie Nelson

Quisieron, y el resto es historia. Ese equipo, esas Olimpiadas, cambiaron el abasto mediático del baloncesto en todo el mundo. Allí nacieron nuestro dormir es de cobardes en España, ese equipo vieron asombrados los hermanos Gasol, Ginóbili, Nowitzki y compañía.

Y lo más curioso es que, Jack McCallum, autor del libro que mejor recuerda el importante papel del inspector de carne en todo el asunto, ni escribió bien su nombre, que no es Boris, sino Borislav Stanković.

Estas historias y muchas más las podréis encontrar en ‘Dream Team’, que publica en España la editorial Contra. También podéis leer nuestro artículo sobre el papel que jugaron las islas Baleares en VICE España.

Imágenes vía Youtube / FIBA Basketball / Euroleague 

El All Star despide a Kobe con un fin de semana de lujo

La noche prometía emociones fuertes y así fue. El partido de las estrellas en sí quedó al margen en lo que se convirtió en un sentido homenaje de la NBA a una de sus figuras clave de las pasadas dos décadas. Kobe Bryant recibió el calor del público y la afición en Toronto, que organizó el primer All Star fuera de Estados Unidos en una edición que pasará a la historia por despedir a un jugador de época y por renovar, al mismo tiempo, la ilusión de los fans en el concurso de mates del sábado.

Entre miles de mensajes, reverencias y vídeo-homenajes, la figura de Bryant se dio su penúltimo baño de masas antes de poner punto y final a su brillante carrera deportiva con una actuación destacada en un partido que no sorprendió y se convirtió en una pachanga que se llevó la conferencia Oeste por un 196-173 de récord. Es la mayor anotación total en un All Star (369 puntos que superan los 321 del curso pasado) y también la mayor al intermedio, ya que ambos equipos sumaron 182 puntos al descanso.

La presentación a cargo del Cirque du Soleil, una apertura de guión magnífica y digna del mejor espectáculo estadounidense (incluso por encima del ‘half-time’ de la pasada Super Bowl), hizo presagiar una velada mágica. Y así fue para quién no esperaba grandes sorpresas o grandes defensas en un partido que año tras año (ya van tres seguidos) sigue rompiendo récords de anotación total.

Magic-Johnson-Kobe-Bryant-NBA

Con una sonora ovación en la presentación de los jugadores, bajo la mirada de su amigo Pau Gasol, Toronto recibió a Kobe Bryant, el último en ser presentado del elenco de All Stars. Antes del ‘tip-off’,  continuaron las reverencias al astro angelino con un vídeo-homenaje proyectado en las pantallas gigantes del pabellón. La NBA se volcó en la despedida, que más allá de los discursos tuvo pocos ‘flashes’ de juego.

«Todo el mundo quería ser cómo AI, Kobe, Mike, uno de esos tipos», explicaba John Wall con palabras muy bien encontradas antes del plato principal del fin de semana. «Ha sido el Michael Jordan de nuestra era, en mi opinión», apuntó el base de los Washington Wizards, que apenas tenía 7 años cuando Bryant irrumpió en la NBA.

«Quería ser parte de esto. Me va a emocionar verle. Espero que lo disfrute», compartió Gasol, amigo y compañero del #24 en dos de sus cinco viajes hasta el anillo en Los Ángeles. “Es como estar viendo a Michael Jordan. Me he quedado mirándole. Es impresionante. Comete errores, pero es increíble como los supera”, comentó Gregg Popovich, especialmente tierno con el gran icono que ha rivalizado con sus soberbios Spurs en la última década y media.

LeBron-Bryant-All-Star-Salto-Inicial

El comienzo del partido dejó otra imagen eterna. Kobe y LeBron compartieron el salto inicial, un año más tarde del icónico salto entre los hermanos Gasol en Nueva York. Fue la imagen del cambio definitivo, la cesión del testigo entre dos generaciones de la NBA, la que creció con Bryant de referente y la que abandera el que para muchos es el jugador más completo del momento, un James que tras su dominio avasallador de los últimos cursos está  a su vez más cerca de ceder el trono a Stephen Curry y compañía (si no lo ha hecho ya).

Cuando yo era un adolescente, seguía su trayectoria. Verle pasar del instituto a la NBA fue una fuente de inspiración”, decía LeBron antes de encarar la pachanga dominguera en Toronto. Para Kobe, él nunca fue un rival directo, sino un joven con un futuro gigante por delante. «Sentía que éramos de generaciones completamente diferentes. Desde que entró en la liga siempre le he dado consejos», explicaba hace unos días en su última aparición en la pista de los Cleveland Cavaliers. Se fundieron entonces en un abrazo, un gesto que ayer se repitió a raudales.

Kobe-LeBron-All-Star-2016

Más allá del resultado, de los números y del MVP para Russell Westbrook (31 puntos, 8 rebotes y 5 asistencias), la noche fue de un sólo tipo, del hombre que enlazó la era de Michael Jordan con el baloncesto contemporáneo del todoterreno LeBron o el mágico Stephen Curry. «He sido un privilegiado al poder verle jugar, Kobe nos ha regalado 20 años increíbles», le elogió en horario de prime-time la que es, seguramente, la mayor leyenda Laker de la historia junto a Bryant, un Magic Johnson –sin olvidar a West y Kareem, claro– que fue además protagonista de otro de los grandes homenajes en un All Star, cuando volvió de su retirada obligada por el VIH en 1992.

Michael Jordan, en 2003, fue el único que recibió un homenaje similar para poner la guinda a su trayectoria. «Se marcha de la manera que él ha elegido. Se merece este homenaje y tengo ganas de ver cuál será su siguiente reto, será divertido porque sé que tiene varios planes de futuro», comentó ‘His Airness’, el reflejo que siempre vio en el espejo el propio Kobe.

«Quiero daros las gracias a todos por el apoyo que he recibido estos días y durante mi carrera. He sido muy afortunado de poder disfrutar del juego que amo durante más de la mitad de mi vida», compartió Bryant con la voz entrecortada antes de empezar el ‘show’ que acabó con un triunfo más en su hoja de servicio, lo que en el fondo ha impulsado su leyenda y lo que sellará su puesto en el edén del baloncesto mundial.

Una vez más, la NBA le dio las gracias. Y nosotros también lo hacemos.

Resultado, MVP y boxscore completo:

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Fiebre renovada por el sábado noche

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El título de campeón del concurso de mates del All Star 2016 fue para Zach LaVine (Minnesota Timberwolves), que repitió galardón tras  irrumpir como el mejor matador que se recuerda desde Vince Carter en Nueva York el curso pasado. En un concurso brillante, de los mejores de toda la historia, Aaron Gordon (Orlando Magic) puso los mejores vuelos y mayor creatividad que el resto de participantes, siendo un digno rival de LaVine e incluso el favorito de los aficionados al término de la noche. En la final contra el jugador de los Timberwolves, un extraterrestre de saltos suaves y plásticos, se necesitaron cuatro mates para decidir el ganador y, lo mejor, la gente se quedó con ganas de más espectáculo.

Improvisando venció LaVine, pero antes Gordon se ganó al público con tres mates jamás vistos con la ayuda de Stuff, la mascota de los Magic. Usando un ‘hooverboard’ (una especie de monocíclo eléctrico), el nuevo juguete de moda entre adolescentes; o pasándose el balón en posición de yoga bajo las piernas, el que fue sin duda el mejor vuelo de una noche del sábado en Toronto, fue el gran protagonista de la noche en un concurso que funcionó mucho mejor que en las pasadas ediciones gracias a varios cambios de guión.

Para empezar, la introducción de pívots en el concurso de habilidades permitió que Karl Anthony-Towns  (Minnesota Timberwolves) diera la sorpresa y se llevara la primera competición de la noche por delante de un base puro como Isaiah Thomas (Boston Celtics). Los Wolves, por cierto, completaron el pleno al ganar con LaVine el MVP del Rising Stars el viernes y llevarse todas las competiciones dónde tenían representación.

En el concurso de triples venció Klay Thompson, el ‘Splash Brother’ secundario, por delante del favorito, su compañero y MVP de la liga Stephen Curry. La conclusión, en todo caso, es que los Warriors tienen a la mejor pareja anotadora de la actual NBA, incluso para los eventos más festivos. Kevin Hart y Draymond Green protagonizaron la anécdota divertida de la velada, cuando el primero retó al segundo a un improvisado concurso de triples que el cómico estadounidense logró empatar sobre la bocina a la estrella de los Warriors.

Sin duda, hacía tiempo que el sábado no deparaba tantas sorpresas, y, en esencia, hacia tiempo que la afición no vibraba con una final de concurso de mates que recordó el duelo entre Michael Jordan y Dominique Wilkins en 1988, el hasta ahora considerado mejor evento de la historia.

Fotos: EFE / NBAE