Una anomalía llamada James Harden

[vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548101164009{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]Es complicado catalogar a James Harden, la estrella que más brilla últimamente en la NBA. Él se define a sí mismo como un tipo raro, alguien unnormal, en un inglés mal hablado que usa también a propósito. La anomalía de la barba más célebre de la liga está alcanzado cotas cósmicas: lleva 19 partidos consecutivos por encima de los 30 puntos, el único jugador capaz de trenzar esta racha que no se apellida Chamberlain.

Vamos a ir rápido con los números. Su actual racha empezó el pasado 13 de diciembre con una exhibición de 50 puntos ante los Lakers. Exactamente un mes después, Harden daba la vuelta al mundo a golpe de titulares de prensa: 57 puntos que se comieron los Grizzlies. Los medios, exaltados, tuvieron que tirar de mucha elocuencia cuando, tan dos días después, The Beard se superaba a sí mismo con 58 tantos ante los Nets. Ese día, Harden empataba a Elgin Baylor –y el siempre presente Wilt Chamberlain– con su racha de 30+. En su último partido hasta la fecha, el bueno de James no se quedó corto con otros 48 puntos en su casillero, también encajados por los Lakers. Vamos, una racha de récord y redonda.

Harden lidera, como es obvio tras hojear sus cifras, la anotación en la NBA. Son 35,7 puntos por partido que están al nivel de las versiones más letales de Kobe Bryant y Michael Jordan, únicos en registrar cifras similares en la era moderna del baloncesto estadounidense. La pregunta que se hace todo el mundo ahora es también evidente: ¿cuándo terminará su racha? Según analizan en SportsBettingDime, las probabilidades de que Harden mantenga su racha de más de 30 puntos por partido durante más de 22 partidos es del 56%. La conclusión es que los números dicen que Harden no terminará de reventar el casillero ni hoy ni pasado mañana.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-155591″ isotope_mode=»packery» medias=»74788″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ single_text_reduced=»yes» lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3MjYxX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxNl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3ODk2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OTRfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548101105330{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

¿De qué rincón de la galaxia viene la Barba?

Olvidemos ya los números, que todos conocemos y podemos consultar a diario, y miremos hacia el pasado. ¿Quién demonios es James Harden? Nacido en Compton en 1989, su madre le apodó Lucky (afortunado) porque entre él y su hermana mayor había sufrido varios abortos naturales. Cuando James se consolidó en las entrañas de su madre, la familia albergaba pocas esperanzas.

James nació en un entorno complicado. Compton, un suburbio situado al sur de Los Ángeles, era uno de los lugares con mayor criminalidad en Estados Unidos en los noventa. Su madre y hermana aún recuerdan los constantes tiroteos. De su padre pocas memorias quedan, y la Barba jamás supo nada. La madre de Harden es una de las más implicadas en la asociación Mother’s of Professional Basketball Players, retratada a la perfección en el capítulo 55 del podcast El Reverso. Para él, su madre es un elemento clave del éxito. Ella le siguió a todas partes.

“Hay mucha gente que no tiene suficiente fuerza mental. Y allí la gente acaba en la cárcel o ya no está aquí entre nosotros”, explica Harden sobre la barriada de su infancia. Su madre usó el deporte para esquivar los peores augurios y alejar a sus tres hijos de las bandas. “Jugaba a baloncesto hasta la 1 o las 2 de la madrugada, era mi trabajo”, recuerda el 13 de los Houston Rockets en un documental de ESPN. El joven Harden pasaba de las chicas –le tiró un balón a la cara a una como respuesta a sus flirteos– y solo se dedicaba a la canasta.

A pesar de todas esas horas en la cancha, Harden tenía varios escollos por delante. El primero era su condición de asmático, y en el instituto recuerdan que se ahogaba con cierta frecuencia. Otras cosa que recuerdan: no levantaba ni una pesa y comía bloques de queso enteros en una merienda. “La verdad es que podía hacer poca cosa. Era lento, muy lento”.

Un rara avis del baloncesto, sus compañeros se fijaron que James empezaba a emular a un argentino de moda en la NBA, un tal Manu Ginóbili. El euro-step entró en la vida de Harden pronto, y poco a poco le fue convirtiendo en lo que es ahora, un regateador sin parangón en la liga. Una vez graduado, las mejores universidades del país se fijaron en su talento. Él, fiel a sus rarezas, eligió seguir a su entrenador de instituto a Arizona State, una universidad promedio, y seguir marcando su ritmo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-155591″ isotope_mode=»packery» medias=»74789″ gutter_size=»3″ media_items=»media|lightbox|original,icon,caption» screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»11″ single_padding=»2″ single_text_reduced=»yes» lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3MjYxX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxNl9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjEyIn0sIjU3ODk2X2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9LCI1Nzg5NV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjQifSwiNTc4OTRfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI0In19″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548099209559{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Un sexto hombre en la penumbra

El Harden universitario empezó a salir en los titulares. También empezó a dejarse la barba porque le hacía parecer más adulto. En las fotos de esa época se le ve algo gordete, un problema que no trasladó al profesionalismo. Con Oklahoma City Thunder, James tuvo que armarse de paciencia. Lo hizo tan bien que se convirtió en el mejor sexto hombre de la liga, una receta que propulsó al trío formado junto a Kevin Durant y Russell Westbrook a las Finales de la NBA de 2012. Perdieron.

Harden todavía piensa en esa época en Oklahoma. “¿Qué hubiera pasado si…?”, se pregunta por dentro. Cuando fue traspasado, cuando su relación con los Thunder se rompió de repente, la Barba pensaba que estaba condenado al papel de sexto hombre para siempre. A pesar de ello, vivió la separación como un divorcio. “Estábamos tramando algo grande, íbamos a por varios campeonatos consecutivos”, asegura. Lo que ocurrió es que el 13 no aceptó una propuesta renovación que le dieron a última hora, y Sam Presti, GM de OKC, lo traspasó en una operación relámpago a los Rockets.

De la noche a la mañana, el sexto mejor hombre del año pasó de la penumbra al centro del escenario. En su primer partido con su nuevo equipo cayeron 37 puntos, y en el segundo 45. “Esos dos encuentros me dieron la confianza necesaria. Vi que esto podía ser bueno”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74790″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548101230378{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

¡Houston, Houston, ha nacido una estrella!

Desde su llegada a los Rockets, Harden ha ido progresando exponencialmente. Con Mike D’Antoni, que le ha situado en la posición de uno, la Barba ha capitalizado al máximo sus habilidades. “Cuando intentan cambiar las reglas, o poner nuevas de por medio, por culpa de una persona quiere decir que estás muy por delante de la competencia”, opina su entrenador sobre una de las especialidades de Harden: sacar faltas de la absoluta nada. Para el 13, su estilo solo “intenta crear una ventaja”, los oponentes y detractores definen esas faltas como pura basura.

Harden universalizó su icónica Barba a base de exhibiciones anotadoras y una capacidad incesante de mejora. No ha habido año que no haya subido sus cifras del curso anterior. Anotador puro y duro, no se queda corto a la hora de repartir juego: 8,5 asistencias este año. El juego le ha propulsado, pero lo que ha encumbrado al Harden estelar es su estilo fuera de la cancha.

Posado serio, ropa estrafalaria, su tremenda barba. Todo conjuga para que el tipo sea un peso pesado. Su carácter, abierto a cualquier cosa, también le ha convertido en uno de los jugadores más deseados por las marcas. Si algo tiene Harden es que no deja a nadie indiferente. “Me entra comida en esta mierda todo el rato”, se mofa de su valor más preciado, la barba. La máquina de anotar es, también, una máquina de vender.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74791″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548099503766{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

El acento en el liderazgo

Harden recibió muchas críticas en su primera etapa con los Rockets, la que compartió con Kevin McHale de entrenador. Fue su antiguo preparador quién disparó más duro contra su expupilo: “James puede ver todos los pases, hacerlo todo, pero no es un líder”. Esas palabras llegaron al inicio de la temporada pasada, y los resultados de la misma le acabaron dando la razón a la Barba.

Houston estuvo más cerca que nunca de doblegar la dinastía de los Golden State Warriors, amos y señores del salvaje Oeste NBA. Con un 3-2 a favor en las Finales de Conferencia, una lesión de Chris Paul cortó la dinámica colectiva de los Rockets y dejó a Harden demasiado al descubierto. El superequipo liderado por Curry, Durant, Thompson y Green aprovechó esa debilidad y avanzó sin volver a mirar atrás hacia su segundo campeonato seguido. Era lo esperado, pero fue el baloncesto único de Harden quien puso en jaque la fórmula ganadora de los de la bahía.

Este año, los Rockets añadieron a Carmelo Anthony a su receta, que salió rana. Rectificaron a tiempo y descartaron a la estrella de sus planes. Desde entonces, y con varias lesiones de compañeros de por medio –Chris Paul, Clint Capela y Eric Gordon se han perdido muchos partidos este año–, James Harden ha enderezado él solito el rumbo de su franquicia.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74792″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiIxMiJ9LCI3MzM4Ml9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjUifX0=»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_use_pixel=»yes» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″ column_width_pixel=»875″][vc_column_text css=».vc_custom_1548099818211{margin-top: 0px !important;margin-right: 0px !important;margin-bottom: 0px !important;margin-left: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;padding-left: 0px !important;}»]

Individualista, ¿y qué?

Para muchos, el baloncesto de Harden es tremendamente individualista, prácticamente onanista. Una exaltación egoísta que casa poco con los últimos tiempos que han visto con mejores ojos los valores colectivos, léase los Warriors o los Spurs, y hoy en día también los Celtics o los Raptors. Pero esta visión que pretende marginar a Harden se olvida de la otra cara de la moneda. En estas fiestas corales del pasado reciente siempre hubo una antítesis llamada LeBron James, otra fuerza descomunal que por sí sola derribó a cualquier competencia en el Este durante ocho temporadas consecutivas.

Comprado con el Rey, lo de la Barba parece una anécdota. Sí, su dominio del juego ofensivo es absurdo, y se carga a los rivales hagan lo que hagan. Si se le tiran demasiado encima, fuerza la falta; si le dejan respirar, les acribilla desde cualquier distancia; si le vigilan de cerca, se desvanece con un par de quiebros y anota la bandeja fácil.

Otra línea de ataque contra el actual MVP de la NBA es la defensa. Harden no es un gran defensor, ni tampoco ha pretendido serlo nunca. Eso sí, sus críticos parecen tener memoria selectiva, ya que esa crítica no es común escucharla sobre otro referente del baloncesto del siglo XXI. ¿Qué tal defiende Stephen Curry? ¿No?

Lo de James Harden es un espectáculo de un hombre contra el mundo, un tipo que siempre ha seguido caminos poco frecuentados pero que, a punto de entrar en sus 30, ha encontrado las puertas del Olimpo. La Barba es una anomalía, y como cualquier anomalía en esto del baloncesto, deberíamos aprender a valorarla y disfrutarla al máximo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»color-vyce» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fguillealvarez41||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Sigue al autor en Twitter[/vc_button][/vc_column][vc_column column_width_percent=»100″ align_horizontal=»align_center» overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/2″][vc_button button_color=»accent» radius=»btn-round» border_width=»0″ display=»inline» link=»url:http%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fnbaesp||target:%20_blank|» icon=»fa fa-twitter» rel=»center»]Siguenos en nuestras redes[/vc_button][/vc_column][/vc_row][vc_row unlock_row_content=»yes» row_height_percent=»0″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»3″ shift_y=»0″][vc_column column_width_percent=»100″ overlay_alpha=»50″ gutter_size=»0″ medium_width=»0″ mobile_width=»0″ shift_x=»0″ shift_y=»0″ z_index=»0″ width=»1/1″][vc_gallery el_id=»gallery-159387″ medias=»74794″ gutter_size=»3″ screen_lg=»1000″ screen_md=»600″ screen_sm=»480″ single_width=»12″ single_overlay_opacity=»10″ single_padding=»2″ lbox_caption=»yes» lbox_social=»yes» items=»eyI1NzI1MF9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNTcyNDhfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI2In0sIjU3ODIwX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNiJ9LCI1NzgxOV9pIjp7InNpbmdsZV93aWR0aCI6IjYifSwiNzMzODZfaSI6eyJzaW5nbGVfd2lkdGgiOiI4In0sIjczMzgyX2kiOnsic2luZ2xlX3dpZHRoIjoiNCJ9fQ==»][/vc_column][/vc_row]

No se podía saber

Este año ha sido un año raro. Para mí, que lancé este blog —que pasó a web y ahora, de nuevo, a blog— hace siete años con unos colegas, mirar la NBA era parte de mi rutina diaria. Este año no ha sido así, y de hecho debo reconocer que no he visto (casi) ningún encuentro hasta llegar al punto en que nos encontramos ahora, las Finales NBA 2017.

La cosa es que el trabajo —el de verdad, vaya— me ha absorbido por completo en horarios de mañana, y levantarse a las siete a diario es bastante incompatible con la vida sonámbula de los Daimiel y compañía. Sí, he tenido que renunciar a las noches de desvelo y baloncesto. Una pena y, sin embargo, una decisión tan racional que incluso la competición me ha dado parte de razón. Me explico.

Cien jornadas de previsibilidad

Las Finales NBA van a disputarlas, una vez más, los Cleveland Cavaliers y los Golden State Warriors. Por tercer año consecutivo, algo inédito en la historia. Yo ya lo sabía cuando decidí apagar la tele de madrugada. Evidentemente, en el camino me he perdido 82 jornadas repletas de buen y mal baloncesto, porque hay que reconocer que en condiciones normales tragarse la temporada regular al completo es infumable. Demasiado larga, bastante previsible e, indudablemente, lo suficientemente extensa para que hasta los mejores equipos hagan partidos de mierda.

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No se podía saber… que dirían en esta cuenta de Twitter cargada de ironía (se os pasó lo de las Finales NBA, chicos) y algo de mala leche. Pues sí, todos sabíamos que iban a ser los de LeBron y Stephen los que se plantarían en la final. Lo más insultante, quizás, es que lo hayan hecho con respectivos récords en Playoffs de 12-1 y 12-0 en el caso de los de la bahía, otro registro inédito a estas alturas de temporada. Si los Celtics no hubieran rascado ese partido en las finales de conferencia, los dos finalistas se hubieran plantado invictos en la gran cita del año. ¿Para constatar esa superioridad son necesarios 94 (82+12) partidos? NO.

Que los Cavs y los Warriors no tengan competidores de verdad por tercer año consecutivo dice poco de la liga de las mil y una maravillas y que se vende como el espejo donde se mira el resto del mundo. A este ritmo, si repiten una vez más se pondrán a la altura del domino —roto este año— de Barcelona y Madrid en la ACB, por poner un ejemplo. Y si la ACB está en un pozo muy profundo, también es en parte por lo deportivo, no lo olvidemos. Que la NBA sea TAN previsible es una mala noticia. Sin haber visto nada, prácticamente parto con el mismo ojo crítico para analizar estas Finales. Y atención, porque además podré disfrutarlas igual que el año pasado, eso no lo puedo discutir.

Ciertamente, por muy pobre que sea el balance de la competición, la rivalidad y lo que nos espera en los (potencialmente) próximos siete partidos puede compensar ese centenar de jornadas de letargo. Sí, el choque de trenes entre los Cavs y los Warriors promete ser de proporciones épicas, y más si le añadimos la inclusión de un superclase como Kevin Durant en las filas de los de Oakland. [+ Finales NBA 2017]

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Pero eso no quita lo otro, y es que la NBA 2016-2017 ha sido poca cosa, un paseo con buenos y malos momentos que nos ha llevado a lo inevitable, a otra final entre los tiranos de la actual era, la del boom de los contratos televisivos y la construcción de (dos) megaequipos. El resto lo intenta, pero los fuera de serie se han concentrado en el Estado del Castaño y la bahía.

 

Y LeBron, bueno, no hace más que constatar otra cosa con su séptima final consecutiva. Ya nadie duda de que es un extraterrestre, y quién sabe si podrá situarse en la pesada discusión/comparación con Michael Jordan —que se podrá atacar mejor una vez acabada su carrera—. Pero LeBron es más que eso, es la constatación de que en el Este un solo tío ha sido capaz de pisotear a cualquier intento de equipo que se cruzara de por medio casi él solito. Solo los miembros de los Celtics de Bill Russell, en el blanco y negro de los cincuenta, pudieron alcanzar esas siete finales consecutivas de James. Y vaya, no sé, eso dice poco de la conferencia Este, por muy único y especial que sea el astro de Ohio.

El hecho de qué los Warriors no hayan perdido ni un partido —ya, la lesión de Kawhi no ha ayudado— habla por sí solo de cómo están las cosas en el Oeste, del que siempre tendíamos a valorar su mayor competitividad y competencia respecto a sus colegas del Este. Pues ni eso, oye.

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Y ojo, que las dinastías son cosa del pasado y del futuro y no las disputo. El presente está claro de quién es, pero una cosa son los hechos y otra muy distinta las formas. Los Lakers y los Celtics se comieron los ochenta, y en los noventa el extraterrestre Jordan llevó a los Bulls a seis finales. Los Spurs y los Lakers empezaron igual de fuerte el nuevo milenio y ahora son los Cavs y los Warriors quienes se reparten el pastel. Hasta aquí, nada nuevo.

El problema es cuando desde agosto, desde la pretemporada, todos sabíamos quienes iban a ser los dos equipos que estarían hoy aquí, en el gran escenario del baloncesto estadounidense —y por ende, mundial—. ¿Y la emoción? ¿ Y la incertidumbre? Lo más sangrante es que tanto Cleveland y Golden State se han zampado a sus rivales de un bocado y no han dejado ni las migas. Hay quien dice que las Finales lo van a compensar todo, pero eso no es cierto. La emoción ya nos la han quitado durante casi siete meses, y eso no lo solucionan dos equipos en siete* partidos.

Quizás no soy el más indicado para decir esto, porque no he visto demasiado baloncesto este año, pero igualmente es lo que siento tras llevar más de siete años escribiendo sobre esto. Es una putada, pero es bien cierta.

Ahora, a pesar de tener muy claro lo que hay, me toca gozar de lo que nos queda. Soy de los que pienso que a pesar de todo, el duelo será tremendo, y este es mi mayor consuelo.

*De hecho, seis partidos ya me sabrán a poco tras tanto letargo.

 

Stephen Curry es algo precioso para el baloncesto

«Desde pequeño estoy acostumbrado a ver a bases corpulentos dominar el juego: Magic Johnson, Michael Jordan, Grant Hill, Penny Hardaway, Kobe Bryant, LeBron James… Un día estaba con Steph y le estaba midiendo, ¡y él es tan solo un pequeño y precioso bebé!«. Así intentó definir el asombro que le provoca a diario Stephen Curry el grandullón Shaquille O’Neal.

El resto de la NBA, a su vez, estará descifrando como parar al prodigioso timonel de los Golden State Warriors, que con su enésima exhibición, traducida en 46 puntos (8-13 en triples), 5 rebotes y 4 asistencias, lideró la décima victoria de los suyos ante los Minnesota Timberwolves (129-116).

Stephen-Curry-10Con el triunfo, los vigentes campeones superaron el mejor registro de inicio de la franquicia, superando a los Philadelphia Warriors de 1960, un equipo que contaba con la leyenda de mayor altura, Wilt Chamberlain. El 10-0 es, además, otro punto de comparación para este equipo con los históricos Chicago Bulls de la campaña 1995-1996. Michael Jordan empezó ese curso, el que acabó con un récord de 72-10, con un excelente rendimiento, pero al décimo encuentro ya inscribió su primera derrota en el casillero.

Curry no es Jordan, y nadie lo será… aunque todo el mundo está empeñado estos días en sujetar esta comparación. Es válida, sobre todo sí se comprende como una manera de encuadrar lo que nos parece de otro planeta, unos números delirantes para un hombre con rostro de adolescente, sonrisa simpática y ejecución asesina. El base suma en este arranque 333 puntos totales en 343 minutos de juego, casi uno por minuto en cancha. Ha enchufado 109 de sus 205 tiros de dos y 52 de sus 110 tiros desde la línea de tres.

Ayer decíamos que su rendimiento era jordanesco, pero quizás va más allá de eso.

Las comparaciones pueden resultar odiosas. En realidad, Curry está logrando algo más difícil, inscribir su nombre en la lista de jugadores incomparables, ir más allá de los límites establecidos por la mente del espectador y, con o sin estadísticas en la mano, obligarle a rendirse a su talento inagotable. Lo del año pasado fue de escándalo y, ahora, nada más empezar, el de Akron está probando que todavía tiene margen de mejora. Los rivales tiemblan y a la par le elogian.

«Igual que Michel Jordan fue totalmente otra cosa, este tipo es su propia cosa«, comentó Kevin Garnett después de presenciar desde la primera fila el recital. «Es algo precioso para el baloncesto».

Hay más, nunca hay suficiente para medir lo que está logrando, pero los estadounidenses son muy buenos en recopilar cifras para abrir los ojos como platos. Por ejemplo, el año pasado Russell Westbrook lideró la liga regular con cuatro períodos de 20 o más puntos. En todo el curso. Con 10 de los 82 partidos completados, Steph suma ya esa misma cifra. Y otra, el tipo lleva cinco encuentro sumando más de 30 puntos antes de llegar al último cuarto. Nadie se le asoma y va a ritmo de enchufar 426 triples a final de temporada regular, superándose, como no, a sí mismo.

«He trabajado mucho en pretemporada en el poco tiempo que hemos tenido, y eso te lleva a tener mucha más confianza en la pista. Te preparas para la temporadas y te sientes mejor jugador que el curso pasado», aseguró el hombre del momento en la NBA tras el partido.

Preguntado por el récord absoluto de 15-0 (Houston Rockets 93-94, Washington Capitols 49-50), que ya está a tiro para los Warriors, Curry confirmó que la mayor arma de su equipo es el tener la cabeza bien amueblada: «Somos muy maduros a la hora de quedarnos en el momento y esa es nuestra mayor fortaleza».

Entre las toneladas de estadísticas, solo con ver un par de jugadas se da uno cuenta de lo que tiene ante sus ojos. Todo lo que toca es oro, y Curry seguirá dando espectáculo para rato. Solo nos queda disfrutar y pellizcarnos para asegurarnos de que no, no estamos soñando.

Más NBA: Utah Jazz 91-92 Miami Heat; Los Angeles Clippers 104-118 Phoenix Suns

Récord sin validez para Doc Rivers

Récord sin validez para Doc Rivers al quedar eliminado ante Houston Rockets
Foto: fansided.com

La eliminación tras siete partidos ante Houston Rockets dejó para recuerdo un récord sin validez para Doc Rivers, el entrenador de Los Angeles Clippers. Y es que Rivers alcanzó ayer domingo un séptimo partido de Playoff en la NBA por duodécima vez en su carrera, aunque fue infructuoso, a pesar de que su equipo partía de un 3-1 a favor en la serie, y vieron cómo los texanos le remontaron.

Además, a nivel personal, supone la segunda vez que Rivers desaprovecha una ventaja de 3-1 en eliminatorias, algo que deberá replantear el escenario de los Clippers para la próxima temporada. Es necesario que se hagan varios ajustes tanto en el plano deportivo, bien con remodelación de plantilla, bien recalibrando el poder en la directiva.

Hay quien se cuestiona si Rivers, con sobrada y demostrada experiencia en los banquillos, puede compaginar esta labor con funciones de General Manager. Si bien tuvo lo que hay que tener para hacer que los jugadores no se vinieran abajo tras el escándalo protagonizado por el ex-propietario Donald Sterling, a la hora de fichar y traspasar jugadores no ha realizado bien del todo sus tareas. El caso más sangrante es el del pívot Spencer Hawes, contratado a razón de 23 millones de dólares durante cuatro temporadas, y que en todos los Playoff sólo fue capaz de promediar 3,3 puntos y 1,6 rebotes por partido. Además, el banquillo de los Clippers se ha quedado corto y no han podido firmar jugadores de calidad para la rotación, algo a mejorar este próximo verano.

LeBron James supera a Mark Price como máximo asistente

LeBron James supera a Mark Price como máximo asistente en la historia de los Cavaliers
Foto: photobucket.com

LeBron James ya era historia en los Cavs, y desde hoy tendrá de nuevo un sitio más en la misma. James supera a Mark Price como máximo asistente con la camiseta de los Cavaliers, grabando una vez más su nombre en los libros de la franquicia al haber establecido la nueva marca en 4207 asistencias.

James, con 12 años de carrera en la NBA, estableció la marca tras un pase a James Jones, que se convirtió en un tiro de tres puntos a falta de 10:14 por jugar en el segundo cuarto del partido que ganaron los Cavaliers por 127-94 frente a Dallas Mavericks.

El sábado pasado, en el triunfo de los Cavs ante Phoenix Suns, LeBron igualó a Price, e hizo la broma de que no daría más pases en toda su carrera para no ser el mejor. No tardó mucho tiempo en dejar atrás a Price y seguir siendo uno de los mejores jugadores de la NBA.

«No voy a dar más pases durante toda la temporada», fue lo que declaró James. «Quiero estar al nivel de Mark Price. Estar junto a la leyenda. No voy a pasar el balón otra vez».

All Star 2015: Salto fraternal e histórico de los Gasol

Los hermanos Gasol, Pau y Marc, fueron los protagonistas de la madrugada de las estrellas de la NBA. Su salto inicial, un hito histórico difícilmente repetible, ocupó el centro de atención de los minutos iniciales de la transmisión de la mayoría de medios de comunicación desplazados a la gran cita del baloncesto estadounidense. El All Star Game fue cosa de dos más uno, de dos hermanos que representan mucho más que la excelencia en el deporte y, posteriormente, de un huracán llamado Russell Westbrook. La humildad y trabajo de los Gasol les colocaron en el centro del universo, en el la meca del parquet, el Madison Square Garden de Nueva York. El All Star les rindió tributo a los Gasol en un partido de récords. El Oeste ganó por 163-158 en un choque sin defensas, con récord absoluto de anotación combinada (321) y de triples (48). También se lanzaron más que nunca, 133. La noche acabó con la coronación de Russell Westbrook, autor de 41 puntos, como MVP. Se quedó a un tanto de igualar la mejor anotación en un All Star, cosechada por el mítico Wilt Chamberlain.

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Pau y Marc Gasol luchan por el primer balón del All Star Game 2015, en un salto fraternal para la historia. / NBA Archive
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Russell Westbrook voló más que nadie en NY. / NBA

El abrazo fue lo que más se vio de ambos antes, durante y después del partido. La felicidad fraternal dejó paso a la pachanga, que arrancó con LeBron James muy enchufado y James Harden presentando oposiciones al MVP con 15 puntos. Pero, más intenso que el resto, surgió del banquillo Russell Westbrook. El base de los Oklahoma City Thunder partió las aspiraciones de Harden como un rayo. Fue fulminante, con 27 puntos –nuevo récord anotador en una primera mitad– en 11 minutos y en una serie de 11 de 15 en tiros de campo. James llegó al descanso, para dejar paso al show sin excesos de la frágil Ariana Grande –la comparamos con Nicky Minaj, que colaboró con ella–, con 22 tantos. La jugada más curiosa fue el mate de alley-oop de Dirk Nowitzki a pase de Steph Curry, que deleitó con su magia a la afición. El alemán apuró el salto y se rió imitando a Vince Carter en su celebración del mítico concurso de mates del año 2000. [Estadísticas y vídeo-resumen]

El partido fue entretenido gracias al magnífico desarrollo ofensivo, permitido por las flojas defensas y el acierto de ambos combinados, de un perfil de tiro excelente. Los 41 de Westbrook fueron insuperables, aunque James Harden se quedó cerca con una apuesta menos egoísta: 29 puntos, 8 rebotes y 8 asistencias. En el Este destacaron por encima del resto LeBron James, con 30 puntos, 5 rebotes y 7 asistencias, y John Wall, que finalizó con 19 tantos y 7 asistencias. Kyle Korver destacó con 21 puntos en una serie de 7-12 en triples. Los hermanos Gasol estuvieron 25 minutos en pista. Pau terminó con un doble-doble, 10 puntos, 12 rebotes y 2 asistencias mientras que Marc colaboró con 6 puntos, 10 rebotes, 2 asistencias y 2 robos de balón a la victoria de los suyos. Fue una madrugada de las estrellas como cualquier otra, pero dos hermanos la convirtieron en un recorte único para añadir al álbum de los mejores recuerdos de la historia del All Star, aquí y en Estados Unidos.